"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

lunes, 12 de diciembre de 2011


"Si un Dios se hubiese hecho hombre por mì, le amarìa excluyendo a todos los demàs; habrìa entre èl y yo algo asì como un lazo de sangre, y no tendrìa vida suficiente para demostrarle mi agradecimiento". Barionà.

"Hubo un hombre que vivió en el este hace siglos; hoy, no puedo mirar una abeja o un gorrión, un lirio o un maizal, un cuervo o una puesta de sol, un viñedo o una montaña, sin pensar en él, si esto no es ser divino ¿qué es?" Chesterton.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Como una voz que desde hace mucho tiempo callaba


Dialogos con Leuco de Pavese:
"¿No te has preguntado por qué un instante, semejante a tantos otros del pasado, te vuelve repentinamente feliz, feliz como un dios? Tú mirabas el olivo, el olivo sobre el sendero que has recorrido cada día durante años; llega el día en que el fastidio te deja y tú acaricias el viejo tronco con la mirada, como si fuera un amigo reencontrado y te dijera justo la única palabra que tu corazón esperaba."

"Las cosas que tú dices no tienen en sí mismas ese fastidio de lo que acontece todos los días. Tú das nombres a las cosas que las vuelven distintas, inauditas, y sin embargo queridas y familiares como una voz que desde hace mucho tiempo callaba."

sábado, 26 de noviembre de 2011

Gracias


"Luego me acaricia y el viento vuelve a soplar sobre la barca del cuadro, que avanza con velas desplegadas hacia un puerto que no conozco pero cuya realidad es para mí tan indudable como aquella mano que me ha acariciado. (...) Gracias, por existir. Gracias, porque eres el ancla que me permite no ir a la deriva y porque además eres la vela que me permite surcar los escollos del mar." D´Avenia

viernes, 25 de noviembre de 2011

Eterna presencia


Lo que yo te pido
es que la corpórea
pasajera ausencia
no nos sea olvido,
ni fuga, ni falta:
sino que me sea
posesión total
del alma lejana,
eterna presencia.

Pedro Salinas

viernes, 18 de noviembre de 2011

Había vuelto a ser un niño...


—Dispara no más —dijo Edmundo.

—Bueno, anoche me sentía más desdichado que nunca y esa maldita argolla me estaba lastimando como diablo...

—¿Estás bien ahora?

Eustaquio se rió, con una risa muy diferente a la que Edmundo le oyera antes, y se sacó fácilmente la pulsera de su brazo.

—Aquí está —dijo—, y por mi parte, al que le guste que se quede con ella.

Bueno, como te iba diciendo, yo estaba echado, despierto, y preguntándome qué diablos iría a ser de mí. De pronto... Pero, en realidad, puede que todo haya sido un sueño. Yo no sé.

—Sigue —dijo Edmundo con mucha paciencia. —Bueno, de todos modos, miré hacia arriba y vi lo último que habría esperado: un inmenso león se acercaba a mí lentamente. Y lo raro fue que anoche no había luna, pero había luz de luna donde estaba el león. Se me acercaba cada vez más. Yo le tenía mucho miedo. Seguramente pensarás que, siendo un dragón, fácilmente habría podido dejar fuera de combate a cualquier león. Pero no era esa clase de miedo. No temía que me fuera a comer, simplemente le tenía miedo a él... ¿Me entiendes? Bien, llegó muy cerca mío y me miró fijo a los ojos. Y yo cerré los ojos, bien apretados. Pero no sirvió de nada, porque él me dijo que lo siguiera.

—¿Quieres decir que te habló?

—No lo sé. Ahora que tú lo dices, no creo que lo hiciera. Pero de todas formas me lo dijo. Y yo sabía que tenía que hacer lo que me decía, así es que me puse de pie y lo seguí. Me llevó muy lejos por las montañas. Y siempre había ese claro de luna alrededor del león, dondequiera que fuera. Al final llegamos a la cumbre de una montaña que no había visto jamás, y en la cumbre de esa montaña había un jardín, árboles y frutas, y muchas cosas más. Al medio había una fuente. “Supe que era una fuente, porque vi las burbujas de agua que subían desde el fondo, pero era mucho más grande que la mayoría de las fuentes, como un gran baño redondo, con escalinata de mármol que bajaba al fondo. El agua era tremendamente clara; pensé que si me metía adentro y me bañaba, se calmaría el dolor de mi pata. Pero el león me dijo que antes tenía que desvestirme. La verdad es que no tengo la menor idea si dijo alguna palabra en alta voz o no. Estaba a punto de decir que no podía desvestirme, porque no llevaba ropa, cuando me acordé de que los dragones son una especie de serpientes y que las serpientes botan la piel. ¡Oh!, claro, pensé, eso es lo que el león quiere decir. Y empecé a rascarme, y mis escamas empezaron a caer por todas partes; entonces me rasqué un poco más fuerte y, en vez de ser sólo escamas las que caían por aquí y por allá, toda mi piel comenzó a despellejarse maravillosamente, como ocurre después de una enfermedad, o como si yo fuera un plátano. En un par de minutos simplemente me salí de ella. La pude ver tirada detrás de mí, con un aspecto bastante desagradable. Fue una sensación muy deliciosa. Entonces empecé a bajar a la fuente, para darme un baño. Pero apenas iba a poner mi pie en el agua, miré hacia abajo y vi que estaba tan duro, áspero, arrugado y escamoso como antes.

Está bien —me dije—. Quiere decir que tengo puesta otra vestimenta más ligera bajo la primera, y que también debo sacármela. Así es que comencé a rascarme y a desgarrar esta segunda piel, que se soltó a las mil maravillas, y salí de ella y la dejé tirada al lado de la otra y bajé al pozo para darme mi baño.

“Pero ocurrió exactamente lo mismo. Me dije: 'Ay, Dios mío, ¿cuántas pieles más tendré que sacarme?' Ansiaba bañar mi pata. Me rasqué, pues, por tercera vez, y me saqué una tercera piel tal como las dos anteriores, y salí fuera de ella. Pero apenas me vi en el agua, comprendí que no había servido de nada. Entonces el león me dijo, pero no sé si me habló o no: "Tendrás que dejar que te desvista yo." No te puedo decir el miedo que me daban sus garras, pero ya estaba al borde de la desesperación; así es que simplemente me tendí de espaldas, para dejar que él me desvistiera. El primer desgarrón que hizo fue tan profundo, que pensé que había ido directo a mi corazón. Y cuando empezó a arrancarme la piel, sentí el dolor más grande que he tenido en toda mi vida. Lo único que me dio valor para aguantar fue el placer de sentir cómo se despellejaba esa cosa. Tú sabes... si alguna vez te has sacado la costra de una herida. Duele como diablo, pero es tan divertido ver como sale.

—Entiendo perfectamente lo que quieres decir —dijo Edmundo.

—Bueno —continuó Eustaquio—, entonces el león me sacó esa maldita cosa por completo, tal como yo creía haberme arrancado las otras tres, sólo que ésas no me dolieron, y allí quedó tirada en el pasto, pero mucho más gruesa, más oscura y nudosa que las pieles anteriores. Y allí estaba yo, tan terso y suave como una varilla pelada, y más bajo que antes. Entonces el león me agarró, lo que no me gustó mucho, porque estaba muy delicado por dentro ahora que no tenía una piel encima, y me lanzó al agua. Me ardió muchísimo, pero sólo un momento. Después el agua se volvió deliciosa, y en cuanto empecé a nadar y a chapotear, me di cuenta de que el dolor de mi brazo había desaparecido. Y luego vi por qué. Había vuelto a ser un niño. Seguramente pensarás que soy un farsante si te digo lo que me parecían mis propios brazos. Yo sé que no son musculosos y que dejan bastante que desear si los comparas con los de Caspian, pero estaba tan contento de verlos... Después de un momento el león me sacó del agua y me vistió...

—¿Te vistió? ¿Con sus patas?

—Bueno, no me acuerdo muy bien de esa parte. Pero de una forma u otra lo hizo y con ropa nueva; en realidad, la misma que llevó puesta ahora. Y de repente me encontré de vuelta aquí, lo que me hace pensar que todo ha sido un sueño.

— No, no fue un sueño —dijo Edmundo.

—¿Por qué no?

—Bueno, en primer lugar está la ropa y, en seguida, porque has sido desdragonado.

—¿Qué crees que pasó entonces? —dijo Eustaquio. —Creo que has visto a Aslan —respondió Edmundo.

—¡Aslan! —dijo Eustaquio—. Muchas veces he oído mencionar ese nombre desde que nos embarcamos en el Explorador del Amanecer, y yo sentía, no sé por qué, que lo odiaba. Pero entonces yo odiaba todo. Y a propósito, quisiera disculparme, porque me temo que he sido lo más bruto que hay.

—No importa —dijo Edmundo—. Entre nosotros, te diré que no te has portado tan mal como me porté yo en nuestro primer viaje a Narnia. Tú sólo fuiste un burro; en cambio yo fui un traidor.

—Bueno, mejor no me lo cuentes entonces —replicó Eustaquio—, pero dime, ¿quién es Aslan? ¿Lo conoces?

—Bueno..., él me conoce a mí —dijo Edmundo—. Es el Gran León, el hijo del Emperador de Más Allá de los Mares, que me salvó a mí y salvó a Narnia. Todos lo hemos visto, pero Lucía lo ve más a menudo. Y tal vez es al país de Aslan a donde navegamos ahora.

