"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Tu Belleza y tu Pobreza...


Natividad. Congdon. Un gran amigo...



"Si un Dios se hubiese hecho hombre por mì, le amarìa excluyendo a todos los demàs; habrìa entre èl y yo algo asì como un lazo de sangre, y no tendrìa vida suficiente para demostrarle mi agradecimiento".

Barionà.

viernes, 10 de diciembre de 2010

yo quiero conocerte

Ángelus. Millet

Syme: “No, yo no estoy tan indignado. Yo te agradezco, no sólo el vino y la hospitalidad que me has dado, sino mis hermosas aventuras y radiosos combates. Pero te quisiera conocer. Mi alma y mi corazón se sienten tan dichosos y quietos como este dorado jardín, pero mi razón está llorando: yo quisiera conocer, yo quiero conocer...” El hombre que fue Jueves. G.K.Chesterton

La razón ha de ponerse de rodillas, ha de pedir, ha de mendigar conocer a Aquel que tiene en frente...

domingo, 28 de noviembre de 2010

Hacia ti elevo mi voz...

Friedrich. Wanderer

A ti... porque nadie salvo tú podrá entender la verdad que cuenta...las dudas que nos asaltaban de noche... antes de hacerse la luz en la cabeza... otra vez...

“Un nublado se cernía sobre los pensamientos del hombre;
eran tiempos lamentables como el clima. Sí, cuando estábamos juntos, de niños, teníamos una nube de tristeza en el alma… Esta es la historia de aquellos viejos miedos, e incluso de aquellos infiernos vacíos, Y nadie salvo tú podrá entender la verdad que cuenta, las dudas que nos asaltaban de noche, mientras hablábamos enardecidamente. Y en la calle amanecía de pronto Antes de hacerse la luz en la cabeza"

"¡Oh, vieja sombra extraña entre nosotros! ¡Oh, misterio de la voz dulce!,
llegada la hora de las interrogaciones, hacia ti elevo mi voz.
Inestables y rotos caen los credos y las cosas viejas y ya no son.
Los templos tiemblan y crujen y murmuran no se sabe el qué.
Las distintas formas de adoración en las que veíamos lo divino
se dispersan y abandonan en medio de las cosas que han sido.
Una terrible sensación de cambio y despertar invade la tierra,
no sabemos en qué creer ni a qué conocimientos echar mano.
Por eso me vuelvo a ti, al infinito sin nombre,
madre de todos los credos que amanecen, moran y desaparecen,
voz en el corazón del hombre, imperativa, inmutable, oculta,
Llamada a la construcción de la fe de toda la humanidad por los
siglos de los siglos"
Gilbert K. Chesterton


“La adolescencia es una cosa compleja e incomprensible. Ni habiéndola pasado se entiende bien lo que es. Un hombre no puede comprender nunca del todo a un chico, aun habiendo sido niño. Crece, por encima de lo que fue el niño, una especie de protección que pica como pelo; una dureza, una indiferencia, una combinación extraña de energía dispersa y sin objeto, mezclada con cierta disposición a aceptar las convenciones.

Este párrafo contiene la paradoja de la niñez al estilo chestertoniano; es un misterio que sabemos que existe, pero que no sabemos explicar. El niño es el padre del hombre, paradójicamente es mayor que el hombre, su existencia es anterior y sus recuerdos más antiguos. El niño ha pasado toda la vida con el adulto, estaba con él incluso antes de que el adulto naciera. Y, sin embargo, el adulto ni conoce ni comprende al niño…

La inocencia de la infancia se hallaba amenazada en ese nuevo mundo en el que se encontró de pronto; por cada destello de luz había una sombra acechante; las contradicciones y las opiniones contrarias luchaban por la supremacía. No obstante, la formación de los años preescolares influiría decisivamente en su vida futura. Cada vez que el infortunio parecía vanagloriarse de su triunfo o cuando le invadía la oscuridad de la desesperación una ráfaga de luz infantil dispersaba las sombras. Años después, el hombre que salió victorioso tras haber ganado la batalla, tenía una deuda de gratitud con el niño.” Joseph Pearce. Sabiduría e inocencia.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿Dónde estás?



"La respuesta la encontré en un relato del Talmud, uno de los libros más importantes del pueblo judío. En un punto hay una gran discusión entre Rabinos respecto a un pasaje del “Bereshit” (תּיּבּרּשּ) que significa “En el principio”. Es como comienza el libro del Génesis. El pasaje lo voy a comentar de una manera muy rudimentaria y básica, no porque yo lo sepa más sofisticado, sino porque así lo he aprendido y así lo transmito. Después del lío que se armó con la manzana Dios por primera vez habla al hombre (hasta ese momento no lo había hecho), y lo primero que hace no es retarlo; le dice aieca (ﭏיּכּהּ), que significa “¿Dónde estás?” (Gen 3, 9). En ese momento Adán, desnudo, estaba escondido detrás de un arbusto. Es curioso porque nosotros pensamos que para Dios, que todo lo ha hecho y todo lo ve, no debía ser un secreto la ubicación de Adán. Y entonces por qué pregunta “¿Dónde estás?”. Durante muchos años los comentaristas se volvieron locos para entender y explicar por qué lo primero que Dios le dijo al hombre es “¿Dónde estas?”, y no “qué hiciste”. Después de un rato Adán, el hombre, salió de detrás del arbusto y se excusó de lo que había hecho diciendo que todo fue por culpa de la mujer que Dios le había mandado y la mujer culpa a la serpiente y la serpiente al huevo. La conclusión que se sacó luego de estudiar mucho el texto es que Dios le preguntaba a Adán y le sigue preguntando al hombre: ¿Adónde estás parado? En el mundo, en el mundo de cada uno, es como si después de cada acto de tu vida- más allá de qué acto hagas- tenés que responder a la pregunta “Adónde te parás”, o sea si salís a esconderte detrás de un arbusto o enfrentás las consecuencias de tus actos. Todos los días, independientemente de sus creencias, uno debería responder a esta pregunta. Lo que decía en ocasión del premio del Vaticano era que lo que escribo y lo que hago con mis películas de alguna manera es decir “donde estoy”. Le cuento a Dios y al hombre -que es su reflejo- dónde estoy parado. Así es como veo también al hombre; no juzgo sus actos, intento ver los personajes con piedad, ver qué hacen, si se esconden detrás del arbusto o no. Esta es un poco mi visión de la vida y así intento también construir los personajes de mis películas."
Daniel Burman

