"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

jueves, 22 de octubre de 2009

Corazón insaciable

Niko Kazantzakis

"¡Cómo temblaba mi corazón insaciable cuando vi por primera vez las célebre pinturas! ¡me quedaba de pie en el umbral un largo rato, con las rodillas flojas, hasta que se apaciguaban los latidos de mi corazón y podía resistir tanta belleza!... mi alegría era tan intensa que a veces, recuerdo, gocé tanto en Florencia, que comprendí que debía hallar una manera de sufrir. En concecuencia, salí y me compré un par de zapatos chicos. Me los calzaba por la mañana y me atormentaban en tal forma que no podía caminar y andaba a saltitos, como un gorrión. Toda la mañana, hasta mediodía, era desdichado. pero de tarde, me cambiaba de zapatos y salía a pasear, ¡cuánta felicidad!".
Una felicidad demasiado violenta lo llena de temor, pues le parece que pone su alma en peligro, como "la abeja que se sumerge en la miel". No es éste el temor griego a la desmesura, susceptible de suscitar los celos de los dioses y ofenderlos, sino la conciencia de una sensibilidad cuyo doloroso privilegio conoce Kazantzakis. Fue un crazón insaciable, un cuerpo y un alma que se consumen, amó la vida hasta desear el aniquilamiento: "¡morir! ¡no creo que haya mayor felicidad para mí, porque amo demasiado la tierra, el aire, la mujer, el espíritu, el mar y no me sacian! y el viento de la vida nunca lo despojó de su ardor.

"El problema más metafísico adquiere en mí un cuerpo físico, caliente, con olor a mar, a tierra y a sudor humano. para que la palabra me llegue, tiene que convertirse en carne ibia. sólo comprendo cuando puedo ver, sentir, ver y tocar"

Niko Kazantzakis - Como El Hombre Se Hace Inmortal. by M. L. Bidal Baudier

Doy gracias, en primer lugar, a don Miguel Castillo, por quien he conocido a Niko. "antes o después se conocerá el Significado de este, nuestro estar juntos". A Niko recién lo empiezo a conocer, estoy leyendo el libro de Bidal Baudier sobre él, y conseguí la "Odisea", que pronto empezaré (tengo que estudiar para la Uni entre medio!); pero no puedo dejar de sentir, mientras lo leo, esa familiaridad, este hombre, esta búsqueda se me hace ya familiar, familiar y novedosa, quizá por los anteriores encuentros, tanto con Dostoievski, con Chesterton, como con Camus, con Pearce, con p. Marco, con p.Aldo, o con Kierkegaard, seguro con San Agustín...Me conmueve la historia de este hombre, porque lo fue en todas sus letras, desde sus entrañas gritaba “mi corazón está inquieta hasta que repose en Ti”, como San Agustín.
Niko, espero, pido que tu corazón repose hoy, donde sólo podía hacerlo... que Su sed de ti esté saciada...y tu sed de Él, desborde.

lunes, 19 de octubre de 2009

He visto con mis ojos

Chiloé, Ancud, febrero 2008. Paseo casa Benja.

Retiro Comunión y Liberación Universitarios, Camino Farellones, mayo 2009

"Seguramente volveré otra vez a perderme, mientras que no me dé cuenta de lo que estoy predicando, o sea con que palabras y actos, porque no es fácil llevar al cabo esta tarea. Todo esto está perfectamente claro para mí, pero decidme: ¿quién no se ha perdido nunca? Todos nosotros estamos dirigidos hacia un punto muy claro, o por lo menos intentamos hacerlo, desde el hombre más sabio hasta el último de los criminales, sólo elegimos caminos diferentes. Esta es una vieja verdad, pero ahora hay algo nuevo: yo no puedo perderme del todo. Porque yo he visto la verdad, he visto y sé que los hombres pueden ser hermosos y felices sin perder la capacidad de vivir en la tierra. Yo no quiero y no puedo creer que el mal sea lo normal para los hombres. Desgraciadamente ellos no hacen más que reírse de esta fe mía. Pero ¿cómo puedo no creer en ella? Yo he visto la verdad, no me la he inventado, le he visto, la he visto, y su imagen viviente ha colmado mi corazón para siempre. La he visto en una integridad tan completa que no puedo creer que no exista. Entonces ¿cómo puedo perderme?. Me desviaré, claro, más de una vez, y puede que hable con palabras no mías, pero no por mucho tiempo: la imagen viva que yo he visto estará siempre en mí, a lo mejor reclamándome si es necesario, pero dirigiéndome siempre hacia el recto camino. Yo he visto con mis ojos, aunque no consiga contar bien lo que he visto"
(F. Dostoevski)