(...)

Sería acertado, y casi, casi la verdad, decir que “desde ese momento en adelante, Eustaquio fue un niño diferente”. Para ser realmente precisos, comenzó a ser un niño diferente. Tuvo sus recaídas, y aun había muchos días en que se ponía muy pesado. Pero no haré caso de estas cosas. La cura había empezado.


La travesía del explorador del amanecer.

C.S.Lewis

jueves, 17 de noviembre de 2011

El corazón entero del hombre no es más que un grito


De repente, un grito desgarra mi corazón: ¡Socorro! ¿Quién ha gritado? Aúna tus fuerzas y escucha. El corazón entero del hombre no es más que un grito; inclínate sobre tu pecho para oírlo: alguien en ti lucha y llama. Tu deber es escuchar ese grito día y noche, en medio de tus alegrías y de tus dolores, en medio de las necesidades cotidianas; escucharlo con violencia o con calma, según tu naturaleza, riendo o llorando, sumergiéndote en la meditación o en la acción; y esforzarte en comprender al que llama; Y buscar cómo nosotros, los humanos, podemos organizar nuestras fuerzas para venir en su ayuda. Del fondo de nuestro más grande gozo, alguien grita en nosotros: “¡me duele! ¡Quiero arrojarme fuera de tu gozo! ¡Me ahogo!”. Del fondo de nuestra más profunda angustia, alguien grita en nosotros: “¡no me desespero, lucho! Me desarraigo de la coronilla de tu cráneo, me lanzo fuera de la vaina de tu cuerpo y de la de la tierra; ningún cerebro, ninguna acción, ningún nombre podría contenerme!” Del fondo de la más pura virtud, alguien se alza en nosotros desesperado y grita: “¡la virtud es sofocante, el paraíso demasiado estrecho; tu Dios, demasiado parecido a un hombre! ¡yo no quiero nada de eso! Al son de este grito feroz me yergo: por primera vez el bramido de las cavernas se ha articulado en una voz humana en mis entrañas. Se ha vuelto hacia mí y me ha llamado, por mi nombre, por el de mi padre, por el de mi raza. Éste es el instante decisivo. Ésta es la señal: ponte en marcha. Si no has oído esta voz desgárrate las entrañas, no te pongas en marcha. Con paciencia y sumisión, continúa tu servicio al primero, al segundo y al tercer grado de la preparación. Acerca el oído: durante el sueño, durante el amor, durante la embriaguez o la creación, en un momento de heroica abnegación o de profundo silencio, puedes de repente oír el grito y ponerte en marcha. Hasta ese instante, mi corazón ascendía y descendía con el Universo. Pero tan pronto como percibí el Grito, mis entrañas y el Universo se han escindido en dos campos. Alguien en mí está en peligro; alza los brazos y grita: ¡Sálvame! Alguien en mí asciende, vacila y grita: ¡socorro! ¿Cuál de los dos caminos eternos hay que escoger? Siento bruscamente que de mi decisión depende mi vida; que de mi decisión depende la vida del Universo. Escojo el camino que asciende. ¿por qué? Lo hago sin lógica, sin certidumbre, porque yo sé cuán impotentes, en esos momentos capitales, son el cerebro y las estrechas certidumbres de los hombres. Escogí el camino que sube, porque es hacia lo alto donde me empuja mi corazón. ¡Más alto, más alto, más alto!, grita mi corazón, y yo lo sigo confiadamente. Siento que es esto lo que exige el Grito original. Yo salto a sus lados y confundo mi suerte con la suya. Alguien en mí se esfuerza en levantar un peso y hacer saltar la carne y el espíritu, para triunfar de la pereza, de los hábitos y de la necesidad. Ignoro de dónde viene y a dónde va. En mi frágil pecho, acecho su marcha, oigo su jadeo y tiemblo a su contacto. ¿Qué es esto? Acerco el oído; coloco jalones, olfateo el viento, subo titubeando y jadeando tras el Desconocido. La terrible Marcha mística comienza.

(...) Yo no soy la luz, soy las tinieblas; pero una llama brota del fondo de mis entrañas y me devora. Yo soy la noche que es devorada por la llama

Niko Kazantzaki. Ascesis.

martes, 15 de noviembre de 2011

¿Existe un amor que sea para siempre?



«No consigo concentrarme en nada. Mi sueño se está desmoronando como un castillo de arena cuando sube la marea y lo reduce a escombros de apenas unos centímetros de alto. Mi sueño se ha vuelto blanco, porque Beatrice tiene un tumor. El Soñador dice que tengo que plantear las preguntas oportunas para descubrir mi sueño. ¡Pues probemos con esta mierda de leucemia! ¿Qué coño pintas tú entre mi vida y la de Beatrice? ¿Por qué envenenas la sangre de una vida tan llena que no ha hecho sino empezar? No hay respuesta a estas preguntas. Es así y punto. Y si es así, no sirve soñar (…) Yo con los pies piso el suelo y pisoteo los sueños. El Soñador dice que los sueños tienen que ver con las estrellas: de + sidera, que en latín significa «estrella». ¡Mentiras! La única manera de ver las estrellas no consiste en desear, sino en hacerse daño...»

«No quiero tocar. No quiero comer. No quiero hablar.(…) Por fin he encontrado la manera de defenderme de este escorpión venenoso que es la realidad. Odiar es el único modo de ser más venenoso que el escorpión. Un odio veloz como el fuego que devora el papel y la paja, un odio que quema todo lo que toca, y que cuanto más toca, más se aviva. Ser malo. Estar solo. Ser fuego. Ser hierro. Esta es la solución. Destruir y resistir.»

«Doy un portazo y regreso a mi cuarto. Subo la música hasta hacer temblar las ventanas, para que todos me oigan y nadie me pueda hablar. Quiero encerrarme en una casa de ruido, porque hoy esta en la que vivo no es mi casa. (…) Subo la música y la letra de Numb está a punto de hacer trizas los cristales de las ventanas, para que todos me oigan. De pronto mamá grita: —¡Leo, baja el volumen, no puedo hablar por teléfono! Es justo lo que busco, pero tú no te enteras y crees que me gusta escuchar esta mierda de música a todo volumen. ¿O quieres que todo me dé igual? Lo único que pretendo es saturar con mi ruido este mundo provisto de tapones en los oídos.»

«Silencio blanco. Pero ¿por qué me da por buscar la soledad y cuando me hundo en su blanco sin asideros me aterroriza? ¿Por qué quiero que alguien me lance un salvavidas pero no hago nada por agarrarle la mano? Puede que algún día llegue a saber para qué valgo y cuáles son mis sueños, pero ¿alguna vez sabré ser algo distinto de un náufrago que no se deja ayudar? »

«Hay tardes en que mi cuarto, que es mejor que Eurodisney y Gardaland juntos, me parece un desván de cosas apagadas. ¿De qué vale la vida si después llega la muerte? Y lo que hay después de la muerte me da miedo. Y aún me da más miedo que después no haya nada. Y me da miedo Dios, que es omnipotente. Y me dan miedo el mal y el dolor. Y me da miedo la enfermedad de Beatrice. Y me da miedo quedarme solo. Y todo este blanco de mierda... Así que telefoneo a Niko, pero Niko está jugando al fútbol y yo no puedo ir. Entonces telefoneo a Silvia, pero Silvia no está en casa. La llamo al móvil: está desconectado. Le dejo un mensaje: «Llámame cuando puedas». Silvia, [...] Tengo miedo, Silvia. Tengo un jodido miedo de todo. Tengo miedo de no llegar a nada en la vida. Tengo miedo de que Beatrice muera. Tengo miedo de no tener a nadie a quien poder llamar por teléfono. Tengo miedo de que tú me dejes. Estoy en mi cuarto y dentro solo hay cosas mudas. Nadie con quien hablar. Los libros están mudos, porque resulta que además no hay ningún Soñador que me explique nada o me convenza de que me podrían gustar. Los cómics están mudos, a pesar de sus colorines. El equipo de música está mudo, porque no tengo ganas de encenderlo. El PC está mudo, porque esa pantalla tan profunda que puede contener el mundo entero, si la miras de perfil no es más que una pantalla plana. [...] soy un náufrago en medio de un océano de soledad. [...] Silvia, llámame, por favor. He desembarcado en una isla desconocida. Busco algo que me ayude a sobrevivir»

«Mi sueño es como esas cometas que hacía con papá de pequeño. Meses de preparación y luego nunca volaban. Una sola vez una cometa roja y blanca levantó el vuelo, pero el viento soplaba con tanta fuerza que la cuerda me cortaba la mano y a causa del dolor la solté. Beatrice se está yendo así, arrastrada por el viento. Intento retenerla, pero el dolor que causa la cuerda que la ata a mi corazón se hace cada vez más intenso... »

"Espero dos cosas: que alguien me salve o sencillamente que el mundo acabe en este momento."

Blanca como la nieve, roja como la sangre. Alessandro D´Avenia.

martes, 8 de noviembre de 2011

Como una Estrella






"Ángel- ¿No has sido para él, siempre, como una estrella?
Proeza- Lejana.
Ángel- Conductora.
Proeza- No soy más que una brasa bajo la ceniza.
Ángel- ¡te haré una estrella flameante en el soplo del Espíritu Santo!
Proeza- Adiós, entonces, tierra. Adiós mi bienamado. Rodrigo, Rodrigo. Adiós para siempre.
Ángel- ¿Por qué adiós cuando estarás más cerca de él de lo que estás ahora?
Proeza- ¿Pero me deseará todavía?
Ángel- Ya no podrá desearte sin desear al mismo tiempo el lugar en que te halles."
El zapato de raso.
Paul Claudel.

