"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.
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sábado, 21 de noviembre de 2009

El Acontecimiento

La conversión de San Pablo. Caravaggio.
El Acontecimiento princeps es "algo que se da antes", como "pasitos de paloma", pero que si uno se deja provocar tiene la potencia de esta imagen, de este momento que marca un antes y un después en Pablo... "en la experiencia de un gran Amor todo se vuelve acontecimiento, en su propio ámbito", decía Romano Guardini.


Departamento de Filosofía

Electivo «Marx, Nietzsche, Freud: Una hermenéutica de la sospecha»

Profesor: Lenin P...

Viernes 17 de octubre 2009

LA SOLEDAD DEL SER O LA APERTURA A LO OTRO[1]

Protocolo congreso de Filosofía 2009:

Sobre: Ipseidad y hospitalidad en Paul Ricoeur. Camino de la no-correspondencia.

Presentada por Patricio Mena M.

Por Valeska C.


Esta ponencia de Patricio Mena sobre Paul Ricoeur se proponía un trabajo bastante ambicioso, aunque primeramente propositivo a los oyentes, puesto que Ricoeur mismo deja bastantes espacios vacíos, mejor dicho, “misteriosamente vacíos” en su obra, también proponiéndola siempre como camino por recorrer más que como una respuesta sobrepuesta.

Para empezar, tenemos que ir a la base de algunos conceptos y afirmaciones, desde los cuales se iría desarrollando toda su filosofía. La rama principal es la identidad como ipseidad, que es un quiebre o exigencia del carácter abstracto del yo-ético, es la ruptura de una certeza de camino. Es la ruptura de ese fundamento epistemológico. Aquí entra en diálogo, o mejor dicho, conflicto con Descartes, dirá “Yo soy ¿pero quién soy yo?” a lo que responderá “Soy un enigma para mí mismo. De mí a mí estoy atravesado por Otro.” Entonces surge la pregunta ¿a qué se refiere con “Otro”? ¿de qué otro podría estar atravesado para llegar a ser yo mismo? Hasta el final provocará afirmando este “Sí mismo como otro”.

Respuestas inmediatas no encontramos, debemos reconocer los distintos momentos para descubrir esa “identidad como ipseidad”. Esos momentos son:

1- La atestación: como estructuras de pasividad, que no es lo contrario de la actividad, sino la nutriente. [Recibimos desde la Fuente. O bien, somos como el vidrio de una ventana, la Luz no viene de nosotros, pero somos traspasados por ello]. Es aquí donde guarda la pregunta por ese Otro del que se está atravesado.

2- La memoria.

3- El testimonio, que es lo que Ricoeur llamará “acontecimiento”.

Partiendo desde nuestro contexto, en que vemos que la cuestión de la Verdad está en crisis, Ricoeur ve que ésta necesariamente tiene que ser replanteada. Reconoce que hay ciertas condicionantes que llevan al relativismo (“No existe criterio que no nos hayamos inventado nosotros”, “Obediencia a nuestras convicciones”). Así es como se anuncia el olvido de la existencia misma. Se da cuenta del problema del fundamento ontológico de la moralidad. Si no se rehace la cuestión ontológica la moral recae en moralismo, o simples reglas –que es el problema que percibe en desde el cristianismo mismo-. En este sentido estaría de acuerdo con Levinas en que «El rostro está expuesto, amenazado, como invitándonos a un acto de violencia. Al mismo tiempo es lo que nos prohíbe matar (…) El rostro es significación, y significación sin contexto. Quiero decir que el otro, en la rectitud de su rostro, no es un personaje en un contexto. Por lo general somos un “personaje” (…) Aquí, por el contrario, el rostro es, en él solo, sentido. Tú eres tú. En este sentido, puede decirse que el rostro no es “visto”. Es lo que no puede convertirse en un contenido que vuestro pensamiento abarcaría; es lo incontenible, os llevará más allá»[2].

Ricoeur reclama repensar la ipseidad, para descubrir también la alteridad, la irreductibilidad de la alteridad. Y habla de esta pasividad, como donación del mundo que reclama acoger el sentido como una herida que reclama la paciencia de la ipseidad. En este sentido el ipse es a la vez que desición, respuesta. La paciencia nos abre a la dimensión posible, incluso en el sufrir, en el perseverar en su ser a pesar de lo padecido, esto es la hospitalidad: respuesta de un llamado que supera. Es respuesta y garantía hacia lo otro. Acogida del mundo, de los otros y de sí; revela la relación entre el ipse y la necesidad. Consentir lleva la marca de la anterioridad, revela mi situación dada y mi compromiso en el ser. Vela su fatiga. Es constancia de sí, siempre al riesgo de su desfallecimiento. Es el consentimiento como paciencia que, al mismo tiempo, se topa con su límite. De igual modo se ve un sujeto que persiste[3].

Lo que ve Ricoeur es que la hegemonía de lo efímero parece ser la última palabra válida. Por ello sólo otra realidad, que sea inherente a lo efímero puede atraer hacia el fundamento y hacerlo reconocible. Reconocimiento del acontecimiento y no una teoría. Lo que hemos perdido, reconoce, es el sentido y el principio de la realidad. Sólo nos queda la afirmación originaria del ser como existir, pero ¿Por qué, cómo es que llegó a ser esta cosa aunque efímera? Algo no es importante porque uno lo decida, es tal precisamente porque se basa en razones que no dependen de uno determinarlo. No podemos suprimir o negar los horizontes con los que las cosas adquieren significación. Privamos a las elecciones de su significación. La significación no es algo que el yo determine. La libre elección trivializa lo que pretende exaltar. Cerrarse a las exigencias supone suprimir la significación y cortejar la trivialización. Los horizontes, dirá, nos son dados.