domingo, 18 de octubre de 2009

El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona


HIPERIÓN”, (diálogo entre Hiperión y Belarmino). Federico Hölderlin.


(…)

Hiperión: Ser uno con todo, esa es la vida de la divinidad, ese es el cielo del hombre.


Ser uno con todo lo viviente, volver en un feliz olvido de sí mismo al todo de la naturaleza, esa es la sima de los pensamientos y de las alegrías.


Esta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el medio día pierde su calor sofocante y el trueno su voz y el viviente mar se asemeja a los trigales ondulantes.


A menudo alcanzo esta cumbre Belarmino, pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella, para caer.


Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas, a vuestros colegios.


La ciencia, a la que perseguí a través de las sombras, de la que esperaba con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras, es la que me ha estropeado todo.


Oh si el hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona y cuando el entusiasmo desaparece ahí se queda el hombre como un hijo pródigo a quien el padre hecho de casa contemplando los miserables sentimos con que la compasión alivio su camino.

A Giuseppina Grammatico:

Me dio mucha tristeza enterar de su partida (el jueves), porque justo cuando me enteré de su existencia (el día miércoles), de su grandeza, y quise buscarla ya no estaba más(había muerto el lunes)... por lo menos no en el departamento que está al lado del mío, el Centro de Estudios Clásicos de la UMCE... espero, con ardiente paciencia nuestro encuentro, de seguro que el Dios que tanto amamos, y que de seguro la quiso tanto a usted, que la quiso antes, y la quiere más hoy, nos presentará allá, donde sólo Él nos puede llevar: Su Eterna Morada, que es hoy su Hogar.

Adiós Giuseppina, y gracias, porque aún sin haberla conocido no sabe el impacto, el juicio que ha provocado en mí. Aunque esto, usted, ya debe saberlo, aún cuando mis labios no pronuncien palabra... usted sabía que el silencio es petición, sabía del silencio y de Su Voz más que nosotros... ¿cuál es el secreto?

A Giuseppina Grammático: Gracias

... creë d˜ se p£nta puq˜sqai

¹m›n )Alhqe…hj eÙkukl˜oj ¢trem›j Ãtor

ºd› brotîn dÒxaj, ta‹j oÙk šni p…stij ¢lhq»j

“…es necesario que tú aprendas todas las cosas,

tanto el corazón imperturbable de la Verdad toda redonda

como las opiniones de los mortales, en las que no hay certeza fidedigna”.

Parménides: Perí physeos. Proemio, 28-30



… doctus, fidelis

suauis homo, … uerbum

paucum, multa tenens antiqua, sepulta, uetustas

quem fecit et mores ueteresque nouasque tenentem,

… leges diuumque hominumque…


“…(admirable es) el hombre culto, fiel,

amable, de pocas palabras,

experto en muchas doctrinas antiguas, olvidadas,

a quien la edad hizo conocedor de costumbres viejas y nuevas,

…de leyes divinas y humanas…”

Ennio: Annales, VIII, 166 ss.



Me dio mucha tristeza enterarme de su partida (el jueves), porque justo cuando me enteré de su existencia (el día miércoles), de su grandeza, y quise buscarla ya no estaba más(había muerto el lunes)... por lo menos no en el departamento que está al lado del mío, el Centro de Estudios Clásicos de la UMCE... espero, con ardiente paciencia nuestro encuentro, de seguro que el Dios que tanto amamos, y que de seguro la quiso tanto a usted, que la quiso antes, y la quiere más hoy, nos presentará allá, donde sólo Él nos puede llevar: Su Eterna Morada, que es hoy su Hogar.