Emergencia de Belleza


“En un mundo sin belleza -aunque los hombres no puedan prescindir de la palabra y la pronuncien constantemente, si bien utilizándola de modo equivocado-, en un mundo que quizá no está privado de ella pero que ya no es capaz de verla, de contar con ella, el bien ha perdido asimismo su fuerza atractiva, la evidencia de su deber-ser realizado; el hombre se queda perplejo ante él y se pregunta por qué ha de hacer el bien y no el mal. [...] En un mundo que ya no se cree capaz de afirmar la belleza, también los argumentos demostrativos de la verdad han perdido su contundencia, su fuerza de conclusión lógica. [...] Y si esto ocurre con los trascendentales, sólo porque uno de ellos ha sido descuidado, qué ocurrirá con el ser mismo? Si Tomás consideraba al ser como "una cierta luz" del ente, no se apagará esta luz allí donde el lenguaje de la luz ha sido olvidado y ya no se permite al misterio del ser expresarse a sí mismo? [...] El testimonio del ser deviene increíble para aquel que ya no es capaz de entender la belleza."
HANS URS VON BALTHASAR, Gloria. Una estética teológica. 1. La percepción de la forma, Madrid,
Encuentro, 1986, 23-24.

domingo, 30 de octubre de 2011

miércoles, 26 de octubre de 2011

Hay días...


"Pienso que has debido ser recibida a tu llegada por una carta desalentadora. ¡ Qué quieres! , hay dias en que quiero ser joven, alegre, simple, idílico y otros en que siento la necesidad de dejarme invadir por la grandeza de lo trágico y de la soledad de todo lo que pasa. Cuando estoy poseído de unos sentimientos, condeno a los otros, e inversamente; pero en el fondo los dos tipos son ricos, los dos necesarios. Mientras que no estemos en la luz hemos de resignarnos a esta pobre sucesion y estos eternos comienzos de Viernes Santo y de Pascua. Y a los amigos no debemos ocultarles los dias del calvario, so pena de privarles de la mitad de nosotros mismos. Por esto te he descrito con tanta sencillez mi domingo." Mounier

miércoles, 19 de octubre de 2011

El principio de una vida nueva...


‎"Y mientras ese mar me mece, sonrío con la sonrisa perfecta, que solo sale cuando el amor es perfecto. Mi sonrisa dice sin palabras que cuando empiezas a vivir de verdad, cuando la vida nada en nuestro amor rojo, cada día es el primero, cada día es el principio de una vida nueva." Alessandro D´Avenia

jueves, 13 de octubre de 2011

Cuando tú me elegiste



Cuando tú me elegiste
-el amor eligió-
salí del gran anónimo
de todos, de la nada.
Hasta entonces
nunca era yo más alto
que las sierras del mundo.
Nunca bajé más hondo
de las profundidades
máximas señaladas
en las cartas marinas.
Y mi alegría estaba
triste, como lo están
esos relojes chicos,
sin brazo en que ceñirse
y sin cuerda, parados.
Pero al decirme: “tú”
a mí, sí, a mí, entre todos-,
más alto ya que estrellas
o corales estuve.
Y mi gozo
se echó a rodar, prendido
a tu ser, en tu pulso.
Posesión tú me dabas
de mí, al dárteme tú.
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo?
Sé que te volverás
atrás. Cuando te vayas
retornaré a ese sordo
mundo, sin diferencias,
del gramo, de la gota,
en el agua, en el peso.
Uno más seré yo
al tenerte de menos.
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida.

Pedro Salinas

martes, 11 de octubre de 2011

a Ti


«... Acúdeme también ahora, y líbrame ya de mis terribles congojas, cúmpleme que logre cuanto mi ánimo ansia...»
Safo

martes, 4 de octubre de 2011

hasta que tu Belleza y tu Pobreza llenaron el otoño de regalos...


Soneto XXV de Pablo Neruda

Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.
Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.
Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,
todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Hay días...



"Pienso que has debido ser recibida a tu llegada por una carta desalentadora. ¡ Qué quieres! , hay dias en que quiero ser joven, alegre, simple, idílico y otros en que siento la necesidad de dejarme invadir por la grandeza de lo trágico y de la soledad de todo lo que pasa. Cuando estoy poseído de unos sentimientos, condeno a los otros, e inversamente; pero en el fondo los dos tipos son ricos, los dos necesarios. Mientras que no estemos en la luz hemos de resignarnos a esta pobre sucesion y estos eternos comienzos de Viernes Santo y de Pascua. Y a los amigos no debemos ocultarles los dias del calvario, so pena de privarles de la mitad de nosotros mismos. Por esto te he descrito con tanta sencillez mi domingo." Mounier

jueves, 29 de septiembre de 2011

Llévame contigo


"Para mantenerme siempre fiel a mí misma hago el siguiente voto: de hoy en adelante y durante el resto de mi vida prometo mirar siempre el mundo con asombro" Llévame contigo. David Grossman

"`¿Soñando?`La monja dio un respingo, como si se hubiera encontrado con un amigo en un lugar en el que todos le eran desconocidos. `Pero ¿realmente soñando? ¿y además recibiendo un salario? ¡Mira si estás platicando! ¿quién ha dicho que tú no sabes meldar cosas interesantes? ¿y qué sueñas? Cuenta`. Y entrechocó las rodillas como muestra de alegría. Asaf estaba muy turbado y le explicó que no es que soñara exactamente, sólo así, despierto, pensaba en todo tipo de cosas... `Pero ¿en qué cosas? ¡Esa es la cuestión!`, dijo la monja, abriendo sus rasgados ojos, en los que algo definitivamente diabólico se agitaba ahora. Su rostro expresaba una seriedad y un interés tan profundos, que Asaf, completamente confundido, se quedó mudo, porque ¿qué iba a contarle? (...) Se quedó mirándola mientras los ojos oscuros de ella seguían clavados en los labios de él esperando sus palabras, y en un instante de locura pensó en contárselo un poco, ¿por qué no?, pensó, por divertirme, porque de todos modos no va a entender nada de todo eso, miles de años luz separan mi mundo del suyo, pero la monja le dijo: `¿y ahora qué te sucede? ¿has vuelto a quedarte mudo, amigo? ¿has perdido de repente la facultad de hablar? ¡No debes silenciar lo que ya has empezado a contar!`.
Asaf Balbuceó que se trataba simplemente de una historia muy tonta. `No, no, no´, protestó la mujer batiendo palmas. `No hay historia que sea tonta. Sábete que todo lo que se cuenta llega a juntarse en algún punto a una gran verdad, aunque aparentemente nos resulte incomprensible!" Grossman.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

«La Sagrada Familia hace desear a lo grande»


Paola Ronconi
08/09/2011

Movidos por la belleza. Es lo que les sucede a las muchas personas que cada día visitan la Sagrada Familia de Barcelona. Y es también lo que los responsables de la exposición sobre la basílica catalana querían comunicar a través de un recorrido por los paneles instalados en el Parque del Retiro de Madrid durante la Jornada Mundial de la Juventud. “Moved by Beauty” ha sido para muchos jóvenes una parada inesperada en el camino, una visita visual que les ha permitido conocer un lugar fascinante del cristianismo español.
La idea del cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y responsable del comité organizador de la JMJ, era mostrar a los peregrinos la devoción española, su catolicidad. «Cuando nos llamaron de la secretaría de la JMJ para encargarnos la preparación de una de las exposiciones, aún no lo teníamos todo muy claro, pero sí que queríamos comunicar la fascinación que hemos experimentado nosotros», explica Chiara Curti, arquitecta y comisaria de la exposición. «Junto a otros amigos, organizamos algunas visitas guiadas a Barcelona para ver la obra de Antoni Gaudí. Vivir junto a la Sagrada Familia despierta el deseo a lo grande, no sólo por sus dimensiones sino por aquello a lo que su arquitectura remite continuamente. Así que nos dijimos: mostremos qué es lo que sucede cuando uno está delante de esta belleza».
El grupo de organizadores, entre ellos Carmen Giussani, directora de Huellas y miembro del comité científico, se reunió con los responsables de la construcción de la catedral: con José Manuel Almuzara, presidente de la Asociación pro-Beatificación de Gaudí y arquitecto; con Jordi Faulí, también arquitecto y co-director de la obra del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia; y con Etsuro Sotoo, escultor que continúa la obra del genio catalán. Un encuentro que podía haber quedado reducido a una formalidad, pero sin embargo «nos bastó con seguir el hilo que el Señor había puesto en nuestras manos», cuenta Diego Giordani, para que el resultado fuera completamente distinto a algo formal; al contrario, lo que allí comenzó fue la pasión por entender bien la obra de Gaudí. «Cuanto más avanzábamos, más conscientes éramos de que estábamos recorriendo un camino que no era nuestro». Ese misterioso hilo ha hecho que de aquellas relaciones formales naciera una amistad fraterna. «El trabajo sobre la exposición ha permitido incluso a los “adictos al trabajo” entrar aún más en lo que Gaudí tenía en mente. El propio arzobispo de Barcelona, el cardenal Martínez Sistach, cuya opinión era para nosotros muy importante, pues es el presidente del templo expiatorio, vino hasta el Parque del Retiro y estuvo mucho tiempo con nosotros, conmovido por lo que estaba viendo», relata Chiara.
Las cinco partes de la exposición describen lo que les sucede a muchos de los visitantes de la Sagrada Familia. «Todo empieza con un fiat, con la disponibilidad para ponerse delante de la realidad. Como la Virgen: acepto que pueda sucederme algo», explica Chiara. «Misterium: te das cuenta de que hay multitud de detalles que hablan del todo (como las particularidades arquitectónicas de la iglesia) y te ofrecen la posibilidad de entrever el destino grande al que estás llamado en medio de la banalidad de cada día. Kefas, el nombre que Jesús dio a Pedro. Uno se siente llamado y hasta tu nombre cambia porque ya no eres la misma persona que antes. Ora et labora: apenas eres llamado, tienes el deseo de hacer algo, de ponerte manos a la obra. De hecho, muchos visitantes nos pedían trabajar con nosotros. Ninguno quedaba indiferente. Se iban con el deseo de contárselo a todo el mundo: sursum corda, con el corazón levantado hacia el cielo uno se hace misionero». Las 70.000 visitas pueden decir hasta qué punto la Sagrada Familia «tiene vida propia, puede construir al hombre», como dice Etsuro Sotoo.
Durante los días de la JMJ, en la exposición se podía ver un video en el que aparecen personas impresionadas por la belleza y el significado del templo expiatorio, gente que ha sabido abrir los ojos y el corazón delante de esta obra arquitectónicca, como el padre Aldo Trento, Marcos y Cleuza Zerbini. El video propone algunas secuencias de la consagración del altar que Benedicto XVI celebró en noviembre del año pasado. Y para terminar, un invitado insólito: Bono, de U2, que canta Amazing Grace ante la tumba de Gaudí, en la cripta, durante su visita, en junio de 2009.