Es aquí donde reaparece el testimonio, que es un acontecimiento que retroactivamente se nos va presentando, como los “pasitos de paloma”, siempre propositivos, nunca violentamente, a pesar de ello es una inconmensurabilidad que se nos escapa totalmente. Es como una cientificidad de lo imprevisible: “el imprevisto es la única esperanza”. El acontecimiento se nos presenta siempre como misterio, como algo otro, inesperado (aunque esperado igual) e impredecible. Claude Romano podría ayudarnos a comprenderlo un poco más:

“¿Cómo explicar tal paradoja? En verdad, el acontecimiento no se reduce de ninguna forma a su actualización como hecho; desborda todo hecho y toda actualización por la carga de posibles que mantiene en reserva y en virtud de la cual lo que toca son los cimientos mismos del mundo para el existente. No realiza solamente un posible previo, pre-esbozado en el horizonte de nuestro mundo circundante; alcanza lo posible en su raíz y, por consiguiente, trastorna el mundo entero de aquel a quien sobreviene; no es tal o cual posible, es “la cara de lo posible”, “la cara del mundo” que aparece por él cambiada. O, para decirlo de otro modo, un acontecimiento no modifica solamente ciertas posibilidades en el interior de un horizonte mundano que permanecería, como tal, incambiado; al trastornar ciertos posibles, reconfigura, en realidad, lo posible en su totalidad. Proust lo dice admirablemente a propósito de la muerte de Albertina: lo que vacila con esta muerte, no son solamente todos estos posibles “vinculados a ella”, los proyectos, los gustos comunes, las costumbres, el arreglo de ciertos lugares, la naturaleza de algunos lugares, la naturaleza de algunos placeres; sino que son la sensibilidad misma de los seres y las cosas, la manera de relacionarse con vida social, con el arte, con la misma muerte los que aparecen en adelante bajo una luz diferente. “El mundo no ha sido creado de una vez para siempre para cada uno de nosotros”, escribe Proust; y concluye, “entonces mi vida fue totalmente cambiada.

Estremecer los cimientos del mundo alterando lo posible en su totalidad, instaurar un nuevo mundo para aquel a quien le adviene: tal es el tenor fenomenológico de todo real acontecimiento.”[4]

En este sentido el acontecimiento y la ipseidad se nos presentan siempre como problema, como algo no resuelto, como camino, como algo propuesto, que sin embargo llega a mover todo. El acontecimiento en algún momento hace krisis, de lo contrario no es acontecimiento, o no ha sido percibido. La propuesta de Ricoeur no es un sistema acabado, muy por el contrario, es absoluta verificación, conquista y reconquista.

Otro concepto importante es el signo; la naturaleza no es divina, es signo de lo divino. Se requiere volver a entender esa relación para el enriquecimiento de la experiencia histórica de la naturaleza. Lo que progresa de la historia instrumental, pero a nivel de la libertad nunca hay simplemente progreso, siempre se tiene que tomar una decisión –esta es otra palabra importante-.

La primera cuestión, entonces, no es dar reglas, sino darse cuenta de con quién se está tratando, desde mi ipse reconocer la alteridad. Hay como una primacía de la experiencia sobre el concepto. Sin la ontología la ética llega siempre demasiado tarde. Su soberanía es con ella, no a pesar de ella. Ya desde el testimonio se dirá que en el origen está el Logos, la realidad en su conjunto lleva dentro este lenguaje, por eso puede ser signo. Es una fuente de evidencia, su negación abre paso a la obviedad de la violencia. “Si mi vida parte como aquello que no depende de mí, continúa como aquello que sí depende de mí”.

La ipseidad es el descubrimiento de que “Soy yo mismo dado a mí mismo”. El ipse heredado me hace al recibirme, pero también en el consentimiento. Sin embargo es un comienzo que no se reduce al origen. Hay que asumirse como vacación de sí, como un movimiento de lo finito a lo infinito que hay en mí. En definitiva, a la vez de incomprensibles, somos paradoja, en tanto que necesidad de conquistarse como pasividad de lo donado, de lo recibido. Somos acogida de lo otro y del sí mismo.

Para terminar, yendo más allá de lo dicho en la mesa, aludiendo al título de mi protocolo, propongo releer a Octavio Paz, en su “Laberinto de la soledad”:

«La SOLEDAD, el sentirse y el saberse solo, desprendido del mundo y ajeno a sí mismo, separado de sí(…) Todos los hombres, en algún momento de su vida, se sienten solos; y más: todos los hombres están solos (…) La soledad es el fondo último de la condición humana. El hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro. Su naturaleza consiste en un aspirar a realizarse en otro. El hombre es nostalgia y búsqueda de comunión. Por eso cada vez que se siente a sí mismo se siente como carencia de otro, como soledad.

Uno con el mundo que lo rodea, el feto es vida pura y en bruto, fluir ignorante de sí. Al nacer, rompemos los lazos que nos unen a la vida ciega que vivimos en el vientre materno, en donde no hay pausa entre deseo y satisfacción. Nuestra sensación de vivir se expresa como separación y ruptura, desamparo, caída en un ámbito hostil y extraño. A medida que crecemos esa primitiva sensación se transforma en sentimiento de soledad. Y mas tarde, en conciencia: estamos condenados a vivir solos, pero también lo estamos a traspasar nuestra soledad y rehacer los lazos que en un pasado paradisíaco nos unían a la vida. Todos nuestros esfuerzos tienden a abolir la soledad. Así, sentirse solos posee un doble significado: por una parte consiste en tener conciencia de sí; por la otra, en un deseo de salir de sí. »[5]. Un deseo de ser sí mismo.

