"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

miércoles, 27 de marzo de 2013


La verdadera belleza abre el corazón humano a la nostalgia, al profundo deseo de conocer, de amar, de ir hacia los otros, salir fuera de sí mismo. Si aceptamos que la belleza nos tocara íntimamente  que nos golpee, que nos abra los ojos, entonces descubriríamos de nuevo la alegría de ver, la capacidad de entender el sentido profundo de nuestra existencia, el misterio del cual somos parte, y del que podemos obtener la plenitud, la absoluta felicidad y pasión el empeño cotidiano.
Benedicto XVI

martes, 26 de marzo de 2013


4 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
5 Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía,
y antes que nacieses, te tenía consagrado:
yo profeta de las naciones te constituí.
6 Yo dije: ” ¡Ah, Señor Yahvé! Mira que no sé expresarme, que soy muy joven.”
7 Y me dijo Yahvé:
No digas: “Soy muy joven”,
pues adondequiera que yo te envíe irás,
y todo lo que te mande dirás.
8 No les tengas miedo,
que contigo estoy para salvarte
-oráculo de Yahvé-.
9 Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé:
Mira que he puesto mis palabras en tu boca.
10 Desde hoy mismo te doy autoridad
sobre las gentes y sobre los reinos
para extirpar y destruir,
para perder y derrocar,
para reconstruir y plantar.
(…)
17 Por tu parte, te apretarás el cinto,
te pondrás firme y les dirás cuanto yo te mande.
No desmayes ante ellos,
que yo no te haré desmayar;
18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido
en plaza fuerte, en pilar de hierro,
en muralla de bronce frente a toda esta tierra,
así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes,
de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra.
19 Te harán la guerra,
mas no podrán contigo,
pues contigo estoy yo -oráculo de Yahvé- para salvarte.”

"Ni pintar ni esculpir me dan sosiego al alma, vuelta a aquel amor divino que en la cruz a todos nos abraza" Miguel Ángel

lunes, 25 de marzo de 2013


                  "Pienso que has debido ser recibida a tu llegada por una carta desalentadora. ¡Qué quieres!, hay dias en que quiero ser joven, alegre, simple, idílico y otros en que siento la necesidad de dejarme invadir por la grandeza de lo trágico y de la soledad de todo lo que pasa. Cuando estoy poseído de unos sentimientos, condeno a los otros, e inversamente; pero en el fondo los dos tipos son ricos, los dos necesarios. Mientras que no estemos en la luz hemos de resignarnos a esta pobre sucesion y estos eternos comienzos de Viernes Santo y de Pascua. Y a los amigos no debemos ocultarles los dias del calvario, so pena de privarles de la mitad de nosotros mismos. Por esto te he descrito con tanta sencillez mi domingo." Mounier

sábado, 23 de marzo de 2013

El muro rómpase alzado entre los dos


Tú sabes que sé, mi señor, y sabes
que me aproximo más para gozarte,
y sabes que sé que sabes quien soy:
¿a qué pues más retardo en saludarte?
Si verdad es la esperanza que me das,
y verdad mi gran deseo concedido,
el muro rómpase alzado entre los dos,
que son mas fuertes los daños ocultos.
Si solo amo de ti, mi señor querido,
lo que de ti mas amas, no te enojes,
si un espíritu del otro se enamora.
Lo que en tu bella faz aprendo y busco,
mal lo comprende el ingenio humano:
Quien saberlo quiera, ha de morir entonces.
.
.
Miguel Ángel Buonarroti

Un desconocido


"Un desconocido es mi amigo, 
uno a quien no conozco. 
Un desconocido lejano, lejano. 
Por él mi corazón está lleno de nostalgia. 
Porque él no está cerca de mí. 
¿Quizá porque no existe? 
¿Quién eres tú que llenas mi corazón de tu ausencia, 
que llenas toda la tierra de tu ausencia?"
 (P. Lagerkvist)

lunes, 18 de marzo de 2013

Un amor infinito...que se ha inclinado sobre mi nada


«No soy capaz, en esta oscura tarde de viento, atrio del invierno, de responder al estado de ánimo particular con el que me escribiste. Estoy demasiado cansado. Y lo único que siento – y mi fidelidad a los amigos más queridos es un símbolo experimental de ello – es que la esencia de la vida, de las aspiraciones, de la felicidad, es el amor. Un amor infinito, inmenso, que se ha inclinado sobre mi nada, y ha creado de ella un ser humano, un grano de polvo en cuanto al cuerpo, pero sin límites en la apertura ávida de verdad y de amor que constituye su inteligencia y su corazón. Un Amor infinito, enorme, que ha realizado el disparate de hacerme infinito como Él, a mí que, como ser creado, soy polvo finito».
Luigi Giussani

jueves, 7 de marzo de 2013

pero tú, ¿qué buscas? ¿Qué es lo que amas? ¿Por qué darías la vida?