El video se puede ver aquí

viernes, 9 de septiembre de 2011

Nostalgia de Ti... ¿podrías acariciarme otra vez?


"Hay tardes en que mi cuarto, que es mejor que Eurodisney y Gardaland juntos, me parece un desván de cosas apagadas. ¿De qué vale la vida si después llega la muerte? Y lo que hay después de la muerte me da miedo. Y aún me da más miedo que después no haya nada. Y me da miedo Dios, que es omnipotente. Y me dan miedo el mal y el dolor. Y me da miedo la enfermedad de Beatrice. Y me da miedo quedarme solo. Y todo este blanco de mierda...
Así que telefoneo a Niko, pero Niko está jugando al fútbol y yo no puedo ir. Entonces telefoneo a Silvia, pero Silvia no está en casa. La llamo al móvil: está desconectado. Le dejo un mensaje: «Llámame cuando puedas».
Silvia, ¿podrías acariciarme como la otra vez? Tengo miedo, Silvia. Tengo un jodido miedo de todo. Tengo miedo de no llegar a nada en la vida. Tengo miedo de que Beatrice muera. Tengo miedo de no tener a nadie a quien poder llamar por teléfono. Tengo miedo de que tú me dejes.
Estoy en mi cuarto y dentro solo hay cosas mudas. Nadie con quien hablar. Los libros están mudos, porque resulta que además no hay ningún Soñador que me explique nada o me convenza de que me podrían gustar. Los cómics están mudos, a pesar de sus colorines. El equipo de música está mudo, porque no tengo ganas de encenderlo. El PC está mudo, porque esa pantalla tan profunda que puede contener el mundo entero, si la miras de perfil no es más que una pantalla plana. Y te preguntas cómo consigue contener tanto mundo, tanto mar, con lo plana que es. Hoy todo está mudo en mi cuarto. Pero no quiero huir. Quiero resistir. Hoy en mi cuarto la tristeza entra a oleadas. Trato de atajarla con una esponja. Doy risa. Resisto unos minutos, luego el miedo asciende, y soy un náufrago en medio de un océano de soledad.
Floto en un desierto completamente blanco: una enorme habitación blanca insonorizada, en la que no se distinguen ni los rincones de las paredes. No sabes dónde está la parte de arriba ni la de abajo, la derecha ni la izquierda... grito, pero todos los sonidos son devorados. De mi boca salen palabras ya podridas. Silvia, llámame, por favor.
Cuando me despierto son las cuatro y el miedo está más lejos, por la sencilla razón de que estoy completamente agilipollado. He desembarcado en una isla desconocida. Busco algo que me ayude a sobrevivir. Los pósters de mi cuarto me miran. Luego veo la carta. Tengo que llevársela a Beatrice. Hay dos problemas. La carta está demasiado estropeada, parece el borrador del borrador de mis apuntes, así que tengo que reescribirla, pero con la zurda no puedo." Blanca como la nieve roja como la sangre. Alessandro D`Avenia.

lunes, 22 de agosto de 2011


"Pero ¿cómo vivir en paz si en el mundo reina el desacuerdo, si todo el mundo yace en el mal? Antes que todo no hay que creer en este mal, como si fuera algo inmutable. Al contrario, el mal es algo falso y mutable. No es eso el sentido del mundo." En "Los principios espirituales de la vida".Solov´ëv

domingo, 14 de agosto de 2011

Una propuesta a la altura de sus deseos


Los jóvenes y el corazón
José Luis Restán • Vía Páginas Digital

Un estudiante de un instituto madrileño polemiza agriamente con su profesor que anuncia a la clase un examen para el lunes siguiente. "Profesor, tú no puede poner examen el lunes, los fines de semana son nuestro tiempo y lo necesitamos para descansar". Una semana después, este alumno participaba en una manifestación convocada por el colectivo "Jóvenes sin futuro", que reclamaba al "Sistema", "Casa, curro y jubilación". La manifestación acabó con fuertes enfrentamientos con la policía.

Un joven estudiante de Políticas hace campaña en su Facultad para que sus compañeros se trasladen a la acampada en la Puerta del Sol. Se dice anarquista y profesa en voz alta que acude allí porque al fin va a poder llevarse a cabo "la revolución". Al cabo de unos días ha tornado a clase, y una compañera con la que había polemizado duramente le pregunta por qué abandonó la acampada. "Porque aquello no es la revolución, estoy harto y desencantado". La compañera le pregunta en qué debería consistir entonces su ansiada revolución, y él responde: "no lo sé, tiene que ser algo que tenga que ver conmigo, que empiece dentro de mí".
Una joven experimenta una profunda tristeza en su relación con las cosas. Nada le basta: ni la relación con el novio, ni el descubrimiento de nuevos conocimientos en su carrera, ni la belleza del arte para el que está excepcionalmente dotada. Siempre falta algo. Algunos compañeros le dicen que se tranquilice y se divierta, que ya pasará esa melancolía. Pero hay un amigo que afirma que esa tristeza es signo de que está bien hecha, de que nada puede calmar su sed, porque es sed del Infinito. Ella le da crédito, pero le advierte: espero que al final haya respuesta, porque si no, no tendría sentido mantener abierta esta herida.
Son tres historias que conozco de primera mano y que nos hablan del corazón de los jóvenes, de la cultura que les envuelve, de su camino y de sus extravíos. Después volveré sobre ellas. Ahora quisiera partir de lo que dice Benedicto XVI en su Mensaje de invitación para la ya próxima JMJ de Madrid 2011.



El corazón de los jóvenes
"Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes... Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza... Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente".
El Papa señala aquí un punto importante: el tiempo de la juventud no tiene que ser mitificado; es interesante porque en él se hacen especialmente vivas y transparentes las exigencias de lo humano. La fortaleza, la sencillez-ingenuidad de la juventud, son armas para que despunte con claridad lo humano. Al revés de cuanto se dice a veces, la madurez no consiste en poner orden al caos de la juventud, no consiste en moderar el exceso del deseo juvenil: consiste (ojala que así sea) en la verificación de la verdad que la juventud intuía, está llamada a ser el cumplimiento de la promesa que en la juventud resplandecía. Y cuando no es así, maduro se convierte en sinónimo de cínico, y ese es l fracaso de lo humano.
"Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza", recuerda el Papa. "Sentíamos el anhelo de lo que es realmente grande". No se trata de otra cosa. Ahí reside el corazón de la juventud, promesa de la verdad de lo humano.