lunes, 8 de noviembre de 2010

Mi esperanza de vivir eres tú

De "eterno resplandor de una mente sin recuerdos"... aún podemos correr de la máquina que devora... basta un segundo para estar, otra vez, aquí.


"Mi aire se acaba
como el agua en el desierto
mi vida se acorta pues
no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir
eres tú, y no estoy
allí..." Mario Benedetti

Siempre (exagero el "siempre", pero siempre que recuerdo esta poesía) me ha llamado la atención ese "y no estoy allí"... percibe que el aire se le acaba, que la vida se le acorta, pues no Lo lleva dentro... reconoce que la esperanza de vivir es Él... pero termina: "y no estoy allí"... como si durmiese y esperase en su sueño de piedra...

A un amigo, que sigue siendo mi amigo, aunque no quiera estar allí, o aquí...
y a mí para recordarme estar más aquí.




"He jugado muchas veces con el hombre, dice Dios. Pero ¡Menudo juego!, es un juego que todavía me hace temblar. He jugado muchas veces con el hombre pero, Dios, era para salvarle y he temblado mucho de no poder salvarle.

Preguntándome si conseguiría salvarle.

He jugado muchas veces con el hombre, y sé que mi gracia es insidiosa, y sé cuánto y en qué manera ésta da vueltas y juega. Es más astuta que una mujer.

Pero juega con el hombre y le da vueltas y da la vuelta al suceso y es para salvar al hombre e impedirle que peque.

Yo juego frecuentemente con el hombre, dice Dios, pero es él el que quiere perder, el muy bobo, y si soy yo el que quiere que gane.

Y a veces consigo

Que gane.

Es el momento de decirlo, jugamos al ganapierde.

Al menos él, pues yo, si perdiese, perdería de verdad.

Pero él, cuando pierde, sólo entonces gana.

Juego singular, yo soy su pareja y su adversario

Y él quiere ganar contra mí, es decir, perder.

Y yo, su adversario, quiero hacerle ganar."

PEGUY. EL MISTERIO DE LOS SANTOS INOCENTES

Para que "ganemos".

jueves, 4 de noviembre de 2010

Ojos milagrosos para ver mis ojos: un amigo.

(El día que saqué esta foto debí haber entendido que era ésta la petición: porque ese día había recibido esos ojos milagrosos... para empezar a ver mis ojos...)


Dame ojos milagrosos para ver mis ojos,
circulantes espejos vivos en mí
cristales tremendos, más increíbles
que todas las cosas que ven.

Gilbert Keith Chesterton


Recién entendí a qué se refería con esta poesía (Gilbert la escribió cuando era chiquitito)... ¿quién podría ser el objeto de petición, es decir, esos "ojos milagrosos para ver mis ojos", sino un amigo?
y un amigo más increíble "que todas las cosas que ven"...
Esa poesía la escribió en un tiempo muy oscuro, cuando era chico no tenía muchos amigos (Bentley el mejor), además pasaban muchas cosas tristes por su cabeza, muchos"infiernos vacíos"... y cuando creció un poquito más, su amigo más querido -su hermano- murió en la guerra (justo después de convertirse)... fue tarde que descubrió los ojos del amigo, aunque siempre se buscasen los dos...
Y cuando los encontró, cuando encontró esos ojos, fue el hombre más feliz del mundo mundial, el más feliz (y no porque no se enojara, o porque dejasen de pasar cosas feas, no dejó de "perder" amigos)... estaba cierto de esos ojos, esos ojos para ver sus ojos, esos ojos más increíbles que todas las cosas que ven. Esos ojos que ya jamás lo abandonarían...
Sólo a través de los ojos del amigo se desvelan los propios ojos... sólo a través de la relación con él se desvela mi rostro... y ese Amigo es más maravilloso que todas las cosas que mis ojos ven, porque Él las hace.
Y nunca más le abandonó..."le traicionó mil veces, le malinterpretó mil veces, pero ya no le abandonó...pues ya era suyo"
¡Cielos!, quisiera tener un poquito el corazón de este hombre... un corazón fiel al "presente".