En el laberinto de la soledad se hace referencia a esta búsqueda de comunión, de encuentro del Otro que me atraviesa, pero al parecer desde el punto de vista de Paz –por lo menos refiriéndose al contexto de los mexicanos- sería imposible; ya desde el titulo de su libro podemos notar su idea principal: el laberinto es la vida misma, la soledad su única compañía. Él hace referencia a un origen que constantemente deseamos reconstruir, es que cuando estamos en el vientre de la madre no hace falta nada, en este “lugar” –que también remite a una “pertenencia”- tenemos todo lo que necesitamos, y el deseo aun no se revela como tal. El punto final al que tendemos es la muerte… a ver si se llega al edén. Ambos –origen y final- tendrían una conexión, ya que el hombre a lo largo de este “laberinto” querría reencontrarse con ese “algo” que una vez tuvo -o ese “algo” donde alguna vez habitó-, pero que en algún momento perdió –paradójicamente al “ser dado a luz”-. Por lo cual pareciera ser que la tarea de los padres tuviera que ser “consolarnos” por haber nacido.

Lo que se ha hecho siempre es matar al otro, y al sí mismo, su rostro desprotegido ha invitado siempre a hacerlo, se está jugando siempre el rol del “personaje” o la “máscara”, el sujeto de la ideología - «Todos nuestros gestos tienden a ocultar esa llaga, siempre fresca, siempre lista a encenderse y arder bajo el sol de la mirada ajena»[6]-. El rostro del otro – otro hombre, otra cultura- en la apertura es el reconocimiento de la herida, por eso el mexicano, según Paz, huye del compañero. ¿La ideología no será el intento de reconciliarnos con esta herida? ¿O más bien intento de tapar la herida? La ideología sería entonces la máscara del rostro, el olvido del ipse: éste sería el asesinato mismo. El rostro según Levina, el ipse según Ricoeur, es la herida, que en su incomprensibilidad invita a la violencia, como intento desesperado de captura. La ruptura sería un acceso, pero ruptura como serenidad y dejar ser, como apertura al misterio de lo otro, como abismo irrepresentable, irremplazable, como pasividad. Pero quedan unas preguntas más, en tal caso ¿Qué o quién produce la herida, ese constante reclamo a reconquistarse como sí mismo? ¿Por qué hay la herida, por qué la necesidad que somos? ¿Qué intenta ocultar la ideología y la enajenación? ¿por qué la urgencia de ocultar el rostro, el ipse?

Lo que nos queda son preguntas por profundizar. La soledad del ser se hace evidente, su apertura a lo otro cuestionable: «¿Acaso alguien nos ha prometido algo? Y, entonces, ¿por qué esperamos? »[7]



[1] Gran parte de las tesis que digo son en primer lugar de la presentación de Patricio Mena, pero también de unas clases del profesor de la Universidad de Santa fe, don Aníbal Fornari; como de otras lecturas y reflexiones propias.

[2] Levinas, Emmanuel. Ética e infinito. Edición la bolsa de la medusa. p.72

[3] Recomiendo, al igual que cuando se estudia a Levinas, leer o releer algunos pasajes de Dostoiesvki, principalmente mirando los movimientos de sus “humillados y ofendidos”. Cómo es que estos vuelven a ponerse en pie, no a pasar de ese padecimiento, sino más exaltados desde, a través de ese padecimiento. Por lo demás cabe destacar que siempre son los humillados y ofendidos los que rescatan a los demás, no se ejerce una suerte de ayuda desde un superior a un pobre, sino que desde la ipseidad ambos se descubren pobres, la gloria de la ipseidad, se podría decir, es la corresponsabilidad, desde el testimonio, hasta la experiencia.

[4] Claude Romano. Lo posible y el acontecimiento. P43.

[5] Paz, Octavio. Laberinto de la soledad. Fondo de cultura económica, México. p.211

[6] Op. cit.

[7] Pavese, Cesare. El oficio de vivir. Seix barral, Barcelona 1992, p.290


martes, 10 de noviembre de 2009

Trabajamos con lo Ilimitado

"La crisis de enseñanza denuncia, anuncia una crisis de vida

(...)

Cuando una sociedad no puede enseñar es poque tiene miedo de enseñarse a sí misma, es porque no se ama, no se estima". Charles Péguy

Para empezar quisiera –más bien, se me hace absolutamente necesario- hacer un recorrido por las concepciones de la educación -y del hombre- que plantea el paradigma constructivista, más concretamente revisaré la postura de Jean Piaget y la de Lev S. Vigotsky; pero esto de manera crítica, por lo tanto quisiera apuntar también a lo que a mi parecer podría ser una educación integral, esto desde ciertas lecturas y lo que la experiencia me dicta.

El constructivismo surge alrededor de los años sesenta del siglo pasado, viene, en cierta manera, a sustituir las perspectivas conductistas que antes había dirigido la psicología. Plantea que el crecimiento cognitivo de los individuos no avanza simplemente de manera natural, sino que ésta es una construcción propia en relación con ellos mismos y en relación con lo demás. Es decir, hay un esquema intersicológico y uno intrasicológico; hay una interdependencia o dependencia del otro. Como ya había dicho, el constructivismo es un aporte al estudio de los procesos de enseñanza y aprendizaje, al reconocimiento de las capacidades esenciales para éste. La concentración de sus estudios está basada en el procesamiento de la información, “el planteamiento de base en este enfoque es que el individuo es una construcción propia que se va produciendo como resultado de la interacción de sus disposiciones internas y su medio ambiente. Su conocimiento no es una copia de la realidad, sino una construcción que hace la persona misma”[1], lo más significativo, a mi parecer, de este paradigma es que no apunta sólo a una internalización y acumulación de conocimientos sino “un proceso activo de parte del alumno en ensamblar, extender, restaurar e interpretar, y por lo tanto de construir conocimiento desde los recursos de la experiencia y la formación que recibe”[2], se trata entonces de un sistema más activo, y que considera más factores del ser humano que los anteriores paradigmas.