Una cultura que aplana el deseo

Ahora bien, una cultura, una civilización, se mide por la capacidad de mantener vivo este corazón, de ofrecerle cauce y perspectiva para que realice su propio dinamismo. Desgraciadamente hoy, la cultura dominante en occidente no ayuda en este camino, más bien diríamos que tiende a aplanar el deseo cuando no asfixiarlo, mientras ofrece una panoplia inmensa de entretenimientos y di-versiones para que el sujeto, especialmente el joven, esté siempre fuera de sí. Y así sucede lo que Don Luigi Giussani describía en los años 80: "es como si los jóvenes hubiesen sido alcanzados... por la radiaciones de Chernobyl, el organismo es estructuralmente el mismo de antes, pero dinámicamente ya no es el mismo,.... como si estuvieran descargados afectivamente (sin energía para adherirse a la realidad).
Este drama lo han descrito también autores laicos como el crítico literario Pietro Citati: "Hoy día los jóvenes no saben quiénes son, tal vez no quieren saberlo... se detienen ante un umbral que quizás no se abrirá nunca... no desean actuar, prefieren quedarse pasivos", Y el famoso director de La Reppublica, Eugenio Scalfari, añadía: "la herida en estos jóvenes ha sido el aburrimiento, el aburrimiento invencible, el aburrimiento existencial que ha matado el tiempo y la historia, las pasiones y las esperanzas".
Efectivamente, si el hombre no encuentra la respuesta a esa sed que le constituye (o al menos una pista para perseguirla), todo se vuelve relativo y opinable, nada es capaz de atraerle... y eso es lo que documenta el misterioso letargo y el aburrimiento invencible. Podríamos decir que el fruto existencial del relativismo es esta desconexión de la realidad, este aburrimiento y desinterés que se constata fácilmente hablando con padres y maestros (siempre que se superen, claro está, los discursos formales). Naturalmente, de ese desinterés no está excluida, como vemos frecuentemente, la fe cristiana.
Pero dejemos claro que las crisis de los jóvenes son crisis de adultos: los adultos que han generado la cultura en la que están inmersos los jóvenes y los adultos que les han educado. Nuestros jóvenes han crecido en un clima marcado por la desconfianza sobre el significado y el valor de la persona, sobre su origen y su destino. Y además han vivido un tremendo déficit educativo, en la familia, en la escuela, en la sociedad como conjunto... también, en buena medida, en sus comunidades cristianas de referencia, cuando las han tenido.



Vías de escape
Ante este clima, evidentemente insatisfactorio, existen respuestas muy dispares. Existe, aunque atenuada por los fracasos cosechados al final del siglo pasado, la respuesta de las ideologías. Y no se puede descartar una nueva oleada. El hombre necesita siempre una hipótesis de respuesta a la esperanza que lleva inscrita en el corazón, como describe magistralmente Benedicto XVI en la Spe Salvi. Las ideologías salvadoras que pretendieron arrogarse esa respuesta, han dejado un rastro tremendo de destrucción, pero cuidado: la memoria es frágil y un contexto de crisis social, económica y moral puede ser el caldo de cultivo para que rebroten aunque sea con la piel cambiada. Por eso hacer memoria de la inhumanidad de estos sistemas y de su sinrazón, sigue siendo necesario hoy. Pensemos además que la ignorancia juvenil al respecto, es clamorosa, aumentando así la vulnerabilidad.
Existe la ilusión de una suerte de comunidad virtual de relaciones blandas que proporciona un cierto paraguas afectivo (típico de la sociedad virtual), una sensación de compañía que enmascara la soledad fundamental que tiene lugar cuando no hay un juicio compartido, cuando no tiene lugar una narración de la propia experiencia que se mide con los demás.
Existen por supuesto las vías de escape de la droga y el placer desenfrenado, la gran escapada de un mundo que no se entiende ni se ama, que resulta huraño y sin sentido y del que sólo se puede esperar algún goce desenfrenado y limitar al máximo el dolor, aunque a la larga esto sea imposible.
Pero estas y otras respuestas sólo consiguen ahondar el problema: la confusión tremenda del yo, la incapacidad de situarse en el mundo, la aridez de las relaciones, la charlatanería vacua, la soledad y una violencia latente (fruto de una rebeldía ciega) que es ya un rasgo social de ciertas franjas juveniles.



Un desafío para la Iglesia

Naturalmente para la Iglesia todo esto constituye un desafío de primera magnitud, que me propongo abordar en este momento. Lo haré partiendo de un diálogo que Benedicto XVI mantuvo con los jóvenes en 2007 durante su visita a la ciudad de Génova. Uno de ellos le plantea lo siguiente: "nos falta un centro, un lugar, o personas capaces de darnos una identidad; a menudo nos sentimos en la periferia de la historia, sin perspectivas y por tanto sin futuro; parece que aquello que esperamos no sucede nunca. Santidad ¿hay algo que nos permita llegar a ser importantes?"
En esta pregunta ciertamente inteligente, despuntan varias cuestiones. Aquí resuena el deseo de "ser protagonistas" (quizás esto tenga que ver con el deseo de esa revolución difusa de uno de los jóvenes a los que refería al principio), en un contexto en el que cada individuo parece ser una pieza anónima de un gran mecanismo que manejan los diversos poderes económico, político, mediático-cultural. Está también la sensación de orfandad, de no pertenecer a un lugar ni a una tradición, de ser una barca en ese mar confuso de la red social. Está la denuncia de una dramática falta de maestros (y de padres) con los que poder medirse. Y está la inquietante duda sobre si la espera del corazón se cumplirá, ya que aquello que esperamos "no sucede nunca". La misma inquietud que embargaba a la chica de la tercera historia que comentaba al principio.
Y Benedicto XVI coge al vuelo este desafío y despliega una respuesta originalísima. El Papa arranca de la contraposición centro-periferia que había planteado este joven, y afirma que la gran tarea para este momento es generar centros vitales en esa periferia nebulosa en que se mueve la vida de la gente.
El problema, señala el Papa, es que las células vitales de la sociedad, llamadas a construir "centros" en la periferia, están en peligro, no cumplen suficientemente su función. La familia, la parroquia, las asociaciones civiles, los movimientos.... deberían ser lugares de encuentro donde se aprende a vivir, donde se hace experiencia de las virtudes esenciales. Es preciso reconstruir esta red de centros vitales en la periferia, en la confusión de nuestras sociedades complejas. Centros de fe, de esperanza, de amor y solidaridad, donde crezca el sentido de la justicia y de la cooperación.
Necesitamos el coraje de construir esos centros, apunta el Papa, que se oponen a la disolución del yo, que le permiten el encuentro con los otros, y que son un auténtico lugar educativo, donde cada uno descubre su propio rostro y se hace protagonista. ¿Y cómo puede suceder esto? Sólo si en estos lugares el cristianismo se reconoce como una vida que se puede experimentar, como el cumplimiento de la promesa de verdad, justicia, belleza y unidad, que cada uno reconoce en su propio corazón.



Hablarles al corazón. Una propuesta a la altura de sus deseos
Eso implica en primer lugar que esa propuesta (la fe de la Iglesia vivida dentro de las circunstancias) se arriesgue a medirse con las preguntas y los deseos del joven. Recientemente ha dicho el Papa a la diócesis de Roma que es necesario "recorrer este camino que permite descubrir el Evangelio no como una utopía, sino como la forma plena y real de la existencia". Y la existencia significa el amor por una chica, el deseo de trabajar, los contenidos del estudio, la preocupación por la ciudad común, el temor al futuro... Mostrar que en cada una de esas facetas, la fe es la forma plena y real de la existencia, la única que está a la altura de los deseos del corazón del hombre, es absolutamente necesario para que el cristianismo sea algo relevante, algo que no barrerá el viento de la vida con sus fracasos y dolores.
Y esto implica estar dispuestos a correr el riesgo de medir la propuesta cristiana con la razón y con la libertad de los jóvenes, en un diálogo que puede ser (mejor, ¡que siempre es!) dramático y que requiere tiempo. Para eso no necesitamos un sistema o una organización, lo que necesitamos es un testigo: alguien cuya vida haya sido cambiada por el encuentro cristiano, alguien que "pertenece" a la comunidad de la Iglesia y que se "expone", dando razón de su experiencia frente al que tiene delante. Como decía el joven que interpelaba al Papa "nos faltan personas capaces de darnos una identidad". Esa personaes el testigo, y sin ella no hay propuesta ni educación, sin testigos esos espacios (familia, parroquia, escuela, comunidad) no serán "centros en la periferia". Y por eso aunque muchos pasan por allí, sus vidas no cambian.
Lo que puede vencer al relativismo no es un discurso correcto ni tampoco una mera propuesta de cambio moral. Lo que vence al relativismo (de los jóvenes y de los adultos) es el encuentro con la Verdad hecha carne, con la fascinación y la correspondencia de Cristo presente en la vida de la Iglesia. Una vida que no se reduce a doctrina, a moral o a prácticas de piedad. Es una vida-vida: "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante", dice Jesús en el Evangelio.
Tenemos que aceptar el riesgo de confrontar la propuesta cristiana (en toda su extensión y profundidad) con la libertad y la razón de los jóvenes. Y no basta con un enunciado, se trata de acompañar a los jóvenes en la verificación de la conveniencia humana de la fe. Precisamente lo que provoca el desapego y la irrelevancia, es la falta de esta verificación: que viviendo la fe sabré querer cien veces más a la chica de la que estoy enamorado, podré disfrutar cien veces más de lo que estudio, podré mantener cien veces más el impulso por construir una ciudad más hospitalaria y digna del hombre, podré afrontar cien veces mejor el vértigo de la enfermedad y del dolor. Porque el cristianismo es un plus de humanidad, porque como repite incansable Benedicto XVI, "Dios no quita nada, lo da todo".
En ese mismo diálogo con los jóvenes de Génova, Benedicto XVI decía que "la fe crea una compañía de personas en camino.... en la que, no obstante todos los problemas, nace la alegría de vivir". Yo he asistido, (¡asisto todavía!) al espectáculo de esa compañía de personas en camino. En camino por las circunstancias de la vida personal y de la historia, y por tanto nunca es un camino de rosas. Así la vida adulta se convierte en la verificación madura de los ideales de la juventud, en lugar de ser la playa a la que llegan los desechos de nuestros sueños. La "victoria" de la fe se juega en esta dramática disyuntiva. Porque no invitamos a los jóvenes a venir para otra cosa, sino para hacer este camino que les lleve a descubrir la verdad de su propia vida: que el deseo de su corazón no es una broma pesada, sino la huella imborrable que ha dejado el Dios que es razón creadora y amor definitivo. Un Dios que se puede encontrar por los caminos del mundo, como lo encontraron aquellos galileos hace más de dos mil años.

jueves, 4 de agosto de 2011

Pensar que estamos todavía en la misma historia ¿Las grandes historias no terminan nunca?