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El ciento por uno


"¿Quién hay capaz, Señor, de penetrar con su mente un sola de tus frases? Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Alégrate por lo que has alcanzado, sin entristecerte por lo que te queda por alcanzar. El sediento se alegra cuando bebe y no se entristece porque no puede agotar la fuente. la fuente ha de vencer tu sed, pero tu sed no ha de vencer la fuente, porque, si tu sed queda saciada sin que se agote la fuente, cuando vuelvas a tener sed podrás de nuevo beber de ella; en cambio, si al saciarse tu sed se secara también la fuente, tu victoria sería en perjurio tuyo. Da gracias por lo que has recibido y no te entristezcas por la abundancia sobrante. Lo que has recibido y conseguido es tu parte, lo que ha quedado es tu herencia. Lo que, por tu debilidad, no puedes recibir en un determinado momento lo podrás recibir en otra ocasión, si perseveras" (san Efrén)


martes, 26 de octubre de 2010

¡Con qué tierno asombro tendré que mirarte a partir de ahora!


Pinturas de Millet

Uno de los descubrimientos más significativos de este tiempo ha sido la lectura de este artículo sobre Hadjadj, el solo título fue la gran revelación, revelación para mirar lo acontecido, lo que acontece... hay que decir continuamente "otra vez" a Aquel que nos renueva esta mirada... a aquel que nos vuelve humanos. Dejarse abrazar por aquellos que nos acompañan y lanzan a cruzar las columnas de Hércules, para saludar al señor Victor Franchón, y al amigo querido sin sonrojar y decir "¡Con qué tierno asombro te miro a partir de ahora!"... "ahora que sé quién soy, y ahora que deseo saber quién eres"... con qué tierno asombro te lanzas a la aventura de conocer al otro... porque la tierra es camino del Cielo, y mirar al otro es ya la entrada al paraíso (qué hermosa Llave!).

La tierra, camino del cielo

Fabrizio Rossi

Aristóteles, Baudelaire y Chesterton. Su hija Ester y el vecino con chaleco y pajarita. El filósofo francés FABRICE HADJADJ «excava en la profundidad de cada cosa hasta llegar a Dios. No necesitamos irnos muy lejos para llegar al misterio infinito. El otro es siempre un abismo». Una experiencia concreta que puede hacer cualquiera que mire al otro con atención porque toda la realidad es un signo

Un consejo. Si estáis leyendo estas páginas en un sillón, en el tren o en el descanso de la comida en un Centro Comercial, salid al balcón, al patio, a un parque. Mejor aún, id al campo. Porque al plantear qué significa conocer verdaderamente la realidad, descubrimos que todo pasa, ¡mucho más de lo que podamos imaginar!, por una piedra, un lirio o una manzana… Palabra de Fabrice Hadjadj, francés de treinta y nueve años que ya se cuenta entre los más importantes pensadores católicos de Francia. Un intelectual poliédrico, autor de obras de filosofía y también de obras de teatro, que ha preferido una cátedra en un instituto de las afueras de Tolón a una brillante carrera universitaria. Un hombre que se halla en camino desde hace tiempo, nacido en una familia de judíos tunecinos, militante maoísta, que en el umbral de los treinta años pidió recibir el Bautismo. Pero que, desde su conversión, dice: «Mi camino no ha culminado. No ha hecho más que empezar». En el acto conclusivo del Meeting de Rimini de este verano, presentará el nuevo volumen que reúne los diálogos de don Giussani con los universitarios de CL, El yo renace en un encuentro. Allí tendrá seguramente mucho que contar. En Italia acaba de publicarse una obra suya que, ya desde el título, dice mucho: La tierra camino del cielo. Manual del aventurero de la existencia (Ed. Lindau). En esta obra, sin asustarse por capítulos como El estiércol que beneficia al espíritu, o El Padre en el piojo, el lector es conducido a «excavar en la profundidad de cada cosa hasta llegar a Dios». Y no se necesita una perspicacia especial para percibir la sintonía con el recorrido que Julián Carrón ha desarrollado en los Ejercicios de la Fraternidad de CL (cf. el Cuaderno adjunto a este número, o en www.revistahuellas.org), empezando por el signo.

¿Qué significa que la tierra es un camino que lleva a Dios?
Todas las cosas son signo, y remiten a algo que está más allá de ellas mismas. Incluso las raíces de una pequeña flor como el diente de león se hunden en el Misterio. Pero, atención: el título que he elegido no dice simplemente que la tierra sea un camino hacia el cielo, sino que es un camino del cielo. Porque el cielo ha plasmado todo lo que vemos: al crear la cosa más pequeña, Dios se construye una morada nueva. En cambio, si nos limitásemos a ver la tierra sólo como un camino hacia el cielo, nos equivocaríamos.

¿Por qué?
Sería como decir que la tierra, en el fondo, tiene un carácter accesorio. Que es algo opcional. Pero, ¿cómo es posible que veamos en una persona cercana sólo un instrumento para llegar a Dios? No podemos reducir las cosas a simples medios, porque cada cosa y cada persona ha sido querida tal como es. Cuando hablo de misterio, no me estoy refiriendo a nada espectacular. Como dice el poeta Yves Bonnefoy, la trascendencia es lo más ordinario que hay: piense en el rostro de un niño, en la belleza de una flor… Si no tenemos prejuicios, cada cosa nos remite al misterio.