Mi primer hijo habrá tenido 4 ó 5 años, así de alto -¿tienen presente esta altura, cuando a la mesa le ves sólo los ojos? Bueno, imagínenlo aquí, que se le ven sólo los ojos-. Yo estaba corrigiendo, el bello calvario de nosotros profesores de Lengua, y en cierto momento, me di cuenta de que estaba mi hijo; no lo había sentido llegar, no sabía cuánto hacía que estaba allí; había llegado y estaba allí tranquilo observando a su padre trabajar. En esa mirada, ese día, me pareció comprender, de golpe, qué es la educación. Porque ese día mi hijo se acercó a mí sin tener ninguna necesidad particular. No venía a pedirme de beber, de comer, dormir, vestir, estaba allí y me miraba.
 Yo, entrecruzando su mirada, me he sentido atravesado por una pregunta, leí en aquella mirada una pregunta absolutamente radical; era como si mi hijo me dijese: «Papá, asegúrame que vale la pena venir al mundo. Decime que valía la pena venir al mundo. Decime cuál es tu esperanza, por qué te levantás por la mañana y vas a la cama por la noche. Por qué la fatiga del vivir, la muerte, el dolor, la fidelidad, el sacrificio? Cuál es la razón verdadera por la cual me has puesto en el mundo, para que yo pueda llevar el peso de la vida con dignidad, con esperanza, con fuerza? Acompáñame en esto, es la única cosa que te pido».
 Desde ese día, no he podido más entrar en una clase y entrecruzar la mirada de mis alumnos sin sentir esta pregunta: «Profesor, pero usted, ¿qué espera de la vida?» Está aquí toda la cuestión educativa. Sobre todo el resto se puede ser absolutamente libres.

Franco Nembrini

martes, 5 de marzo de 2013

 

Y entonces, ¿qué esperamos?

sábado, 2 de marzo de 2013

¿Cómo encuentra uno su sueño?


«—¿Por qué ha decidido dedicarse a esta profesión? —Es culpa de mi abuelo. [...] Cuando tenía diez años, mi abuelo me contó una historia... Ese día mi abuelo me explicó que nosotros somos distintos de los animales, que solo hacen lo que su naturaleza les dicta. En cambio, nosotros somos libres. Es el mayor don que hemos recibido. Gracias a la libertad podemos convertirnos en algo distinto de lo que somos. La libertad nos permite soñar y los sueños son la sangre de nuestra vida, aunque a veces cuestan algún azote y un largo viaje. «Jamás renuncies a tus sueños. Nunca tengas miedo de soñar, por mucho que los demás se rían de ti», eso me dijo mi abuelo, «pues si lo haces renunciarías a ser tú mismo». Aún recuerdo los ojos brillantes con que subrayó sus palabras.
—La historia es un puchero lleno de proyectos cumplidos por hombres que alcanzaron la grandeza porque se atrevieron a convertir su sueño en realidad, y la filosofía es el silencio en el que esos sueños nacen. Aunque a veces, lamentablemente, los sueños de esos hombres eran pesadillas, sobre todo para los que sufrieron las consecuencias. Cuando no nacen del silencio, los sueños se vuelven pesadillas. La historia, junto con la filosofía, el arte, la música, la literatura, es la mejor forma de descubrir quién es el hombre. Alejandro Magno, Augusto, Dante, Miguel Ángel... todos ellos hombres que arriesgaron su libertad en el mejor sentido posible y, cambiando ellos mismos, cambiaron la historia. Quizá en esta aula esté el próximo Dante o el próximo Miguel Ángel... Quizá podrías serlo tú. Al profe le resplandecen los ojos mientras habla de las gestas de hombrecillos que se engrandecieron gracias a su sueño, a su libertad. La cosa me alucina, pero me alucina todavía más que yo esté escuchando a ese estúpido.
 —Solo cuando el hombre tiene fe en lograr lo más difícil (eso es un sueño), la humanidad avanza esos pasos que la ayudan a creer en sí misma.»

  «(…)—Verás, Terminator, desde que el Soñador habló del sueño, el tema me vuelve continuamente a la cabeza, como un picor, pero más fuerte. ¿Tú qué deseabas, Terminator, qué querías ser de mayor? Tú solamente puedes ser un perro: comer como un perro, dormir como un perro, mear como un perro y morir como un perro. Pero yo no. Me gusta tener grandes deseos. Un gran sueño. Todavía no sé cuál es, pero me gusta soñar que tengo un sueño. Estar en la cama en silencio soñando con mi sueño. Sin hacer otra cosa. Repasar los sueños y ver cuáles me gustan. ¿Quién sabe si dejaré huella? Solo los sueños dejan huella. (…) Me gusta tener sueños. Me gusta. Pero ¿qué hago para encontrar mi sueño, Terminator? Tú te lo has encontrado ya hecho. Yo no soy un perro. Al Soñador le han bastado un abuelo y una película. A lo mejor tengo que ir más al cine, ya que no tengo abuelo y a la abuela tengo que gritarle cuando le hablo porque no oye y además tiene ese olor a viejo que no aguanto, me hace estornudar. O a lo mejor tengo que leer más libros. El Soñador dice que nuestros sueños están ocultos en las cosas que encontramos realmente, en las que amamos: un lugar, una página, una película, un cuadro... los sueños nos los dan los grandes creadores de belleza. (…) Eso dice el Soñador. No sé bien lo que significa. Pero sé que me gusta. He de intentarlo. Tengo que dejarme aconsejar, aunque no lo creeré demasiado, porque yo tengo los pies en la tierra. Una vida sin sueños es un jardín sin flores, pero una vida de sueños imposibles es un jardín de flores falsas... »

 « —¿Cómo encuentra uno su sueño?»

Alessandro D´Avenia.
Blanca como la nieve roja como la sangre
"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)