"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

jueves, 1 de octubre de 2009

¿Soñador?

Cuánto más te comprendo hoy Soñador, no eres ingenuo al desear el bien de Nástenka, eres realista y sufres tu dolor hasta las entrañas, pero amas tu vida más que nunca, porque el dolor hace ver... a Nástenka no la entiendo, creo que ya no te ve... pero tú viste algo, la viste a ella ¡te viste a ti!: ¿Cómo volver al sueño, si no ha sido ahí, sino en la realidad –realidad sufriente- donde he vivido los días más felices de mi vida?. Sin embargo, al final, tienes que reconocer, Soñador, que ya no hablas para ella, hablas para Otro. Metanoia.

La mañana

Mis noches terminaron una mañana. El día se presentó crudo y desapacible. La lluvia repiqueteaba, monótona, en los cristales de mi ventana. En el cuartucho reinaba la oscuridad, y las calles estaban sombrías. La cabeza me dolía y me daba vueltas. La fiebre se iba apoderando de todo mi cuerpo.

-Hay una carta para ti. Ha venido por correo –me dijo Matriona, de pie ante mí.

-¡Una carta! ¿De quién puede ser? –grité, levantándome de la silla.

-¿Qué puedo saber yo, señorito? Míralo tú, que ahí debe venir escrito.

Rompí el sobre ¡era de ella!

“¡Oh, perdóneme, perdóneme! –me escribía Nástenka-. De rodillas le suplico que me perdone. Le he engañado a usted, y también a mí misma. Ha sido un sueño, una visión... hoy me he atormentado pensando en usted. ¡Perdóneme, perdóneme! No me condene: en nada ha cambiado mi actitud para con usted; le dije que le amaría, y sigo amándole. Decir que le amo sería poco. ¡Dios mío, si pudiera quererle a los dos a un mismo tiempo! ¡Si usted fuera él!”

“Si él fuera usted”, cruzó la idea por mi mente. Eran tus propias palabras, Nástenka.

“Dios es testigo de lo que yo sería capaz de hacer por usted. Sé que debe estar triste y pesaroso. Le he ofendido, pero usted no ignora que quien ama no tarda en perdonar las ofensas. Y usted me ama.

¡Gracias, gracias por su amor! Gracias porque su amor se ha grabado en mi memoria, en la que perdura como un dulce sueño que se evoca largamente después del despertar; porque recordaré siempre el instante en que usted me mostró fraternalmente su corazón y aceptó con tanta generosidad el mío, muerto y lacerado, para cuidarlo, acunarlo y volverlo a la vida... si usted me perdona, su recuerdo tendrá en mi alma la exaltación sublime de un sentimiento de eterna gratitud que jamás disipará... conservaré este recuerdo sagrado, le seré fiel y no le traicionaré, pues ello equivale a traicionar a mi corazón, que es leal sobremanera: ayer se apresuró a retornar a manos de quien era su dueño.

Nos veremos; vendrá usted a visitarnos; no nos abandonará, y será siempre mi amigo, mi hermano... ¿verdad que cuando volvamos a encontrarnos me dará usted la mano? ¿no es cierto que me la dará, que me ha perdonado? ¿sigue usted amándome como antes?

¡Oh, ámeme, no me abandone! ¡le quiero tanto en estos momentos, ámeme amigo mío, que soy digna de su amor y lo mereceré! Dentro de una semana me caso con él. Ha vuelto enamorado como siempre, y nunca me olvidó... no se enfade porque le hable de él. Deseo ir a verle a usted en su compañía. ¿verdad que le tomará usted afecto?

Perdónenos y recuerda y quiera a su Nástenka”

Estuve largo rato leyendo y releyendo aquella carta. Las lágrimas pugnaban por salir de mis ojos. Finalmente, el papel se me cayó de las manos, y oculté en ellas la cara.

-¡Señorito, eh, señorito! –me llamó Matriona.

-¿Qué pasa, vieja?

-Pues que he quitado todas las telarañas del techo. Ahora ya puedes casarte o traer invitados sin miedo a nada, porque...

Estuve contemplándola un momento... era todavía una mujer diligente y ágil, lo que se llama una vieja joven, pero, no sé por qué razón, me la figuré en aquel momento con los ojos apagados, llena de arrugas la cara, en corvado el cuerpo, decrépita toda ella. Tampoco sé explicarme el motivo de que también mi habitación pareciera haber envejecido súbitamente, como la sirvienta. Las paredes y el piso estaban descoloridos, todo tenía un aspecto lúgubre; y las telarañas se habían multiplicado. Sin saber por qué, al mirar por la ventana, se me antojó que el edificio de enfrente se mostraba más vetusto y descolorido, que el estuco de las columnas se había agrietado y caído a pedazos, que las cornisas, ennegrecidas, estaban desconchadas, y que las paredes, antes de un intenso amarillo oscuro, aparecían ahora con rodales multicolores.

Ya fuera porque un rayo de sol, que por un instante asomó tras una nube, se había ocultado nuevamente tras los negros nubarrones cargados de lluvia, entenebreciéndolo todo, o porque ante mis ojos cruzó, rauda, la lóbrega y triste perspectiva de mi porvenir, lo cierto es que me vino la imagen de como soy ahora, al cabo de quince años: avejentado, en el mismo cuartucho, completamente solo y con la única compañía de Matriona, que, a pesar de los años transcurridos desde entonces, no tiene pizca más de juicio.

Pero ¡cómo guardarte rencor por aquella ofensa, Nástenka! ¡Cómo arrojar sobre ti una nube oscura que pudiera turbar tu felicidad, plácida y radiante! ¡Cómo lanzarte amargos reproches que entristecerían tu corazón suscitando en él un oculto remordimiento y haciéndole palpitar angustiado en los momentos de ventura! ¡cómo osaría yo siquiera rozar una de las tiernas florecillas que prendiste de tus negros cabellos para ir con él ante el altar! ¡jamás, jamás! ¡que tu cielo se mantenga siempre claro! ¡que tu dulce sonrisa sea siempre radiante y apacible! ¡y bendita seas tú por los instantes de ventura y de felicidad que brindaste a otro corazón solitario y agradecido!

¡Dios mío! ¡Todo un momento de felicidad! ¿No basta con ello para colmar una vida humana?...

De Noches blancas, Fiodor Dostoievski.


1 comentario:

Alejandro Maiza Catalán dijo...

¡Cómo es posible que todavía no halla un comentario en esta entrada! Es increible, los textos son profundos, maduros, con una preocupación por la existencía y todo aquellos que nos forma muy interesante.

siento no haber podido responder antes a tu comentario, mas estaba ocupando intentando ponerme en contacto con un amigo.

Gracias por todo y felicidades.

"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)