¿Qué papel juega el signo en nuestro conocimiento de la realidad?
Es necesario partir de la experiencia: ¿dónde vemos que las cosas son un signo? Tomemos los tres casos más evidentes: la experiencia de la belleza, de la verdad y del bien. Creo que la primera es la que remite al Misterio más directamente, porque afecta a nuestro corazón. Lo percibió estupendamente Baudelaire, cuando describía la melancolía que suscitaba en él algo bello, que le recordaba un Paraíso del que se sentía exiliado.
La experiencia de la verdad está presente en todos nuestros intentos de conocer algo. Aunque sea una brizna de hierba, me remite al misterio del cosmos entero: ¿Cuál es su causa primera? Está además la experiencia del bien, que puede darse ante una sobreabundancia o ante una carencia.

¿En qué sentido?
Los cristianos hablan con frecuencia de la segunda, subrayando por ejemplo que nada aquí puede saciar nuestro deseo, hecho a imagen de Dios. Creo, sin embargo, que no debemos olvidar la sobreabundancia de las cosas: como nos recordaba don Giussani, estamos llamados a vivir el ciento por uno aquí en la tierra. Pienso en la alegría desbordante que experimento jugando con mis hijas. Es un gusto por las cosas distinto, por el que me veo obligado a preguntarme: ¿Por qué existe este bien, pensado precisamente para mí? ¿Dónde está el origen de esta generosidad? Partiendo de la belleza y de la bondad de las criaturas, puedo llegar hasta su fuente. En este sentido, podemos decir que todo ser es signo del Misterio. Y cuanto más voy hacia el cielo, más me reclama éste a su vez a la tierra.

¿A qué se refiere?
Para nosotros, el signo es con frecuencia una etapa a superar, como si llegados a un punto pudiésemos decir: «He encontrado a Dios, ya no necesito la tierra». En cambio, cuanto más me dirijo al Creador, más retorno a las criaturas: Él las ha querido, y, por tanto, yo no podría ser amigo del Creador sin serlo de sus criaturas. Es lo que sucede en la Ascensión: subir al cielo es, al mismo tiempo, descender hasta las cosas más pequeñas de la tierra. La Ascensión de Cristo no es una evasión, sino el camino para ser la plenitud de todo. Es magnífico, ¿no cree? Porque no se nos pide que nos separemos de las cosas terrenas, sino que lleguemos hasta su origen. Y este origen es el cielo.

¿Podríamos decir que Cristo nos muestra cuál es la verdadera forma de relacionarnos con la realidad?
Sí, pero el problema es que hemos reducido todo esto a una serie de reglas. Olvidamos que Él nos invita a una mirada, a contemplar. Como digo a menudo, podríamos reducir todos los mandamientos a dos. El primero, en los orígenes de la vida cristiana, está en la invitación de Cristo: «Mirad los lirios del campo». No dice simplemente que existan los lirios, sino: «¡Miradlos!». Y nos muestra que, al contemplarlos, somos introducidos en el misterio de la providencia. El segundo mandamiento, al final de la vida cristiana, consiste en estas palabras al siervo fiel: «Pasa al banquete de tu Señor». Porque no somos masoquistas: la cruz no es una finalidad, es para la gloria. Nosotros, los cristianos, no buscamos el dolor, sino la alegría. Dios, que vive en la alegría, ha querido comunicarla a todos los hombres. Por eso la ha hecho bajar hasta nuestra miseria, clavándola en la Cruz. Y, desde ese momento, la Cruz se ha convertido en camino hacia la alegría. Nada más lejos de la moral y de las prohibiciones: antes que cualquier cosa, existe un asombro, la admiración por las cosas.

En el Meeting del año pasado usted afirmó que esa experiencia está en la raíz de cualquier intento de conocer la realidad…
Es lo que decía Aristóteles: la maravilla es el origen de la filosofía. La palabra “estupor” se acerca mucho a “estúpido”. Es así: cuando me hallo en ese estado, puedo sentirme estúpido. De hecho, hace falta una cierta humildad para llenarse de asombro y maravilla. Pero, al mismo tiempo, es la más alta inteligencia, porque ahí mi razón se abre al misterio. Distintos filósofos como Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, o el mismo Martin Heidegger, han dado espacio a esta experiencia de asombro, mientras que muchos otros la han despreciado completamente.

Es el caso de Descartes, al que está dedicada la primera parte de su libro…
Según su «Cogito, ergo sum», la primera disposición del hombre sería la duda. Exactamente lo contrario del asombro. Esta interpretación ha marcado toda la modernidad. Pero, en realidad, Descartes está a caballo entre estas dos posiciones: en el tratado Las pasiones del alma, por ejemplo, escribe que el primer afecto del hombre es la admiración. Por tanto, considerándolo bien, incluso Descartes ha tenido que admitir que lo que permite incluso la duda acerca de la realidad es haberla admirado. Sin este paso previo, ni siquiera la duda sería posible. Piénsese, por ejemplo, en la angustia ante la muerte de la que habla Heidegger. Con frecuencia se le reduce a esto, pero para tener esa angustia es necesario haberse asombrado antes por la realidad: sin esta experiencia ante la vida, la privación de ella no tendría nada de angustioso.

¿Cómo es posible, entonces, que muchas veces estemos tentados de bloquear este recorrido, deteniéndonos en la superficie?
Hay algo que nos impide conocer verdaderamente el ser: es una reducción del mundo a su utilidad, a un material que podemos manipular. Cuando somos prisioneros de esta preocupación práctica, se desluce la realidad: abandonamos la contemplación por la praxis, por la acción. Entra en juego, además, una deformación ligada a nuestro orgullo: existe en nosotros una ingratitud que nos impide reconocer el misterio. Porque admitir la bondad fuera de nosotros mismos significa aceptar que no somos nosotros los jueces de las cosas: si hemos recibido la vida, no somos dueños de ella.