Adiós Giuseppina, y gracias, porque aún sin haberla conocido no sabe el impacto, el juicio que ha provocado en mí. Aunque esto, usted, ya debe saberlo, aún cuando mis labios no pronuncien palabra... usted sabía que el silencio es petición, sabía del silencio y de Su Voz más que nosotros... ¿cuál es el secreto?

lunes, 5 de octubre de 2009

A veces cuando se pierde...se gana...



Correspondencia con un amigo: gracias por su correspondencia. Es cierto, era inevitable recordar en seguida al Principito, aunque también recordé la historia del monje de otro artículo de Warnken, "el árbol seco" -se lo mando-, que sale en una película de Tarkovsky, "el sacrificio", el personaje principal narra esta historia a su hijo, y habla de esa suerte de ritualidad que salva al mundo -también sale en las páginas del principito, cuando habla el zorro-, aunque en primer lugar la propia vida... sin perder el Significado y la relación originaria y hasta ontológica al rito... porque ritos vemos muchos pero sin el por qué. Eso, como se ve también en el artículo de Warnken, sería lo único que permitiría vislumbrar la posibilidad del sentido, esa fidelidad a un hecho, la observación , espera y por qué no decir también: petición. Si hubiera el sentido, esta apertura, esta dilatación sería lo único que permitiría ciertamente acogerlo, sin reducirlo... hay que vivir esa pregunta hasta las entrañas... porque, también como ocurre en esa reducción del cristianismo, se ha olvidado la pregunta, se ha olvidado la necesidad que somos nosotros mismos, entonces la respuesta no es nada, no mueve y al final es una construcción propia, no un Acontecimiento; como decía don Julián Carrón, parafraseando a Niehbur, no hay peor respuesta que la respuesta que se da a una pregunta que ni siquiera se ha planteado. El cristianismo se ha reducido (una parte, porque la verdad es ¡si hay cristianos!), hoy, no es una espera... es solo una respuesta emocional, sentimental, falta el juicio, yo cada vez que lo pienso si quiera digo "es imposible que Dios se haga hombre... que Dios se haga hombre es una cosa de otro mundo...una locura"...no me parece para nada obvio, pero es una pregunta, un hecho hace dos mil años que plantea una pregunta ¿es cierto o no? y también si es cierta su contemporaneidad, que era Su pretensión... eso no me deja indiferente, en la fidelidad he visto algo, he visto una humanidad diferente a través de sus "ritos", y en su estar en el mundo, una leticia, algo que permanece que permanece, que da un rostro nuevo, pero necesito llegar al fondo de esa relación, no he tenido una experiencia mística jamás, pero sí un juicio de una diferencia que en otro lugar no he visto, además de el propio desafío que ellos hacen a mi razón. Si es verdad, ellos son los Testigos, y si es mentira, por lo menos con cierta melancolía diría, ¡es la mentira más bella que podrían haberse inventado, nada más digno de la humanidad y genialidad del hombre!, y reconocer esa genialidad es ya signo, para mí, de la divinidad. Y basta ser sinceros, para reconocer nuestra propia fragilidad, porque ¡qué frágiles somos! dos mil años de historia, dos mil años de vida y todas estas obras no la hacen nuestras simples humanidades frágiles... esto me hace más cierta Su presencia, porque nosotros solos no podríamos, tiene que ser "algo más"... diría, junto al hombre que más quiero, mi segundo mejor amigo (!... que un poco me chantajea para desear el Paraíso y ese reencuentro): "Hubo un hombre que vivió en el este hace siglos; hoy, no puedo mirar una abeja o un gorrión, un lirio o un maizal, un cuervo o una puesta de sol, un viñedo o una montaña, sin pensar en él, si esto no es ser divino ¿qué es?" (Chesterton).