Sin embargo pareciera que aún desde éste sistema, si consideramos el método actuando, percibimos que hay una carencia, algo que no funciona... ¿por qué?

Y es aquí donde radica mi crítica a este paradigma, que apunta principalmente, a la reducción del hombre, porque pienso más bien que la educación no puede reducirse al puro paradigma, al puro sistema, porque no se trabaja con máquinas que “construir”, hay siempre algo irreductible; en consecuencia el interés, la interacción y el diálogo vivo no dependen de un sistema, sino de una presencia, de alguien; si los alumnos no ven este interés vivo, si no se les considera en su real dimensión, es decir, sin una introducción en ello mismo no funciona. Se me objetará que Vikotzky sí consideraba este mediador, pero un hombre como mediador no es todo tampoco; en la educación surge con mayor urgencia la necesidad de unidad en el profesor, de instrucción, no sirve actuar de profesor, creo que hay un factor que se escapa a lo siempre establecido -“el rostro del otro es huella irrepresentable, modo del infinito”[3]-. De otra manera, viviríamos en una sociedad totalmente distinta. El problema de fondo en esta relación maestro/alumno, “constructivismo” que se da en la educación es precisamente un problema de conocimiento, de relaciones, para ello contextualizo: Michel Foucault, en “Las palabras y las cosas” declara explícitamente que «el tiempo del hombre ha terminado: si Dios ha muerto, el hombre muere con Dios, porque el hombre no puede pretender ser el centro de la naturaleza y de la historia si Dios no existe».[4] Con tal afirmación pretende también desmantelar y hacer un desmontaje de varios otros supuestos, como el la supuesta gran “Historia”, la relación sujeto-objeto, y la postura del hombre (de los hombres) frente a estas realidades, por lo tanto también cambia la relación alumno-maestro, alumno-conocimiento, el propio interés; por lo tanto cambia totalmente el concepto de educación; se produce inevitablemente la caída de los grandes meta-relatos, se cae la causa eficiente y el final -¿por qué enseñar? ¿por qué aprender? ¿qué se puede conocer? ¿cómo miro al otro? ¿qué espero del otro?-, esto provoca la noción de un nuevo conocimiento, y de una nueva postura y una nueva inscripción en los cuerpos, mediante el dispositivo, aunque no se quiera, eliminando el factor que se busca eliminar –Dios, Significado-, se llega a eliminar el interés por la realidad, pues no hay nada que podamos conocer realmente. Sólo hay un conocimiento ya sabido como inventado. Lo que hace Foucault es un ejercicio arqueológico, él también se fija en las estructuras.

Ya habíamos dicho que «este pensamiento no tiene al hombre en el centro de la realidad, sino que considera que las estructuras económicas, sociales, lingüísticas, son el verdadero fundamento de las cosas. No son los hombres los que hacen la historia, sino que son las estructuras las que condicionan a los hombres. De alguna manera también interrumpe la relación del hombre con la realidad, por un lado, y con su existencia, por el otro. La existencia no existe más.»[5] Si el conocimiento es una invención, cosa que ya había dicho Nietzsche, quiere decir que lo que el pensamiento clásico designaba como origen no es tal, ya que se planteaba toda la realidad desde lo cognoscible. No hay un conocimiento total, por lo tanto hablamos ya desde una interpretación, eso es lo que recibirían los alumnos según el tipo de profesor, interpretaciones arbitrarias. Las relaciones con el mundo no representan un conocimiento que se clausura, sino que está totalmente abierto, pero abierto al absurdo. Desde este nuevo punto de vista – con los meta-relatos caídos-, lo que interesa del conocimiento no son ya las certezas que este arroja –puesto que no serían tales. Sin Dios tampoco hay certezas, las cosas no “son”-, sino que lo que interesa es la relación del individuo con el mundo y cuál es el resultado de esa relación. La constitución es lo que determina al ejercicio del pensamiento y la relación sujeto-objeto cambia, ya que el régimen de objeto se altera - ya que hay ciertos objetos que no vemos pero existen y otros que vemos pero que no existen-, por lo que el régimen de sujeto también se ve alterado, lo que conlleva a que también lo que se entiende por “Verdad” se vea totalmente alterada.

No digo esto desde un punto de vista moralista, como si los profesores para tener buenos alumnos “tuvieran que hacer algo”, sino que doy cuenta de la ruptura del sujeto y la fragmentación, que más que romper con lo impuesto ha roto con él mismo, y con todo posible diálogo, dado el eclecticismo cultural predominante, pues al no haber una relación existencial con la cultura y la tradición lo que hay son más conocimientos estáticos que recolectar, pero no un lugar de identificación, como decía Goethe: “lo que heredaste de tus padres vuelve a ganártelo, para poseerlo”. No hay una introcción del maestro al alumno en la realidad, sino un sacar afuera.