Sin embargo, desde un cierto punto de vista no podemos evitar las preocupaciones prácticas…
Es cierto, la praxis es necesaria: no vivimos del aire, el mundo mismo necesita de lo que hacemos. Pero no debemos olvidar dónde hunde sus raíces nuestra acción y cuál es su fin: la contemplación. En el Génesis, el Edén se describe así: «El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer». Primero viene la contemplación («hermosos de ver»), y por tanto la acción («buenos de comer»). Mientras que cuando la serpiente sugiere a la mujer que pruebe el fruto del árbol que se halla en medio del jardín, ella ve que era «bueno de comer y hermoso de ver». Se ha invertido el orden: con el pecado se parte de la acción, se pasa por una contemplación –reducida a una especie de espectáculo útil para una buena digestión– y se vuelve luego a la acción: se vive en el activismo. Y en el desorden, porque una acción se ordena únicamente si en su inicio considera la realidad y las exigencias del corazón. Quien actúa al margen de esto, como si fuese un dios y decidiese acerca del bien y del mal, puede tener las mejores intenciones, pero se convierte en un destructor. No le prestamos atención, pero ahí se encuentra el origen del desorden.

En la actualidad, ¿dónde se encuentra este peligro?
Piense, por ejemplo, en el miedo a la vida: no se acepta como un don, y se trata de transformarla a partir de una idea. Por eso, en vez de acoger a un niño, se fabrica un producto. Partiendo de un proyecto de perfección, reducimos el ser a sus funciones: más que “perfección”, se trata de una degradación del ser a su utilidad. Por el contrario, cuando acojo al otro que me es donado, acojo en verdad el misterio de la vida. La vida no en su realización práctica, sino en el disfrute de ella. De este modo, puedo participar de la forma de mirar las cosas que tiene el poeta.

En este sentido, son conmovedoras las descripciones que, en distintos puntos de libro, hace de su vecino, con su maletín de piel, chaleco y pajarita: «¡Ah, Victor Franchon! ¡Con qué tierno asombro tendré que mirarte a partir de ahora…! Dios está en todas partes, pero especialmente ahí, en lo profundo de tu alma».
Verdaderamente, no necesitamos irnos muy lejos para llegar hasta el Misterio infinito. El otro, aunque sea una persona cualquiera, una persona gris, es siempre un abismo. Chesterton decía que lo más asombroso no es que uno tenga una nariz así o asá, sino sobre todo que tenga una nariz. Aunque la expulsión del Paraíso haya cambiado nuestro corazón, oscureciendo la facultad contemplativa, yo hablo de una experiencia concreta que puede hacer cualquiera que mire al otro con atención.

Entonces, ¿qué añade el encuentro con Cristo a esta dinámica del conocimiento?
Atención: Cristo la exalta, pero no porque añada algo. Toda experiencia del misterio es experiencia de Cristo: al ser Dios, está en el origen de todo. No siempre tenemos conciencia de ello, pero no se trata de algo opcional. Por eso me encanta cuando don Giussani escribe que las enseñanzas de Cristo no son sino «el orden de la realidad»: no se trata de añadir nada. En todo caso, se trataría de llevar a cumplimiento lo que ya existía. Como san Pablo, que reveló en el Areópago lo que los atenienses adoraban sin conocerlo. Ésta es la misión a la que somos llamados, ante cualquier “señor Franchon” con el que nos topemos: anunciar a Aquel que le acompaña desde siempre.

De ti



Por ti escribiría miles de canciones (en un cuaderno o en el Cielo);

esas canciones de las que descubro un tono acertado y lindo mientras las escribo;

esas canciones que dicen de mí más de lo que yo podría adivinar...

esas canciones que me hacen parecer grande por lo que me inspiran decir...

son las canciones que llevan el ritmo tuyo, que siguen tus pasos, juglar.

y todo eso para ti.

Martes 26, Octubre, 2010

A ti.

Mientras no puedo escribir mi ensayo sobre Nietzsche ... quizá pueda decir algo de ti. De hecho, siempre es mejor decir algo de ti, aunque ahora no dijera nada...

domingo, 17 de octubre de 2010

Y ahora te devuelvo a Dios

"-Y no olvide... no olvide jamás... prometió convertirse en un hombre nuevo.

-lo prometo... ¿por qué está haciendo esto?

-Jean Valjean, hermano mío, ya no le perteneces al mal. Con esta plata he comprado tu alma. Te he rescatado del miedo y del odio. Y ahora te devuelvo a Dios." Los Miserables.

Qué conmoción volver a ver esta película (basada en el libro de Victor Hugo), me di cuenta, esta vez, de lo cerca que estamos de ser como ese policía que acecha a Jean Valjean, aun después de haber sido recibidos por la gran Misericordia....ya que a veces quienes no dejamos volver a nacer a los demás somos nosotros mismos con nuestros prejuicios, con el límite que anteponemos... la primera cosa no es la distracción del otro, ni su fragilidad, ni su error o -llamémosle por su nombre- su pecado, sino el hecho de que ha sido llamado junto a mí, así lo que importa es esta disposición mía; el amor que yo vivo, que si soy cierta es una sobreabundancia... ¿Dejo pasar a través de mí esta sobreabundancia? muchas veces somos nosotros mismos quienes no nos dejamos conmover por la gran Misericordia que hemos recibido... es como si nos pusiéramos una armadura, que nace de un querer protegerse, pero que mata, al mismo tiempo, cualquier posible novedad... mientras que conmigo veo cómo constantemente vuelven a apostar, aun después de que tantas veces han perdido mucho de la apuesta -hay una apuesta allí donde ni yo misma apostaría-... Dejarse traspasar por esta Misericordia, dejar que el otro nazca de nuevo...este es mi real volver a nacer...esto es "habitar en Su hermoso rostro". Y es posible por haber encontrado a un "obispo" que nos devuelve a Dios, constantemente... lo hace otra vez, como con Jean Valjean.

lunes, 11 de octubre de 2010

... Bendita Espera...