"Yo no me fiaría demasiado -dijo Sam-, a menos que me estuviese muriendo
de sed. Hay una atmósfera maligna en este sitio. -Husmeó el aire.- Y un olor, me
parece. ¿No lo siente usted? Un olor muy raro, como a encierro. No me gusta.

-A mí no me gusta nada de aquí: piedra y viento, hueso y aliento. Tierra, agua,
aire, todo parece maldito. Pero es el camino que nos fue trazado.

-Sí, es verdad -dijo Sam-. Y de haber sabido más antes departir, no
estaríamos ahora aquí seguramente. Aunque me imagino que así ocurre a
menudo. Las hazañas de que hablan las antiguas leyendas y canciones, señor
Frodo: las aventuras, como yo las llamaba. Yo pensaba que los personajes
maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían
tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio la vida era un tanto aburrida: una
especie de juego, por así decir. Pero con las historias que importaban de veras, o
con esas que uno guarda en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los
protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi
siempre ya tenían los caminos trazados, como dice usted. Supongo que también
ellos, como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo
que no la aprovecharon. Quizá, pues, si la aprovecharan tampoco lo sabríamos,
porque nadie se acordaría de ellos. Porque sólo se habla de los que continuaron
hasta el fin... y no siempre terminan bien, observe usted; al menos no de ese
modo que la gente de la historia, y no la gente de fuera, llama terminar bien.
Usted sabe qué quiero decir, volver a casa, y encontrar todo en orden, aunque no
exactamente igual que antes... como el viejo señor Bilbo. Pero no son ésas las
historias que uno prefiere escuchar, ¡aunque sean las que uno prefiere vivir! Me
gustaría saber en qué clase de historia habremos caído.

-A mí también -dijo Frodo-. Pero no lo sé. Y así son las historias de la vida
real. Piensa en alguna de las que más te gustan. Tú puedes saber, o adivinar,
qué clase de historia es, si tendrá un final feliz o un final triste, pero los
protagonistas no saben absolutamente nada. Y tú no querrías que lo supieran.

-No, señor, claro que no. Beren, por ejemplo, nunca se imaginó que conseguiría el Silmaril de la Corona de Hierro en Thangorodrim, y sin embargo lo consiguió, y era un lugar peor y un peligro más negro que este en que nos encontramos ahora. Pero esa es una larga historia, naturalmente, que está más allá de la felicidad y más allá de la tristeza... Y el Silmaril siguió su camino y llegó a Eärendil. ¡Cáspita, señor, nunca lo había pensado hasta ahora! Tenemos... ¡usted tiene un poco de la luz del Silmaril en ese cristal de estrella que le regaló la Dama! Cáspita, pensar... pensar que estamos todavía en la misma historia. ¿Las grandes historias no terminan nunca?

-No, nunca terminan como historias -dijo Frodo-. Pero los protagonistas llegan
a ellas y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará,
tarde... o quizá temprano.

-Y entonces podremos descansar y dormir un poco -dijo Sam. Soltó una risa
áspera-. A eso me refiero, nada más, señor Frodo. A descansar y dormir simple y
sencillamente, y a despertarse para el trabajo matutino en el jardín. Temo no
esperar otra cosa por el momento. Los planes grandes e importantes no son para
los de mi especie. Me pregunto sin embargo si algún día apareceremos en las
canciones y en las leyendas. Estamos envueltos en una, por supuesto; pero
quiero decir: si la pondrán en palabras para contarla junto al fuego, o para leerla
en un libraco con letras rojas y negras, muchos, muchos años después. Y la
gente dirá: -¡Oigamos la historia de Frodo y el Anillo!» Y dirán: «Sí, es una de mis
historias favoritas. Frodo era muy valiente ¿no es cierto, papá?» -Sí, hijo mío, el
más famoso de los hobbits, y no es poco decir.»

-Es decir demasiado -respondió Frodo, y se echó a reír, una risa larga y clara
que le nacía del corazón. Nunca desde que Sauron ocupara la Tierra Media se
había escuchado en aquellos parajes un sonido tan puro. Sam tuvo de pronto la
impresión de que todas las piedras escuchaban y que las rocas altas se inclinaban
hacia ellos. Pero Frodo no hizo caso; volvió a reírse-. Ah, Sam si supieras... -dijo-
, de algún modo oírte me hace sentir tan contento como si la historia ya estuviese
escrita. Pero te has olvidado de uno de los personajes principales: Samsagaz el
intrépido. «¡Quiero oír más cosas de Sam, papá! ¿Por qué no ponen más de las
cosas que decía en el cuento? Eso es lo que me gusta, me hace reír. Y sin Sam,
Frodo no habría llegado ni a la mitad del camino ¿verdad, papá?»

-Vamos, señor Frodo -dijo Sam- no se burle usted. Yo hablaba en serio.

-Yo también -dijo Frodo-, y sigo hablando en serio. Estamos yendo demasiado
de prisa. Tú y yo, Sam, nos encontramos todavía atascados en los peores
pasajes de la historia, y es demasiado probable que algunos digan, al llegar a este
punto: «Cierra el libro, papá, no tenernos ganas de seguir leyendo.»

-Quizá -dijo Sam-, pero no es eso lo que yo diría. Las cosas hechas y
terminadas y transformadas en grandes historias son diferentes. Si hasta Gollum
podría ser bueno en una historia, mejor que ahora a nuestro lado, al menos. Y a
él también le gustaba escucharlas en otros días, por lo que nos ha dicho. Me
gustaría saber si se considera el héroe o el villano...
»¡Gollum! -llamó-. ¿Te gustaría ser el héroe?... Bueno, ¿dónde se habrá
metido otra vez?" Las dos torres. J.R.R.Tolkien

jueves, 28 de julio de 2011

Gratitud



‎(«Para cantar a diario»): "Doy gracias a Dios, y me alegro como un niño con los regalos de Navidad. Agradezco que soy, ¡que soy! Y que te tengo, ¡bello rostro humano! ..." Mathias Claudius

martes, 14 de junio de 2011

Dame ojos milagrosos para ver mis ojos...


Dame ojos milagrosos: tan brillantes y eternos como las estrellas en la noche de Vincent Van Gogh...


Dame ojos milagrosos para ver mis ojos,
circulantes espejos vivos en mí
cristales tremendos, más increíbles
que todas las cosas que ven.

Gilbert Keith Chesterton


Recién entendí a qué se refería con esta poesía (Gilbert la escribió cuando era chiquitito)... ¿quién podría ser el objeto de petición, es decir, esos "ojos milagrosos para ver mis ojos", sino un amigo?
y un amigo más increíble "que todas las cosas que ven"...
Esa poesía la escribió en un tiempo muy oscuro, cuando era chico no tenía muchos amigos (Bentley, el mejor), además pasaban muchas cosas tristes por su cabeza, muchos"infiernos vacíos"... y cuando creció un poquito más, su amigo más querido -su hermano- murió en la guerra... fue tarde cuando Chesterton descubrió los ojos del Amigo, aunque siempre se buscasen los dos...
Y cuando los encontró, cuando encontró esos ojos, fue el hombre más feliz del mundo mundial, el más feliz (y no porque no se enojara, o porque dejasen de pasar cosas feas, no dejó de "perder" amigos) porque estaba cierto de esos ojos, esos ojos para ver sus ojos, esos ojos más increíbles que todas las cosas que ven. Esos ojos que ya jamás lo abandonarían...
Sólo a través de los ojos del amigo se desvelan los propios ojos... sólo a través de la relación con él se desvela el propio rostro... y ese Amigo es más maravilloso que todas las cosas que mis ojos ven, porque Él las hace...
Y nunca más le abandonó..."le traicionó mil veces, le malinterpretó mil veces, pero ya no le abandonó...pues ya era suyo"
¡Cielos!, quisiera tener un poquito el corazón de este hombre... un corazón fiel al "presente".



pd. Gracias a Gary, por recordármelo!

domingo, 5 de junio de 2011

Agradecimiento...


‎"Si un Dios se hubiese hecho hombre por mí, le amaría excluyendo a todos los demás; habría entre Él y yo algo así como un lazo de sangre, y no tendría vida suficiente para demostrarle mi agradecimiento" Barioná.

Yo no sé qué hacer con mi vida… ¿qué has hecho tú con la tuya?


