"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

jueves, 4 de agosto de 2011

Pensar que estamos todavía en la misma historia ¿Las grandes historias no terminan nunca?


"Yo no me fiaría demasiado -dijo Sam-, a menos que me estuviese muriendo
de sed. Hay una atmósfera maligna en este sitio. -Husmeó el aire.- Y un olor, me
parece. ¿No lo siente usted? Un olor muy raro, como a encierro. No me gusta.

-A mí no me gusta nada de aquí: piedra y viento, hueso y aliento. Tierra, agua,
aire, todo parece maldito. Pero es el camino que nos fue trazado.

-Sí, es verdad -dijo Sam-. Y de haber sabido más antes departir, no
estaríamos ahora aquí seguramente. Aunque me imagino que así ocurre a
menudo. Las hazañas de que hablan las antiguas leyendas y canciones, señor
Frodo: las aventuras, como yo las llamaba. Yo pensaba que los personajes
maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían
tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio la vida era un tanto aburrida: una
especie de juego, por así decir. Pero con las historias que importaban de veras, o
con esas que uno guarda en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los
protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi
siempre ya tenían los caminos trazados, como dice usted. Supongo que también
ellos, como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo
que no la aprovecharon. Quizá, pues, si la aprovecharan tampoco lo sabríamos,
porque nadie se acordaría de ellos. Porque sólo se habla de los que continuaron
hasta el fin... y no siempre terminan bien, observe usted; al menos no de ese
modo que la gente de la historia, y no la gente de fuera, llama terminar bien.
Usted sabe qué quiero decir, volver a casa, y encontrar todo en orden, aunque no
exactamente igual que antes... como el viejo señor Bilbo. Pero no son ésas las
historias que uno prefiere escuchar, ¡aunque sean las que uno prefiere vivir! Me
gustaría saber en qué clase de historia habremos caído.

-A mí también -dijo Frodo-. Pero no lo sé. Y así son las historias de la vida
real. Piensa en alguna de las que más te gustan. Tú puedes saber, o adivinar,
qué clase de historia es, si tendrá un final feliz o un final triste, pero los
protagonistas no saben absolutamente nada. Y tú no querrías que lo supieran.

-No, señor, claro que no. Beren, por ejemplo, nunca se imaginó que conseguiría el Silmaril de la Corona de Hierro en Thangorodrim, y sin embargo lo consiguió, y era un lugar peor y un peligro más negro que este en que nos encontramos ahora. Pero esa es una larga historia, naturalmente, que está más allá de la felicidad y más allá de la tristeza... Y el Silmaril siguió su camino y llegó a Eärendil. ¡Cáspita, señor, nunca lo había pensado hasta ahora! Tenemos... ¡usted tiene un poco de la luz del Silmaril en ese cristal de estrella que le regaló la Dama! Cáspita, pensar... pensar que estamos todavía en la misma historia. ¿Las grandes historias no terminan nunca?

-No, nunca terminan como historias -dijo Frodo-. Pero los protagonistas llegan
a ellas y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará,
tarde... o quizá temprano.

-Y entonces podremos descansar y dormir un poco -dijo Sam. Soltó una risa
áspera-. A eso me refiero, nada más, señor Frodo. A descansar y dormir simple y
sencillamente, y a despertarse para el trabajo matutino en el jardín. Temo no
esperar otra cosa por el momento. Los planes grandes e importantes no son para
los de mi especie. Me pregunto sin embargo si algún día apareceremos en las
canciones y en las leyendas. Estamos envueltos en una, por supuesto; pero
quiero decir: si la pondrán en palabras para contarla junto al fuego, o para leerla
en un libraco con letras rojas y negras, muchos, muchos años después. Y la
gente dirá: -¡Oigamos la historia de Frodo y el Anillo!» Y dirán: «Sí, es una de mis
historias favoritas. Frodo era muy valiente ¿no es cierto, papá?» -Sí, hijo mío, el
más famoso de los hobbits, y no es poco decir.»

-Es decir demasiado -respondió Frodo, y se echó a reír, una risa larga y clara
que le nacía del corazón. Nunca desde que Sauron ocupara la Tierra Media se
había escuchado en aquellos parajes un sonido tan puro. Sam tuvo de pronto la
impresión de que todas las piedras escuchaban y que las rocas altas se inclinaban
hacia ellos. Pero Frodo no hizo caso; volvió a reírse-. Ah, Sam si supieras... -dijo-
, de algún modo oírte me hace sentir tan contento como si la historia ya estuviese
escrita. Pero te has olvidado de uno de los personajes principales: Samsagaz el
intrépido. «¡Quiero oír más cosas de Sam, papá! ¿Por qué no ponen más de las
cosas que decía en el cuento? Eso es lo que me gusta, me hace reír. Y sin Sam,
Frodo no habría llegado ni a la mitad del camino ¿verdad, papá?»

-Vamos, señor Frodo -dijo Sam- no se burle usted. Yo hablaba en serio.

-Yo también -dijo Frodo-, y sigo hablando en serio. Estamos yendo demasiado
de prisa. Tú y yo, Sam, nos encontramos todavía atascados en los peores
pasajes de la historia, y es demasiado probable que algunos digan, al llegar a este
punto: «Cierra el libro, papá, no tenernos ganas de seguir leyendo.»

-Quizá -dijo Sam-, pero no es eso lo que yo diría. Las cosas hechas y
terminadas y transformadas en grandes historias son diferentes. Si hasta Gollum
podría ser bueno en una historia, mejor que ahora a nuestro lado, al menos. Y a
él también le gustaba escucharlas en otros días, por lo que nos ha dicho. Me
gustaría saber si se considera el héroe o el villano...
»¡Gollum! -llamó-. ¿Te gustaría ser el héroe?... Bueno, ¿dónde se habrá
metido otra vez?" Las dos torres. J.R.R.Tolkien

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"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)