"La verdadera esperanza cristiana, como diré más adelante, no tiene nada que ver con la resignación pasiva. Es una virtud viril, valerosa. Se enfrenta con la realidad, con toda la realidad. Profesa que el hombre debe hacerlo todo como si estuviera solo en el mundo; pero profesa también que nuestros mejores esfuerzos no son nada, ´si Dios no guarda la ciudad´. Son necesarios centinelas sobre las murallas. Pero en vano montarán guardia, si Dios no protege la ciudad. En el seno de la esperanza hay dedicación activa de todo hombre que se sabe ´servidor útil´, responsable de talento que le ha sido confiado, pero hay también abandono de niño, de quien sabe también que es ´servidor inútil´. Esperar es aceptar que todo dependa de nosotros, y tener siempre presente que nada depende de nosotros, porque nada de lo que nosotros podríamos dar al mundo, aunque fuese el paraíso en la tierra, es la medida de los verdaderos deseos del hombre. El hombre no se pertenece; no se pertenece porque está hecho para Dios".
Charles Moeller, Literatura del siglo XX y cristianismo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Mejor amar el infinito


"Pienso que has debido ser recibida a tu llegada por una carta desalentadora. ¡ Qué quieres! , hay dias en que quiero ser joven, alegre, simple, idílico y otros en que siento la necesidad de dejarme invadir por la grandeza de lo trágico y de la soledad de todo lo que pasa. Cuando estoy poseído de unos sentimientos, condeno a los otros, e inversamente; pero en el fondo los dos tipos son ricos, los dos necesarios. Mientras que no estemos en la luz hemos de resignarnos a esta pobre sucesion y estos eternos comienzos de Viernes Santo y de Pascua. Y a los amigos no debemos ocultarles los dias del calvario, so pena de privarles de la mitad de nosotros mismos. Por esto te he descrito con tanta sencillez mi domingo." Mounier


lunes, 27 de septiembre de 2010

Vacaciones de invierno, CLU, 2010

En estos días, viendo y viviendo con mis amigos, viendo y viviendo las exigencias a las que la realidad parece "lanzarnos" a veces, recordaba a Santo Tomás de Aquino: "La vida del hombre consiste en el afecto que principalmente lo sostiene y en el cual encuentra su más grande satisfacción". ¿cuál es el afecto que nos sostiene? ¿Cómo explicar esa correspondencia, cada vez mayor, entre el Tú de Cristo y lo que a mí me sostiene... el lugar, y los rostros que me sostienen? ¿y esa correspondencia entre el Tú de Cristo y "yo"?

ERES.
 Café Tacuba

Eres lo que más quiero en este mundo, eso eres,
mi pensamiento más profundo, también eres,
tan sólo dime lo que hago, aquí me tienes.

Eres cuando despierto lo primero, eso eres,
lo que a mi vida le hace falta si no vienes,
lo único, preciosa, que mi mente habita hoy.

Qué más puedo decirte, tal vez puedo mentirte sin razón,
pero lo que hoy siento es que sin ti estoy muerto,
pues eres lo que más quiero en este mundo, eso eres.

Eres el tiempo que comparto, eso eres,
lo que la gente promete cuando se quiere
mi salvación, mi esperanza y mi fe.

Soy el que quererte quiere como nadie soy,
el que te llevaría el sustento día a día, día a día,
el que por ti daría la vida, ese soy.

Aquí estoy a tu lado y espero aquí sentado hasta el final.
No te has imaginado lo que por ti he esperado
pues eres lo que yo amo en este mundo, eso eres,
cada minuto en lo que pienso, eso eres,
lo que más cuido en este mundo, eso Eres.


aunque me parece más, a ratos, que sea la canción que cante Él...

jueves, 26 de agosto de 2010

Presente

Foto, vacaciones de invierno CLU, Punta de Tralca, 2010


"¿No te has preguntado por qué un instante, semejante a tantos otros del pasado, te vuelve repentinamente feliz, feliz como un dios? Tú mirabas el olivo, el olivo sobre el sendero que has recorrido cada día durante años; llega el día en que el fastidio te deja y tú acaricias el viejo tronco con la mirada, como si fuera un amigo reencontrado y te dijera justo la única palabra que tu corazón esperaba" Diálogos con Leuco, Pavese.