«—¿Por qué ha decidido dedicarse a esta profesión?
—Es culpa de mi abuelo. [...] Cuando tenía diez años, mi abuelo me contó una historia... Ese día mi abuelo me explicó que nosotros somos distintos de los animales, que solo hacen lo que su naturaleza les dicta. En cambio, nosotros somos libres. Es el mayor don que hemos recibido. Gracias a la libertad podemos convertirnos en algo distinto de lo que somos. La libertad nos permite soñar y los sueños son la sangre de nuestra vida, aunque a veces cuestan algún azote y un largo viaje. «Jamás renuncies a tus sueños. Nunca tengas miedo de soñar, por mucho que los demás se rían de ti», eso me dijo mi abuelo, «pues si lo haces renunciarías a ser tú mismo». Aún recuerdo los ojos brillantes con que subrayó sus palabras.
—La historia es un puchero lleno de proyectos cumplidos por hombres que alcanzaron la grandeza porque se atrevieron a convertir su sueño en realidad, y la filosofía es el silencio en el que esos sueños nacen. Aunque a veces, lamentablemente, los sueños de esos hombres eran pesadillas, sobre todo para los que sufrieron las consecuencias. Cuando no nacen del silencio, los sueños se vuelven pesadillas. La historia, junto con la filosofía, el arte, la música, la literatura, es la mejor forma de descubrir quién es el hombre. Alejandro Magno, Augusto, Dante, Miguel Ángel... todos ellos hombres que arriesgaron su libertad en el mejor sentido posible y, cambiando ellos mismos, cambiaron la historia. Quizá en esta aula esté el próximo Dante o el próximo Miguel Ángel... Quizá podrías serlo tú.
Al profe le resplandecen los ojos mientras habla de las gestas de hombrecillos que se engrandecieron gracias a su sueño, a su libertad. La cosa me alucina, pero me alucina todavía más que yo esté escuchando a ese estúpido.
—Solo cuando el hombre tiene fe en lograr lo más difícil (eso es un sueño), la humanidad avanza esos pasos que la ayudan a creer en sí misma.» "Blanca como la nieve, roja como la sangre". Alessandro D`Avenia.

El Soñador, con su sola presencia, con su “afirmación” de la vida, hace a Leo ponerse ante el blanco… ante la vida… “¿a qué le tienes miedo, Leo?” A la vida, a lo desconocido y a lo conocido, a lo habitual… será esta la cuestión que Leo irá descubriendo, el blanco cada vez más irá tomando un color, un matiz, un lugar… sólo viendo a alguien grande comienza su vida también a ser grande… Con esta cuestión que no lo deja tranquilo, Leo se pregunta si hay alguien con quien se pueda hablar, alguien que lo escuche, alguien que acepte vivir una relación verdadera… en el fondo le inquieta saber si se puede vivir así… quiere ver que se puede vivir así…

sábado, 28 de mayo de 2011

Para los hombres vivos...



«"Para el futuro o para el pasado, para la época en que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios... Para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser deshecho: Desde esta época de uniformidad, de este tiempo de soledad, la Edad del Gran Hermano, la época del doblepensar... ¡muchas felicidades!» (1984, Orwel)

lunes, 11 de abril de 2011

El hombre que fue Jueves




Chesterton (1874-1936), integrante simpatiquísimo del Movimiento de Oxford, dedica esta novela a su gran amigo Bentley, ya que escribiendo revive viejas conversaciones, viejos temores, pero sobretodo la gratitud ante la verdad reconocida: “Un nublado se cernía sobre los pensamientos del hombre; eran tiempos lamentables como el clima. Sí, cuando estábamos juntos, de niños, teníamos una nube de tristeza en el alma… Esta es la historia de aquellos viejos miedos, e incluso de aquellos infiernos vacíos, Y nadie salvo tú podrá entender la verdad que cuenta, las dudas que nos asaltaban de noche, mientras hablábamos enardecidamente. Y en la calle amanecía de pronto Antes de hacerse la luz en la cabeza“. En efecto, en “El hombre que fue Jueves” nos invita a redescubrir la realidad, apostando todo por la experiencia. El autor afirma, a través de los pasos de Syme – uno de los personajes de la novela- que “las paradojas pueden despertar en los hombres la curiosidad por una verdad olvidada”. No quiere inventarse una novísima verdad de moda, sino descubrir la riqueza de lo cotidiano, de lo presente, mirar la tradición.
Son siete los misteriosos personajes de esta loca aventura, misteriosamente llamados como los días de la semana; hombres que a través de la historia tendrán que desvelar sus nombres, junto con desvelar también a aquel que se los dio. ¿Por qué han sido elegidos? ¿Quién es aquel que los ha elegido? ¿para qué? En principio sólo saben que ese hombre es un enigma y que por él sienten “una simpatía compatible con un deseo de combatirlo hasta la muerte”. Y saber de quién se trata es aquello a lo que nos invita Chesterton, pues para comprender se hace necesario entrar en el relato como un “día” más, es un camino personal, y paradojalmente, en compañía: “No, yo no estoy tan indignado. Yo te agradezco, no sólo el vino y la hospitalidad que me has dado, sino mis hermosas aventuras y radiosos combates. Pero te quisiera conocer. Mi alma y mi corazón se sienten tan dichosos y quietos como este dorado jardín, pero mi razón está llorando: yo quisiera conocer, yo quiero conocer...”
Movidos por el deseo de descubrir su misión dentro de esta aventura, los personajes descubrirán el valor de la compañía: Syme afirma que “Su mayor tormento en todas aquellas aventuras había sido el sentirse solo. Entre aquella soledad y su situación actual en compañía de un aliado, había un abismo. Digan en buena hora las matemáticas que cuatro es igual a dos por dos; pero no pretendan que dos es igual a dos por uno: dos es igual a uno multiplicado por dos mil.” Ese es el abismo entre la soledad y la compañía dominada por la búsqueda del ideal, pues es así como cada uno descubrirá su verdadero rostro.

Valeska Cabañas
Artículo publicado en Santiago estudiantes, noviembre (aunque con algunas modificacionea ahora)

martes, 22 de marzo de 2011

Un lugar a donde ir


‎"En aquel momento comprendí que lo importante ante la libertad no es tener un barco, sino un lugar a donde ir, un puerto, un sueño, que merezca toda aquella agua que hay que atravesar" Alessandro D´Avenia

lunes, 21 de marzo de 2011

¿Pero la vida es justa?



Línea editorial, terremoto en Japón • cope.es, 12-03-11

El terremoto que ha sacudido Japón este viernes es el mayor que ha golpeado el país desde que existen referencias históricas. Todavía no conocemos la magnitud de la catástrofe que iremos descubriendo en las próximas horas, pero sin duda estamos ante una grandísima tragedia en términos de vidas humanas. Una vez más se nos hace evidente la pequeñez del hombre ante la inmensidad de las fuerzas de la naturaleza, la inconsistencia de ese sueño de autosuficiencia de los contemporáneos. Y sin embargo lo más evidente es que somos como hierba en el campo, un día estamos y al siguiente no. Todo lo que se pueda hacer para evitar catástrofes como ésta es necesario hacerlo. Japón lo ha hecho a lo largo de los últimos años y ese esfuerzo ha servido para limitar los efectos. Pero es inevitable que ante las imágenes que nos llegan a través de la televisión nos preguntemos: ¿pero es justa la vida? Es una pregunta que no podemos acallar. Las vidas segadas interpelan la habitual distracción con la que vivimos nuestra existencia. Ante un acontecimiento de estas características se hace evidente que no sirve cualquier tipo de justicia. O hay una Justicia Infinita que salve a cada uno de los que han muerto y a sus familiares, o todo es absurdo. Las disquisiciones abstractas sobre si Dios ha muerto o no en las costas de Japón, son juegos de distracción. Cuentan dos cosas: saber que la muerte no es el final y la ayuda concreta a los damnificados.


jueves, 3 de marzo de 2011

Blanco como la nieve, rojo como la sangre




«Extraer la belleza allí donde se encuentre y regalársela a quien esté a mi lado. Por eso estoy en el mundo».
Empecé a leer "Blanca como la nieve y roja como la sangre", de Alessandro D´Avenia... no han pasado muchos años desde que estuve en el colegio (¡para nada!), sin embargo pienso que había olvidado un poco, los rostros, los momentos, los hechos... y entrando en la historia de Leo -el protagonista- es como si una nube de recuerdos lindos y otros más tristes, volviesen a mí... "todo es recurso"...
Pensando en estos recuerdos, y la aventura actual, quisiera retomar -y no olvidar- parte de una entrevista a Alessandro, ya que en estas respuestas pienso que esté contenida la trama de la novela suya, que seguro termino pronto de leer... allí está contenida parte de la historia Nuestra...

" Profesor, la apatía de los jóvenes se ha convertido, como diría Pietro Barcellona, en una auténtica enfermedad social. Todo el entorno (escuela, universidad, medios de comunicación) parece contribuir a reducir o adormecer el corazón de los jóvenes y sus preguntas más profundas. ¿Qué hay en la raíz de todo esto?
La apatía de los jóvenes es la apatía de los adultos. Decía Chesterton que “la evolución es lo que sucede cuando dormimos, y la revolución cuando estamos despiertos”. El hombre es un espíritu de carne y hueso, y al espíritu hoy todo le invita a dormir, a dejarse llevar por una dulce anestesia que se interrumpe periódicamente con dolorosos despertares, que se expresan en forma de insatisfacción, frustración, miedo, confusión. Los chavales no encuentran maestros capaces de despertar su espíritu. La crisis de los jóvenes es la crisis de la cultura en la que han crecido, una cultura dominada por el relativismo, que consiste en privar a la realidad de las diferencias y que genera indiferentes. El relativismo nutre la cabeza y el corazón de los jóvenes. El desafío es hacer de ellos “corazones pensantes”, reconciliando la verdad con la vida de cada día.