Pero parte de un algo que se da antes, no se desea el Paraíso o la vida eterna para arrancar del mundo, todo lo contrario, por el ciento por uno que ya se ha vivido, por el amor a los amigos y hasta las circunstancias, aún las dolorosas, porque la vida no es color de rosa, y por lo menos yo no soy alguien que piense positivo frente a las situaciones... el dolor me educa al juicio, me obliga casi a darlo, porque dentro de todo reconozco mi pereza, a dar cuenta de lo que he visto, a dar-me cuenta de lo que he visto, es un desafío tremendo a la razón, que no quita ni ahorra nada; hasta Él les preguntó "¿también ustedes quieren irse?", pero por qué Te seguimos...por qué... creo que esa es una pregunta que no deberíamos perder, porque el cristianismo es un camino, no una respuesta de antemano, si un día encontrara algo más grande que respondiera a toda mi humanidad, como es el caso, sin duda me iría tras él... si, el cristianismo es un camino de verificación, tal como al principio.

Me parece, con respecto al mail anterior, que Dostoievski descubrió también esa Llave, esa Clave que desvela el corazón del hombre como nada, (corazón, según nuestra tradición es el conjunto de evidencias y exigencias -de Justicia, de Amor, de Verdad y Felicidad- con las que el hombre se ve lanzado a confrontarlo todo)... que es una reconquista diaria, que sólo encender y apagar un farol podría educar a reconquistarnos... para abrir Puertas...
Yo por solo este pensamiento, esta realidad, daría mi vida entera, en esa búsqueda y correspondencia, que es siempre sobreabundancia y necesidad (paradójicamente), como decía nuestro padre, Don Giussani "el protagonista de la historia es el mendigo", sólo el mendigo necesita dar un juicio considerando todos los factores de la realidad, sin pretender, sino ocupando lo que necesita y pidiendo siempre más. No sé cuándo se hizo obvio que Cristo murió en la Cruz -el otro día nos lo recordaba un gran amigo-, cuándo Su pasión dejó de conmovernos... por eso afirmo también que los filósofos o escritores cristianos o judíos, como Levinas, Ricoeur, Dostoievski (esto está más que claro), Chesterton, Lewis, Tolkien, etc... jamás dejan fuera ese factor, no hay dos hombres, es uno, Su pretensión exige y propone la unidad...si no hubiera visto hombres así no lo creería.

Le mando un saludo y un abrazo afectuoso, Valeska.


“Había una vez, hace mucho tiempo, un monje que vivía en un monasterio ortodoxo. Su nombre era Pamve. Y una vez plantó un árbol seco en la ladera de una montaña igual a éste. Luego le dijo a su joven pupilo, un joven llamado Loann Kolov, que debería regar el árbol cada día hasta que éste reviviera. En fin, cada mañana temprano Loan llenaba un cubo con agua y salía. Subía la montaña y regaba el árbol seco y en la noche cuando oscurecía volvía al monasterio. Hizo esto durante tres años. Y un buen día, subió a la montaña y ¡vio que el árbol entero estaba cubierto de flores! Piensa lo que quieras, pero un método, un sistema, tiene sus virtudes. ¿sabes? A veces pienso, si cada día, exactamente a la misma hora, uno tuviera que realizar el mismo y único acto, como un ritual, sin cambiar, sistemáticamente, cada día a la misma hora, el mundo podría cambiar. Sí, algo cambiaría. Tendría que cambiar. Uno podría levantarse por la mañana, por ejemplo, levantarse exactamente a las siete, ir al baño, llenar un vaso de agua del grifo, y vaciarlo en el inodoro. ¡sólo eso!”. El sacrificio. Tarkovsky

Crear vínculos... o descubrirlos...




XX

Pero sucedió que el principito, habiendo atravesado arenas, rocas y nieves, descubrió finalmente un camino. Y los caminos llevan siempre a la morada de los hombres.

—¡Buenos días! —dijo.

Era un jardín cuajado de rosas.

—¡Buenos días! —dijeran las rosas.

El principito las miró. ¡Todas se parecían tanto a su flor!

—¿Quiénes son ustedes? —les preguntó estupefacto.

—Somos las rosas —respondieron éstas.

—¡Ah! —exclamó el principito.