La promesa... el valor de la promesa es su cumplimiento mismo en el instante mismo en que esta es prometida... es la promesa que el Amigo pone en el corazón al tocar las cuerdas más profundas... es la promesa que reclama ser vista y tocada... desde ese instante todo cambia, desde entonces todo "es".

martes, 20 de julio de 2010

Tù no me abandones


CARTAS A THÈO


Te escribo un poco al azar lo que me viene a la pluma, me sentiría muy contento si de alguna manera tú pudieras ver en mí algo más que a un haragán. Porque hay haraganes y haraganes.
Un pájaro en la jaula, en la primavera, sabe muy bien que hay algo para lo cual serviría, siente fuertemente que hay algo que hacer, pero no lo puede hacer. ¿Qué es? No lo recuerda bien, después tiene ideas vagas y se dice: "Los otros hacen sus nidos y tienen sus hijos y crían la nidada"; después se golpea el cráneo contra los barrotes de la jaula. La jaula sigue allí y el pájaro vive loco de dolor.
Sin embargo, el prisionero vive y no muere, nada se muestra exteriormente de lo que ocurre interiormente, se lleva bien, está más o menos alegre al rayo del sol. Pero viene la temporada de la migración. Acceso de melancolía. "Pero", dicen los niños que lo cuidan en su jaula, "tiene todo lo que le hace falta". Pero él mira afuera el cielo henchido, cargado de tempestad y siente la rebelión contra la fatalidad dentro de sí.
Y los hombres se hallan a menudo en la imposibilidad de hacer nada, prisioneros en no sé qué jaula horrible, horrible, muy horrible.

No siempre sabremos decir qué es lo que nos encierra, lo que nos cerca, lo que parece enterrarnos, pero sentimos, sin embargo, no sé qué barras, qué rejas, qué paredes. ¿Todo esto es imaginario, fantasía? No lo creo; y después uno se pregunta: "Dios mío, ¿será por mucho tiempo?, ¿será para siempre?, ¿será para la eternidad?".

¿Tú sabes cómo puede desaparecer la prisión? A base de afecto profundo, serio. A base de ser amigos, ser hermanos, amar: así se abre la prisión como una fuerza soberana, como un encanto poderoso. Pero el que no tiene esto permanece en la muerte.


Wasmes, 15 de octubre de 1879


Querido Théo,

te escribo para decirte que estoy muy agradecido por tu visita.

Cuanto te volví a ver y me puse a caminar contigo, tuve una sensación que no sentía desde hace tiempo, como si la vida fuese algo bueno y precioso con lo que tener cuidado. Me sentí vivo y alegre como no me sentía desde hace mucho tiempo, dado que poco a poco la vida se volvió para mí menos importante, menos preciosa y casi indiferente. Por lo menos, así creía. Cuando uno vive con los demás y se siente unido a ellos por un afecto sincero, uno es consciente de tener una razón de vida y no se siente más del todo inútil y superficial: tenemos necesidad el uno del otro para cumplir el mismo camino como compañeros de viaje, pero la estima que tenemos de nosotros mismos depende mucho también de nuestras relaciones con el prójimo.


Vincent Van Gogh



Lo que hemos visto y oìdo...


domingo, 13 de junio de 2010

La libertad más querida:

Es cierto, el Presente es Sagrado... maldito el hombre que desperdicia el alba... y es todo un pueblo el que nos antecede, somos pequeños cargados en hombros de gigantes... sólo basta decir sí a la Aventura, una y otra vez...y otra vez... son estos Vínculos, que nos portan y nos hacen parte...los que nos llevan, los que nos hacen entrar en este Presente...
Es la libertad más querida: la de pertenecer.

A mis amigos:

Il popolo canta la sua liberazione
parole e musica di Claudio Chieffo

Il cantastorie ha cominciato a raccontare,
il tessitore ha cominciato a dipanare,
porta la calce, porta i mattoni il muratore,
cammina l’uomo quando sa bene dove andare…
Il popolo canta la sua liberazione, il popolo canta la sua liberazione
Il cantastorie ha cominciato a raccontare,
il tessitore ha cominciato a dipanare,
sento la vita che mi scoppia dentro al cuore
cammina l’uomo quando sa bene dove andare…
Il popolo canta la sua liberazione, il popolo canta la sua liberazione

domingo, 30 de mayo de 2010

MERITUM MEUM MISERATIO DOMINI


Lo primero que hago al ver esta pintura de Rembrandt es fijarme en las manos del Padre. Es que siempre que miramos esta imagen nos conmovemos por ese abrazo, precisamente por reconocerlo en la propia experiencia... todos somos hijos. Hemos recibido alguna vez este abrazo del padre.

Preparando esto, junto a una amiga más grande hace unas semanas, pensábamos (por la ropa del hijo, porque ¿qué nos dice? Ahora recién ve sus ropas gastadas, seguramente. “perdóname por ir con los zapatos sucios frente a ti”; por el abrazo del padre) en la historia de este momento... ¿qué hay antes de este abrazo, históricamente hablando? La espera del padre... nunca pensamos en su espera, y sin embargo es esta tensión la que suscita todo lo demás. Es una escena dramática: ¿Cómo habrá sido deseado el regreso del hijo por el padre? ¿cómo habrá sido antes esa despedida? ¿dónde estaba mirando el padre para amar así a su hijo, dejándolo libre, incluso de traicionarlo, de negarlo? ¿qué define al padre?