En este sentido miraría a Moeller: “Porque debemos ser sinceros. No tenemos motivos para estar orgullosos. Ni siquiera hemos sido capaces de salvar la radiación de los valores elementales de la vida, esos valores a los cuales los jóvenes ansían siempre entregarse, aun cuando no se atreven ya a creer en ellos porque no están seguros de que nosotros creamos del todo en su existencia. La juventud considera “que no apetece jugar en un universo donde todo el mundo trampea”. Nos pide “una causa” que merezca la pena. ¿Qué tenemos para darle? Si los jóvenes no ven brillar en nosotros esos valores, si no los ven imponerse a través de nuestro “testimonio”, ¿cómo queremos que los hallen en sí mismos? ¿pretendemos que lo hagan por sí solos?”[6]

Desde aquí recuerdo a Camus, en su última novela sin terminar, El primer hombre, que él llevaba consigo cuando chocó en 1960. “El autor francés recuerda que con el señor Germain no se aburría nunca. Su maestro no llenaba a los alumnos como se hace con los pavos, no los llenaba de informaciones, de nociones. El señor Germain los trataba como parte de su vida, pero sobre todo juzgaba que esos pobres muchachos sin cultura, sin nada, eran dignos y apostaba sobre ellos. "Digno" significa que el hombre está hecho para conocer, para conocer el mundo y a sí mismo, es decir para descubrir el sentido de la realidad. Este horizonte que guiaba al maestro Germain se ha vuelto ahora extraño, raro, difícil de encontrar. Es hoy una mercadería preciosa. Cuando disminuye la pasión educativa, es porque decrece la pasión por conocer.”[7]

Por lo que he conocido del constructivismo exalto algunos puntos al principio, solo que digo y doy cuenta del peligro de la reducción al sistema, ésta es una cosa que claramente es necesario considerar.

Para finalizar quisiera recordar a Massimo Borguessi, que nos llama la atención al respecto:

“El tercer motivo que impide la relación entre la escuela y la realidad depende también de motivos culturales. La cultura dominante no favorece la relación con el mundo real. La llamada tendencia postmoderna de los estudios humanísticos es una tendencia que huye de la realidad y esto incide en la concepción de los estudios de una manera muy profunda. La escuela no introduce en la realidad porque desde hace cierto tiempo ha renunciado a introducir en el sentido de la realidad. Educar es, de hecho, introducir en la realidad, en la búsqueda de su sentido. No se puede introducir en la realidad poniendo entre paréntesis el problema del sentido de la realidad. Sólo ante el problema del sentido de la realidad, el conocimiento se vuelve humano. Uno no está en la escuela simplemente para conocer -lo que hoy ya sería mucho viendo los escasos resultados- sino que uno va a la escuela para conocer el problema del sentido del mundo.”[8]


Entonces desde este trabajo veo un reclamo a mi propia postura dentro de la educación, dentro de la experiencia que hago de ella, ya que es un ejercicio crítico que no sólo cada profesor debería hacer, sino que cada hombre debería ser, para romper con los límites, dándose cuenta de que se relaciona con lo “ilimitado”.


[1] Isabel A. Biscar, Marcela Elgueta, María E. Calfuquir. Pedagogía, historia y geografía. p.70.

[2] Op. cit.

[3] Emanuel Levinas. Ética e Infinito.

Para esto recordar también esa observación que hace Levinas de la inconmensurabilidad del otro, a considerar más aún en la relación alumno/maestro: Levinas, Emmanuel. Ética e infinito. Edición la bolsa de la medusa. p.72: «El rostro está expuesto, amenazado, como invitándonos a un acto de violencia. Al mismo tiempo es lo que nos prohíbe matar (…) El rostro es significación, y significación sin contexto. Quiero decir que el otro, en la rectitud de su rostro, no es un personaje en un contexto. Por lo general somos un “personaje” (…) Aquí, por el contrario, el rostro es, en él solo, sentido. Tú eres tú. En este sentido, puede decirse que el rostro no es “visto”. Es lo que no puede convertirse en un contenido que vuestro pensamiento abarcaría; es lo incontenible, os llevará más allá. »

[4] Massimo Borghesi. Emergencia educativa: el sujeto ausente”

[5] Massimo Borghesi.Emergencia educativa: el sujeto ausente”

[6] Charles Moeller. Sabiduría griega y paradoja cristiana. Editorial juventud. p.11.

[7] Massimo Borghesi.Emergencia educativa: el sujeto ausente”

[8] Op. cit.

sábado, 12 de septiembre de 2009

El sujeto ausente (M.B.)

"Transfiguración" Andrei Rublev


«Me imagino amigo mío –dice Versilov al adolescente-, que la lucha ha terminado. Después de las maldiciones, los silbatos y el barro, ha vuelto el silencio; los hombres han quedado solos como era su anhelo. La antigua idea sublime ha desaparecido; el gran dador de fuerza, del que obtenía alimento y calor durante tanto tiempo, ha desaparecido como si se alejara un inmenso sol en el fondo de las telas de Claudio Lorena. Parece el fin del mundo. De pronto, los hombres comprenden que se han quedado solos, de repente se sienten totalmente huérfanos. Querido muchacho, nunca he podido imaginar a los hombres como seres ingratos y embrutecidos. Estos hombres abandonados se estrecharán entre ellos más tiernamente; se tomarán la mano y comprenderán, de allí en más que representan uno para todo el universo. Y porque la gran idea de la inmortalidad ha desaparecido, los hombres trasladarán ese sobrante amor, que antes consagraban a la visión de la vida eterna, al mundo, a la naturaleza, a sus semejantes, a cada brizna de hierba. Amarán la tierra y la vida apasionadamente, en la medida en que, gradualmente, se acostumbren a ver en ellas el principio y el fin de todas las cosas. Las amarán con un amor muy particular y diferente del de antaño. Observarán y descubrirán fenómenos y misterios hasta entonces insospechados en la naturaleza, gracias a que mirarán el mundo con ojos nuevos, como el amante mira a su bienamada. Al despertar se apresurarán a abrazarse, sabiendo que tienen los días contados y que es lo único que les queda y que pueden poseer. Trabajarán unos para otros y donarán su salario y serán felices nada más que por ese acto. Los niños sabrán que podrán encontrar un padre o una madre en cualquiera. Al mirar la puesta del sol cada uno pensará: mañana será quizá mi último día, pero no importa. Cuando yo no esté habrá otros, y después sus hijos. Lo que los sostendrá, entonces, no será ya la esperanza de una vida ultraterrena, sino la idea de que otros los reemplazarán en esta tierra amándose y temblando siempre los unos por los otros. ¡Ah, sí! Se apresurarán a amar para ahogar en lo profundo de su corazón su inmensa tristeza. Cada uno será valiente y orgulloso para sí, pero se volverá tímido para con los demás y temblará por la vida y felicidad del otro. Serán naturalmente tiernos sin sentirse incómodos por ello y se acariciarán como si fueran niños. Al encontrarse cruzarán miradas profundas y llenas de sentido, repletas al mismo tiempo de amor y sufrimiento» "El adolescente". Dostievski.