Y se sintió muy desgraciado. Su flor le había dicho que era la única de su especie en todo el universo. ¡Y ahora tenía ante sus ojos más de cinco mil todas semejantes, en un solo jardín!

Si ella viese todo esto, se decía el principito, se sentiría vejada, tosería muchísimo y simularía morir para escapar al ridículo. Y yo tendría que fingirle cuidados, pues sería capaz de dejarse morir verdaderamente para humillarme a mí también... "

Y luego continuó diciéndose: "Me creía rico con una flor única y resulta que no tengo más que una rosa ordinaria. Eso y mis tres volcanes que apenas me llegan a la rodilla y uno de los cuales acaso esté extinguido para siempre. Realmente no soy un gran príncipe... " Y echándose sobre la hierba, el principito lloró.

XXI

Entonces apareció el zorro:

—¡Buenos días! —dijo el zorro.

—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.

—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.

—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!

—Soy un zorro —dijo el zorro.

—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!

—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.

—¡Ah, perdón! —dijo el principito.

Pero después de una breve reflexión, añadió:

—¿Qué significa "domesticar"?

—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?

—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa "domesticar"?

—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?

—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? —volvió a preguntar el principito.

—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... "

—¿Crear vínculos?

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...

—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...

—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.

—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

—¿En otro planeta?

—Sí.

—¿Hay cazadores en ese planeta?

—No.

—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?

—No.

—Nada es perfecto —suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

—Por favor... domestícame —le dijo.

—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

El principito volvió al día siguiente.

—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.

—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.

—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...

—Ciertamente —dijo el zorro.

—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.

—¡Seguro!

—No ganas nada.

—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

—Adiós —le dijo.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella... —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...

—Yo soy responsable de mi rosa... —repitió el principito a fin de recordarlo.



jueves, 1 de octubre de 2009

¿Soñador?

Cuánto más te comprendo hoy Soñador, no eres ingenuo al desear el bien de Nástenka, eres realista y sufres tu dolor hasta las entrañas, pero amas tu vida más que nunca, porque el dolor hace ver... a Nástenka no la entiendo, creo que ya no te ve... pero tú viste algo, la viste a ella ¡te viste a ti!: ¿Cómo volver al sueño, si no ha sido ahí, sino en la realidad –realidad sufriente- donde he vivido los días más felices de mi vida?. Sin embargo, al final, tienes que reconocer, Soñador, que ya no hablas para ella, hablas para Otro. Metanoia.

La mañana

Mis noches terminaron una mañana. El día se presentó crudo y desapacible. La lluvia repiqueteaba, monótona, en los cristales de mi ventana. En el cuartucho reinaba la oscuridad, y las calles estaban sombrías. La cabeza me dolía y me daba vueltas. La fiebre se iba apoderando de todo mi cuerpo.

-Hay una carta para ti. Ha venido por correo –me dijo Matriona, de pie ante mí.

-¡Una carta! ¿De quién puede ser? –grité, levantándome de la silla.

-¿Qué puedo saber yo, señorito? Míralo tú, que ahí debe venir escrito.

Rompí el sobre ¡era de ella!

“¡Oh, perdóneme, perdóneme! –me escribía Nástenka-. De rodillas le suplico que me perdone. Le he engañado a usted, y también a mí misma. Ha sido un sueño, una visión... hoy me he atormentado pensando en usted. ¡Perdóneme, perdóneme! No me condene: en nada ha cambiado mi actitud para con usted; le dije que le amaría, y sigo amándole. Decir que le amo sería poco. ¡Dios mío, si pudiera quererle a los dos a un mismo tiempo! ¡Si usted fuera él!”

“Si él fuera usted”, cruzó la idea por mi mente. Eran tus propias palabras, Nástenka.

“Dios es testigo de lo que yo sería capaz de hacer por usted. Sé que debe estar triste y pesaroso. Le he ofendido, pero usted no ignora que quien ama no tarda en perdonar las ofensas. Y usted me ama.

