"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

miércoles 11 de febrero de 2009

El Acontecimiento












VACACIONES CLU09 (Chillán)

¿Por qué esta ansia, este amor
estos supremos anhelos en el hombre?
¿Por qué existe un destino de amar,
bárbaro y triste, en la ruina de carne
que movemos?
M. A. ALCALDE. Hoguera viva.
Sentí con esto mitigarse mi temor hacia la muerte rondadora. Sabía que en el curso del tiempo «uno de los dos habría de enterrar al otro», pero no desorbitaba esta probable realidad, antes bien, la admitía como una imposición de las leyes naturales que exigen el desprendimiento, el desencadenamiento del amor antes de transitar a una nueva vida no terrena. Habla logrado, en fin, situarme en el plano ecuánime de la relatividad del dolor apartándome del estéril campo del sacrificio absoluto y de su estremecedora elaboración cerebral. Mi pasión por Jane había sido como el contrapeso a mi torcida disposición, a mi equivocada historia, a lo que hasta este momento había considerado como mi credo de principios fundamentales. Me daba cuenta ahora de que es un error en la vida guiarse sólo por el cerebro; que en la vitalidad íntima, como en la externa, como en la del mundo en que nos movemos, todo debe fundarse en el criterio de la proporción y del equilibrio; que todo lo que el uso tiene de humano, lo tiene de inhumano el abuso, el exceso y la desproporción. Habla llegado a topar con esa armoniosa coincidencia de la parte en el todo, de mi yo en el mundo circundante. Rara vez me asaltaban ya las inquietantes figuraciones dibujadas por mi imaginación en la pantalla blanca de un futuro imprevisible. Y si esto me sucedía procuraba conducir esta corriente morbosa hacia una desembocadura regular y humana, estrictamente acomodaticia. «Hasta hoy he caminado a oscuras, me decía, porque nadie me enseñó antes a ver la luz; pero ahora que la conozco no la abandonaré mientras Dios no me lo exija.» Y rememoraba los consejos de Luis, las palabras de doña Sole, la espantosa experiencia por ella relatada de la historia de su cuñado. Evocaba, en una palabra, cuanto en aquellas circunstancias podía ayudarme a pensar que había obrado bien y a olvidar cuanto de traición a mis más sólidos principios significaba mi conducta actual.
Miguel Delibes. La sombra del ciprés es alargada.


Razón y afecto

El objeto es un objeto; puede existir y existe fuera de la mente o en ausencia de la mente. Y, por consiguiente, engrandece la mente, de la que viene a ser parte. La mente conquista una nueva provincia como un emperador, pero sòlo porque ha respondido a la campanilla como una “criada”. La mente ha abierto la puerta y las ventanas porque es actitud natural de lo que hay dentro buscar lo que hay fuera. La mente no es suficiente para sì misma, necesita nutrirse de la extraña y fuerte comida de la realidad.

G.K.Chesterton. Santo Tomás de Aquino.

"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)