«-“¿Qué será después de esto del hombre, sin Dios y sin vida futura? Porque entonces todo será lícito”

-“¿Es que acaso no lo sabias?”. y se echa a reír» "Los hermanos Karamazov". Dostoievski.

A partir de los trabajos que he hecho, he visto que Foucault en cierta manera quiere ser el hombre de la libertad, podríamos preguntarnos por su concepción de esta, ya que para él la libertad empezaría por deshacernos de ese dios que esclavizaba, de ese que nos hacia participar de un saber, pero luego no es claro hacia dónde nos lleva, aunque claramente se vea que una libertad sin Dios se destruye a sí misma, «si la vida carece de sentido y la inmortalidad no existe, los hombres no tienen otro recurso que estrecharse unos contra otros... y tratar de organizar la felicidad en la tierra». Tal como lo anuncia Varsilov, pero en el discurso de éste se deja entrever también un dolor, una tristeza desentendida, algo que por sí solo no podría sostener, esa felicidad y libertad no es más grande que los límites impuestos ya - recordando a Shakespeare:""Hay más cosas en cielo y en tierra o Horacio que en tu filosofía".- , porque el mundo de Varsilov no existe, o bien sería bastante estrecho; quedarse en su discurso sería quedarse en la superficie del problema, y «nunca se consigue nada precisamente porque nunca se va al fondo... pero quizá baste con permanecer siendo lógicos hasta el final», sólo entonces veríamos que desde lo más hondo de sus entrañas sale un grito desesperado una exigencia de unión, de una unidad dinámica, que sólo un dios desconocido le podría sugerir... pero que sólo el Dios conocido, el Dios hecho carne, le podría dar; desde lo hondo de las entrañas surge la exigencia del nexo, la exigencia del sentido; lo cual provoca un nuevo cambio en la relación sujeto-objeto, mejor dicho no un cambio, sino un ajuste en la mirada, un apego a la realidad que, en estos tiempos, de otra manera es inconcevible; pero esto lo veremos más adelante, mientras sigamos el camino... ¿Caminamos?

[...]

«Deseo, te he arrastrado por las calles, te he dilapidado en los campos, te he emborrachado en la ciudad, te he emborrachado sin quitarte la sed, te he bañado en las noches de luna llena, te he llevado por doquier, te he mecido sobre las olas del mar. Deseo, deseo, ¿qué puedo hacer contigo? ¿Qué quieres pues? ¿Cuándo te cansarás?» (A. Guide)

Una cosa más se puede entrever, y es que esta confesión para un saber es el único método que queda de relato, así es también como trabaja Foucault. Pareciera que siempre nos atrapamos en el lenguaje, y el lenguaje sin Logos. Habría que terminar echándose a reír... y preguntar si acaso Foucault no lo sabía. Porque al fin y al cabo siempre quedará sólo el sujeto ausente. Porque “si Dios no existe está todo permitido”, hasta observar y comer miel mientras los niños caen a la maquina devoradora (situción actual de la política, o no?)... y esto Dostoievski ya lo había adelantado


Es parte de un trabajo hecho el semestre pasado sobre Foucault...varias de las citas son tanto derechamente de libros de Dostoievski, como de "El espíritu de Dostievski", de Nicolás Berdiaev, y debo decir que también varias de las reflexiones son a partir de él, y el Sentido religioso.



jueves, 21 de agosto de 2008

Un comentario a Levinas y el antiplatonismo: "La inagotable riqueza de su acontecimiento"


"Pareciera que los barcos se alejan cada vez más de la isla, que solo parece isla porque la vemos pequeña ya que solo la miramos a la rápida y desde lejos, siempre manteniendo cierta distancia por temor a implicarnos y volvernos parte. Son barcos que se alejan porque no creen si quiera que sea verdad, no creen o no quieren creer que haya una verdad. El tercer factor debería desvelarse a nosotros los traductores por excelencia, la isla debería existir, para que los barcos se conectaran, para que pudiéramos realmente traducir; en todo caso esta sería una gran tarea, ¡solo bastaría que el imposible existiera!”(extracto de otro ensayo)