¡Gracias, gracias por su amor! Gracias porque su amor se ha grabado en mi memoria, en la que perdura como un dulce sueño que se evoca largamente después del despertar; porque recordaré siempre el instante en que usted me mostró fraternalmente su corazón y aceptó con tanta generosidad el mío, muerto y lacerado, para cuidarlo, acunarlo y volverlo a la vida... si usted me perdona, su recuerdo tendrá en mi alma la exaltación sublime de un sentimiento de eterna gratitud que jamás disipará... conservaré este recuerdo sagrado, le seré fiel y no le traicionaré, pues ello equivale a traicionar a mi corazón, que es leal sobremanera: ayer se apresuró a retornar a manos de quien era su dueño.

Nos veremos; vendrá usted a visitarnos; no nos abandonará, y será siempre mi amigo, mi hermano... ¿verdad que cuando volvamos a encontrarnos me dará usted la mano? ¿no es cierto que me la dará, que me ha perdonado? ¿sigue usted amándome como antes?

¡Oh, ámeme, no me abandone! ¡le quiero tanto en estos momentos, ámeme amigo mío, que soy digna de su amor y lo mereceré! Dentro de una semana me caso con él. Ha vuelto enamorado como siempre, y nunca me olvidó... no se enfade porque le hable de él. Deseo ir a verle a usted en su compañía. ¿verdad que le tomará usted afecto?

Perdónenos y recuerda y quiera a su Nástenka”

Estuve largo rato leyendo y releyendo aquella carta. Las lágrimas pugnaban por salir de mis ojos. Finalmente, el papel se me cayó de las manos, y oculté en ellas la cara.

-¡Señorito, eh, señorito! –me llamó Matriona.

-¿Qué pasa, vieja?

-Pues que he quitado todas las telarañas del techo. Ahora ya puedes casarte o traer invitados sin miedo a nada, porque...

Estuve contemplándola un momento... era todavía una mujer diligente y ágil, lo que se llama una vieja joven, pero, no sé por qué razón, me la figuré en aquel momento con los ojos apagados, llena de arrugas la cara, en corvado el cuerpo, decrépita toda ella. Tampoco sé explicarme el motivo de que también mi habitación pareciera haber envejecido súbitamente, como la sirvienta. Las paredes y el piso estaban descoloridos, todo tenía un aspecto lúgubre; y las telarañas se habían multiplicado. Sin saber por qué, al mirar por la ventana, se me antojó que el edificio de enfrente se mostraba más vetusto y descolorido, que el estuco de las columnas se había agrietado y caído a pedazos, que las cornisas, ennegrecidas, estaban desconchadas, y que las paredes, antes de un intenso amarillo oscuro, aparecían ahora con rodales multicolores.

Ya fuera porque un rayo de sol, que por un instante asomó tras una nube, se había ocultado nuevamente tras los negros nubarrones cargados de lluvia, entenebreciéndolo todo, o porque ante mis ojos cruzó, rauda, la lóbrega y triste perspectiva de mi porvenir, lo cierto es que me vino la imagen de como soy ahora, al cabo de quince años: avejentado, en el mismo cuartucho, completamente solo y con la única compañía de Matriona, que, a pesar de los años transcurridos desde entonces, no tiene pizca más de juicio.

Pero ¡cómo guardarte rencor por aquella ofensa, Nástenka! ¡Cómo arrojar sobre ti una nube oscura que pudiera turbar tu felicidad, plácida y radiante! ¡Cómo lanzarte amargos reproches que entristecerían tu corazón suscitando en él un oculto remordimiento y haciéndole palpitar angustiado en los momentos de ventura! ¡cómo osaría yo siquiera rozar una de las tiernas florecillas que prendiste de tus negros cabellos para ir con él ante el altar! ¡jamás, jamás! ¡que tu cielo se mantenga siempre claro! ¡que tu dulce sonrisa sea siempre radiante y apacible! ¡y bendita seas tú por los instantes de ventura y de felicidad que brindaste a otro corazón solitario y agradecido!

¡Dios mío! ¡Todo un momento de felicidad! ¿No basta con ello para colmar una vida humana?...

De Noches blancas, Fiodor Dostoievski.


"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)