Como profesor, ¿cómo es su relación con los alumnos?
Aprendo de ellos y ellos de mí. Decía Confucio: “Si tuviera que recorrer el camino con otros dos hombres, al menos uno de ellos sería mi maestro”. La escuela es una relación vital de intercambio permanente. Si no aprendo, quiere decir que no estoy enseñando. Lo más importante para mí es la libertad. Enseñar es educar en la libertad. El mito de la libertad absoluta está cayendo por su propio peso. Hacer lo que quiero mientras no perjudique la libertad de los demás no basta. El secreto de la libertad consiste en el compromiso con algo o con alguien. Cuando mi profesor de literatura, Mario Franchina, me prestó un libro de su poeta preferido y me dijo: “Esto tú lo puedes entender”, estaba haciendo florecer la responsabilidad de la libertad. Me ayudaba así a descubrir una cualidad que yo tenía todavía latente y la animaba, poniendo en ella una confianza superior a lo que en aquel momento merecía. Aquel gesto me obligó, sin obligarme, a ponerme en juego. Al confiar en mí más de lo debido, hizo que mi libertad se implicara, y al mismo tiempo me comprendió y me empujó hacia adelante. La libertad es una palabra que viene del latín liberus, que quiere decir “hijo”. Si me relaciono con los alumnos como un padre, empezarán a ser libres, intento ponerme al servicio de lo más íntimo que tienen, para preservarlo, animarlo, les ayudo a llegar a ser ellos mismos en medio de la actual masacre de identidad."

historia Nuestra, porque has puesto una confianza en mí superior a la que merecía en aquel momento, y en cada momento... sí, también yo busco uno blanco como la nieve y rojo como la sangre...

sábado, 26 de febrero de 2011

Bajé contigo...


Memoria, Chiloé, 2008.


Los días de la libertad lanzan a descubrir con más certeza cuál es aquel afecto que sostiene la vida, la propia vida, toda la vida... no es que quede una nostalgia de los días de vacaciones, no existen treguas en el camino, y tú no eres una tregua ¡basta verte un segundo para saberlo!... sino que queda igual como una nostalgia de la presencia reconocida... un deseo de estar siempre cerca... siempre presentes... "todo está dispuesto si el corazón está dispuesto"... yo espero volver a encontrarnos, que no me escondas tu rostro.



Bajé, dándote el brazo, por lo menos un millón de escaleras,
y ahora que no estás, queda el vacío en cada escalon.
A pesar de eso, ha sido breve nuestro largo viaje.
El mío continúa todavía , y ya no me hacen falta
coincidencias, reservas,
subterfugios, esas humillaciones del que cree
que lo real es solo lo que se ve.
Un millón de escaleras bajé de tu brazo,
y no porque quizá con cuatro ojos se pueda ver mejor.
Bajé contigo porque sabía que de nosotros dos,
las únicas pupilas verdaderas, por muy nubladas que estuviesen,
eran las tuyas.
(Montale)


"¡Viva Cristo Rey!
Venegono, 20 de julio de 1945
Querido hermanito:
Hace mucho tiempo que quería escribirte. No me acuerdo cuánto: quise dejarte acabar los exámenes. Pero, ¡al menos escribirte!, que es el consuelo de los amigos que están lejos. Un consuelo… indefinido, porque se percibe cercano al amigo no sólo mientras le escribimos, sino que el corazón parece permanecer en contacto, con gozo y vigilante espera, también cuando la carta ha salido, durante días y días, quizá durante semanas enteras, porque, aun en medio de los quehaceres de la vida cotidiana, nuestro ánimo mantiene un margen, remoto pero vivo, de espera, de afectuosa expectación. “¿La habrá recibido hoy? ¿Mañana? ¿Me contestará? ¿Su respuesta estará ya de camino? Etc.” De tal manera que así vivimos cerca del amigo, con un interés más concreto de lo habitual. Porque desearíamos estar siempre cerca del amigo, pues todo lo que es bueno, bello y verdadero, es un símbolo de Él. ¡Oh ciertamente no existe un símbolo más directo y concreto que la amistad! Más aún, la amistad es más cierta y verdadera cuanto más es para nosotros un símbolo vivo de nuestro vínculo inconmensurable con Él. Y toda la actividad y la alegría, la felicidad, el trabajo, el ansia de nuestra vida, no tienen que ser más que el esfuerzo apasionado por comprender, por sentir, por querer cada vez más este vínculo personal con el Amor Infinito. Y nuestra melancolía es la de no poderle ver, sentir y tocar, como las cosas de aquí abajo; de tal manera que demasiadas veces los símbolos intentan prevalecer, y diluir en la niebla terrena la tensión al abrazo apasionado hacia Él. (...) . “Que Él sea hoy toda tu vida”. Tú, como amigo mío, ¿has deseado alguna vez para mí algo similar? Espero que los exámenes hayan ido bien. ¿Cómo va tu salud? El sábado por la tarde bajo a Milán, porque el domingo voy a la Parroquia de la Barona para la Santa Misa. Saluda de mi parte a tu hermano. Espero volver a verte en agosto, durante todo un mes. Pido al Señor Jesús que se haga percibir, para que conserve nuestros corazones colmados de alegría.
Cuídate mucho.
Tuyo don Luigi."

miércoles, 9 de febrero de 2011

Cuando se ha sido amada libremente...


La Libertad
Ch. Peguy • El misterio de los santos inocentes


Dice Dios (...)
Hay que amar a estas criaturas tal y como son.
Cuando se ama a un ser, se le ama como es.
Solo yo soy perfecto.
Quizás por eso mismo se lo que es la perfección
y pido menos perfección a estas pobres gentes.
Yo se lo difícil que es.
Y cuantas veces cuando sufren tanto en sus pruebas
tengo gana, estoy tentado de ponerles la mano bajo el vientre
para sostenerlos en mi ancha mano
como un padre que enseña a nadar a su hijo
en la corriente del rió
y que esta dividido entre dos sentimientos.
Pues por una parte si le sostiene siempre
y si le sostiene demasiado
el niño se confiará y nunca aprenderá a nadar.
Pero por otra, si no le sostiene en el momento justo
ese niño beberá un mal trago.
Así yo, cuando les enseño a nadar en sus pruebas
también estoy dividido entre esos dos sentimientos.
Pues si los sostengo siempre y si los sostengo demasiado
nunca sabrán nadar ellos solos.
Pero si no los sostengo en el momento justo
esos pobres hijos quizás beban un mal trago.
En eso esta la dificultad, que no es pequeña.
Y esa es la duplicidad incluso la doble cara del problema.
Por una parte es preciso que consigan la salvación por si solos.
Es la regla. Y esta es formal.
De otro modo no seria interesante. No serian hombres.
Además quiero que sean viriles,
que sean hombres y que ganen ellos mismos
sus espuelas de caballeros.
Por otra parte, no deben dar un mal trago
tras sumergirse en la ingratitud del pecado.
Tal es el misterio de la libertad del hombre dice Dios,
y de mi gobierno de el y de su libertad.
Si lo sostengo demasiado, ya no es libre
y si no lo sostengo lo suficiente, se cae.
Si lo sostengo demasiado, expongo su libertad,
si no lo sostengo lo suficiente, expongo su salvación:
Dos bienes desde cierto punto de vista casi igualmente preciosos.
Pues esa salvación tiene un precio infinito.
Pero que seria una salvación que no fuese libre.
Queremos que esa salvación la adquiera el mismo.
El mismo, el hombre. Que se la procure el mismo.
Que proceda en cierto sentido, de el mismo.
Tal es el secreto, tal es el misterio de la libertad del hombre.
Tal es el valor que le damos a la libertad del hombre.
Porque yo mismo soy libre, dice Dios,
y he creado al hombre a mi imagen y semejanza.
Tal es el misterio, tal es el secreto,
tal es el valor de toda libertad
la libertad de esta criatura
es el reflejo mas hermoso que hay en el mundo
de la libertad del creador.
Por eso la valoramos tanto,
y le damos un valor propio.
Una salvación que no fuese libre,
que no viniese de un hombre libre,
ya no supondría nada para nosotros.
Que seria eso. Que querría decir eso.
Que interés presentaría una salvación así.
Una beatitud de esclavos,
una salvación de esclavos, una beatitud sierva,
Porque queréis que me interese.
Acaso gusta ser amado por esclavos.
Si se trata únicamente de poner a prueba mi poder,
mi poder no necesita esos esclavos,
mi poder es suficiente conocido,
ya se sabe que soy el Todo-Poderoso.
Mi poder brilla lo suficiente en toda la materia
y en todo acontecimiento.
Mi poder reluce lo suficiente en las arenas del mar
y en las estrellas del cielo.
No se discute, es conocido,
resplandece lo suficiente en la creación inanimada.
Resplandece lo suficiente en el gobierno,
en el acontecimiento del mismo hombre.
Pero en mi creación animada, dice Dios,
he querido algo mejor, he querido mas.
Algo infinitamente mejor. Infinitamente mas.
Pues he querido esa libertad.
He creado esta libertad, incluso.
Hay muchas gradas en mi trono.
Cuando se ha tenido la experiencia de ser amado libremente,
las sumisiones ya no presentan ningún atractivo.
Cuando se ha tenido la experiencia de ser amado por hombres libres
la postración, las inclinaciones de los esclavos ya no significan nada.
Cuando se ha visto a San Luis de rodillas, ya no apetece ver
a esos esclavos de Oriente tendidos en el suelo
cuan largos son, boca abajo, en el suelo.
Ser amado libremente,
nada tiene ese peso, nada tiene ese valor.
Esa es, desde luego, mi mayor invención.
"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)