La inagotable riqueza de su acontecimiento
Por Valeska Cabañas



Nuevamente haciendo referencia a los trabajos anteriores, e intentando hacer una conexión entre estos y el presente, “El antiplatonismo de la filosofía contemporánea de la significación”, quisiera partir desde la hipótesis de que al parecer Levinas es de los que afirma por lo menos que la “isla” existe, e intenta aquí presentarnos de qué forma podría recorrerse el camino (por eso antiplatonismo), si es que lo hubiese, para acercarse, o por lo menos mirar desde lejos (por su infinitud o en sus palabras “inagotable riqueza”) y con asombro su abscondidad por el mismísimo Misterio que se reconocería a través del acontecimiento (en las obras). Levinas comienza hablándonos del ser, con lo cual nos lleva hacia una pregunta mucho más amplia (dado que la traducción nos lleva necesariamente al ámbito de la ontología); tomando este ser como una significación o como el lenguaje superior en lenguaje Benjaminiano; pero no como un imposible a través de la experiencia que se da en la vida y las obras, sino que esta misma sería el instrumento para el conocimiento del ser… sí, como el Deus Absconditus de Heidegger, ese que aparece y reaparece o que no se desvela del todo en las obras de los pintores, en los poemas de los poetas, en las filosofías de los filósofos, etc … este Ser, Dios o Significado siempre estaría escondiendo algo o simplemente quedando fuera de la medida de quienes intentan acercársele dado su grandeza, pero que como la mención que hace Levinas de Merleau-Ponti: “Esa diversidad de expresión no traiciona al ser, sino que hace relucir la inagotable riqueza de su acontecimiento” . Por eso sería a través del Tiempo donde podríamos encontrar esta relación con el ser…a través del tiempo, las obras y las culturas podríamos reconstruir o decodificar el ser, y esta sería no solo una vía de tal reconocimiento, sino la únicas posible.



Un reconocido teólogo del siglo pasado, Von Balthasar, dice que la dinámica de asombro contante se da también en Dios, sería un vértigo para Él mismo reconocerse en las obras y a la vez ser mucho más, y sin embargo, estar un poco des-cifrado para los hombres y re-conocido a través de la experiencia, pero jamás desvelado del todo, así como se da también en la traducción, ya que es casi imposible llevarla a cabo del todo de un lenguaje a otro. Frente a esto podemos sentir el vaso medio vacío o medio lleno, podemos detenernos, pararnos o ir en búsqueda de ella, así como el intento que en todos los ámbitos en que se mueve el ser humano se intenta.



Es entonces cuando percibimos la idea que ya desde el titulo, que a pesar de ser bastante extenso, Levinas intenta entregarnos, o más bien que debería intentar despegar de ello. El antiplatonismo como realismo, como apegarse a los hechos dramáticamente en una viva relación con el ser a través de tanto su presencia como su ausencia; relación que incluso podría darse en cuanto a la búsqueda del sí-mismo o la existenz de Kalr Jaspers, con este Geist que deviene desde la Trascendecia para hacernos despertar e intentar des-cifrar a través de las obras (nunca realizadas del todo, sino despertando y trepidando el ser-ahí), el ser se desvelaría en la medida que quiere ser desvelado, pero lo haría y seríamos nosotros los traductores en cada uno de los actos que llevamos a cabo, o incluso a través de lo que somos. Éste sería el intento de la traducción en cuanto al antiplatonismo, considerando que el significado exista, o que por lo menos debería existir. Si los barcos existen, ¿Dónde podrían desembarcar? , ¿para qué existen los barcos si no para una búsqueda de sentido? Finalmente me queda la pregunta de para qué buscamos una traducción, para mí conmigo misma no la necesito, sino solamente en la relación con un otro, ¿la traducción es entonces también un intento de comunión (de comunión-liberación)? Por mi parte me rendiría ante el ser, en mi imposibilidad de conocerle del todo, pero sólo a través de ello podría concebir una verdadera traducción y con ello ser fiel a la tierra y a la realidad, prefiriendo modificar mi pensamiento que intentar moldear la realidad, despertando al ser, y hasta pidiendo que me asimile a sí. Descubriendo que mi pensamiento o mi filosofía lleva por detrás y en sí misma todo un pueblo, como el piloto que cree descubrir una nueva isla, pero dado un tiempo se da cuenta de que no la había descubierto él, entonces pasa en unos cuantos minutos por todos los grados de la escala patética, desde las fascinaciones y terrores de arrojarse a lo desconocido, hasta la humanísima seguridad de volver a lo familiar y propio, pero para ello necesariamente hay que partir de que la isla existe, así como Levinas lo ha hecho, y así como los hechos, en su inagotable riqueza nos lo demuestran.

lunes, 5 de mayo de 2008


La vocacion de San Mateo de Caravaggio... indescriptible... apasionante escena... un hecho verdaderamente sorprendente!




Clase de Práctica
Santiago de Chile, 16 abril, 2008

¿Por qué existe la voz? (y no la nada…)


¿Habrá una filosofía en que verdaderamente se hable del hombre? ,de su relación con el otro sin caer en una suerte de dualismo, es decir, de separar "teoría" de lo que realmente se vive. Entonces encuentro esta frase que dijo alguna vez (y que funda su filosofía y vida) Emannuel Levinas: "El rostro del otro es el lugar en el que el uno para el otro, emerge la promesa de Dios: tú no morirás"; me centro en lo que llamamos Dios, y es precisamente este deseo que surge en la relación con el otro (otro-Otro), el reconocimiento, el dejarse interpelar; no se trata de una idea inventada, mas bien el reconocimiento de lo más humano y es esa promesa: "tú no morirás". Este deseo, o signo como le llamaría Levinas, ¿ es acaso demasiado irracional, demasiado impulsivo?, Kierkegaard ha dicho que los verdaderos hombres, los "grandes" son los que esperan lo imposible, ¿es esto irracional? o es simplemente la grandeza del reconocimiento?. Puedo ignorar la pregunta, puedo negar que tenga un sentido, sin embargo no puedo dejar de reconocer que "todo tú eres una pregunta a la que no sé dar respuesta"... ¿no será más irracional crear ese límite?


"¿Ser o no ser?" Es hasta hoy la pregunta en la que se encuentra el hombre... Ser o no ser... hace un par de siglos hubo uno de estos grandes que esperaban lo imposible que respondió, y no pudo hacer de su respuesta algo más simple que el solo mirar la realidad, el rostro del otro: "Ser, definitivamente!" (En "Santo Tomás de Aquino" escribió Chesterton: " Si supuestamente el enfermizo intelectual renacentista dice:" ser o no ser, he ahí la pregunta", indudablemente el obeso doctor medieval replica con voz de trueno:"Ser, he ahí la respuesta". Es un punto importante; muchos con cierta lógica, hablan del Renacimiento como la época en que ciertos hombres empezaron a creer en la vida. Los medievales habían puesto muchas restricciones, y algunas restricciones excesivas a la universal hambre humana, frenesí incluso de vida. Esas restricciones se habían expresado a menudo en términos fanáticos y rabiosos; los términos de quienes se resisten a una gran fuerza natural; la fuerza de los hombres que deseaban vivir. Nunca, hasta que empezó el pensamiento moderno, realmente tuvieron que luchar con hombres que desearan morir. "). Siempre existe la posibilidad de que seamos la nada, esto me hace ver que la esperanza de que haya "algo más" no es a ciegas, sino una verificación, una atención y una pasión por los signos, por la verdad, una búsqueda (quizá la única) que no niega nada, que considera todos los factores; debe haber un punto en que se haga una certeza, en la cual ya, el negar el ser sería una "irracionalidad".


A continuación unos textos que no puedo dejar de considerar para intentar dar una respuesta a la pregunta...
"Aquel aburrimiento significa que, en las cosas, nosotros buscamos, apasionadamente y dondequiera, algo que las cosas no poseen. Se busca y se nos esfuerza de tomar las cosas así como se quisiera que sean, de buscar en ellas aquel peso, aquella seriedad, aquel ardor y aquella fuerza cumplida de las que se tiene sed: y no es posible. Las cosas son finitas. Todo lo que es finito es defectuoso. Y el defecto constituye una desilusión para el corazón, que anhela al absoluto. La desilusión se alarga, se convierte en el sentimiento de un gran vacío. No hay nada por el cual merezca la pena existir. No hay nada que sea digno de que nosotros nos ocupemos de ello. Nosotros sentimos una insatisfacción especialmente violenta por lo que es finito. Precisamente el hombre melancólico está más profundamente en relación con la plenitud de la existencia. Por mi cuenta, yo creo que más allá de cualquier consideración médica y pedagógica, su significado está en la existencia del absoluto. El infinito testimonia sobre sí, en el interior del corazón. La melancolía es expresión del hecho de que nosotros somos criaturas limitadas, sin embargo vivimos puerta a puerta con…pues bien, dejemos en fin el término demasiado prudente y abstracto de "absoluto"; escribamos, en su lugar, lo que sólo le corresponde: vivimos puerta a puerta con Dios. Somos llamados por Dios, elegidos para acogerlo en nuestra existencia. La melancolía es el precio del nacimiento de lo eterno en el hombre. La melancolía es la inquietud del hombre que advierte la cercanía del infinito. Beatitud y amenaza al mismo tiempo." (R. Guardini, Retrato de la melancolía)


No pretendo armar o dar una respuesta hoy (no porque no quiera, muy por el contrario) al por qué de la voz, o si el hecho de que tal voz exista certifica la existencia de un infinito que responda, infinito del cual Levinas nos ha hablado, y que Guardini describe mucho mejor que yo; sólo quería recordar que por lo menos en las relaciones más humanas este se manifiesta, y eso no se puede negar.


El título de este ensayo presenta una inquietud , la de un escritor (la mia tambien, por supuesto!) y poeta sueco del siglo pasado, el pesimista Lagerkvist, que en su poema decía así:


"Por qué está [yace ] una criatura en el fondo de las tinieblas
¿E invoca algo que no existe?
No hay ninguno que oiga la voz
que resuena en las tinieblas.
Entonces, ¿Por qué la voz existe?"


Para empezar una "respuesta", pero no para cerrar la cuestión... porque a veces siento que los personajes de Dostoevski están más vivos que nunca…


"Seguramente volveré otra vez a perderme, mientras que no me dé cuenta de lo que estoy predicando, o sea con que palabras y actos, porque no es fácil llevar al cabo esta tarea. Todo esto está perfectamente claro para mí, pero decidme: ¿quién no se ha perdido nunca? Todos nosotros estamos dirigidos hacia un punto muy claro, o por lo menos intentamos hacerlo, desde el hombre más sabio hasta el último de los criminales, sólo elegimos caminos diferentes. Esta es una vieja verdad, pero ahora hay algo nuevo: yo no puedo perderme del todo. Porque yo he visto la verdad, he visto y sé que los hombres pueden ser hermosos y felices sin perder la capacidad de vivir en la tierra. Yo no quiero y no puedo creer que el mal sea lo normal para los hombres. Desgraciadamente ellos no hacen más que reírse de esta fe mía. Pero ¿cómo puedo no creer en ella? Yo he visto la verdad, no me la he inventado, le he visto, la he visto, y su imagen viviente ha colmado mi corazón para siempre. La he visto en una integridad tan completa que no puedo creer que no exista. Entonces ¿cómo puedo perderme?. Me desviaré, claro, más de una vez, y puede que hable con palabras no mías, pero no por mucho tiempo: la imagen viva que yo he visto estará siempre en mí, a lo mejor reclamándome si es necesario, pero dirigiéndome siempre hacia el recto camino. Yo he visto con mis ojos, aunque no consiga contar bien lo que he visto" (F. Dostoevski)


Entonces continúo, todo tú (Tú) eres una pregunta... a la que no sé dar respuesta...


Vale Cabañas




"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)