Porque un hijo que se va, que corta la relación es uno que niega al padre...pero no sólo al padre, sino su condición de hijo. El hijo no conoce el dolor de romper la relación, sino por el rostro de su padre, por ese rostro tenso... que ama libremente. "He tenido piedad de tu nada, he tenido piedad de tu odio hacia mí. me he conmovido porque tú me odias. como un padre y una madre que lloran de conmoción por el odio de su hijo. No lloran porque los hiera, lloran de conmoción, es decir, con un llanto totalmente determinado por el deseo del bien de su hijo, del destino de su hijo: que el hijo cambie, por su destino: que se salve. es una compasión, una piedad, una pasión" (“¿se puede vivir así?”. Don Gius). Esto lo reconoce el hijo no en el reproche del padre, sino en esa búsqueda conmovida de él. “Un padre es el que nunca deja de esperar”... es ilógico, es imposible que alguien ame tanto... ¿Hemos visto esto como para creerlo? Un padre que ama, que abraza para hacerme libre... ¿dónde mira el padre para amarme así, para mostrarme esa conveniencia? ¿de dónde viene la luz de esta escena?

No es el irse el problema, no es el traicionar como verbo el problema...es el irme de ti, el traicionarte a ti, rostro amado... padre amado. ¿dónde estás mirando Tú? Quiero mirar ahí también yo, amar como Tú amas.
Dar ese paso del querer al amar... y ¿qué es amar?

Lo sé bien... porque Tú me amas...yo te quiero... quiero amar. Nos une un hilo transparente, el más fuerte, y ese hilo nos une “para abrazar el mundo”... esa es la clave... Tuyo “para abrazar el mundo”... es una conmoción inevitable la de los que contemplaban ese abrazo... es como si se detuviese todo para mirar ese “espectáculo”... como si ese gesto quisiera iluminar todo lo demás, incluso los rostros de los que miran celosos... este abrazo es lo que constituye mi rostro.

sábado, 24 de abril de 2010

Es todo un Pueblo el que camina conmigo


Jean-Francois Millet. Ángelus.



"Cuando yo creía marchar solitario -oh contradicción cien veces ridícula!-, toda la cristiandad me estaba empujando por la espalda"
G.K.Chesterton







viernes, 23 de abril de 2010

¿"Viejo" o "joven"?

BALLATA DELL'UOMO VECCHIO
(L'UOMO VECCHIO)

Parole e musica di Claudio Chieffo

La tristezza che c'è in me, l'amore che non c'è hanno mille secoli il dolore che ti dò,
la fede che non ho hanno mille secoli.
Sono vecchio ormai, sono vecchio, sì questo Tu lo sai, ma resti qui.
lo vorrei vedere Dio, vorrei vedere Dio ma non è possibile:
ha la faccia che tu hai, il volto che tu hai e per me è terribile.
Sono vecchio ormai, sono vecchio, sì questo Tu lo sai, ma resti qui.
Ascoltami, rimani ancora qui ripeti ancora a me la Tua parola ripetimi quella parola che
un giorno hai detto a me e che mi liberò.
lo vorrei vedere Dio
La paura che c'è in me, l'amore che non c'è hanno mille secoli tutto il male che io so,
la fede che non ho hanno mille secoli.
Sono vecchio ormai, sono vecchio, sì ma se Tu vorrai mi salverai.
Ascoltami, rimani ancora qui ripeti ancora a me la Tua parola ripetimi quella parola che
un giorno hai detto a me e che mi liberò

jueves, 22 de abril de 2010

Wanderer










"...Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú, y no estoy allí..."
Mario Benedetti

domingo, 18 de abril de 2010

¿Dónde está el amigo que busco por doquiera?


¿Dónde está el amigo que busco por doquiera?
Cuando apunta el día mi inquietud
también aumenta,
cuando el día muere lo busco todavía.

Aunque el corazón me abraza
yo voy siguiendo sus huellas
en cualquier brote de vida,
el aroma de la flor,
la esbeltez de la espina,
en el suspiro que lanzo
y en el aire que respiro
está presente su amor
y oigo cantar su voz en el viento...

I. Bergman

jueves, 8 de abril de 2010

Sacrificio: un método.


“Había una vez, hace mucho tiempo, un monje que vivía en un monasterio ortodoxo. Su nombre era Pamve. Y una vez plantó un árbol seco en la ladera de una montaña igual a éste. Luego le dijo a su joven pupilo, un joven llamado Loann Kolov, que debería regar el árbol cada día hasta que éste reviviera. En fin, cada mañana temprano Loan llenaba un cubo con agua y salía. Subía la montaña y regaba el árbol seco y en la noche cuando oscurecía volvía al monasterio. Hizo esto durante tres años. Y un buen día, subió a la montaña y ¡vio que el árbol entero estaba cubierto de flores! Piensa lo que quieras, pero un método, un sistema, tiene sus virtudes. ¿sabes? A veces pienso, si cada día, exactamente a la misma hora, uno tuviera que realizar el mismo y único acto, como un ritual, sin cambiar, sistemáticamente, cada día a la misma hora, el mundo podría cambiar. Sí, algo cambiaría. Tendría que cambiar. Uno podría levantarse por la mañana, por ejemplo, levantarse exactamente a las siete, ir al baño, llenar un vaso de agua del grifo, y vaciarlo en el inodoro. ¡sólo eso!” Tarkovsky

domingo, 4 de abril de 2010

¡Qué lo haga otra vez! ¡qué lo haga otra vez!

Los primeros pasos. Van Gogh.
hay que "leerlo", porque lo hace otra vez.
G.K.C. tiene la Llave.



" El sol sale todas las mañanas. Yo, en cambio, no puedo decir que me levanto todas las mañanas; pero la variación no se debe tanto a mi actividad cuanto a mi inactividad. Y, para decirlo con sencillez, posible es que salga el sol todas las mañanas porque no se cansa de salir; de suerte que su rutina puede venirle, no de escasez de vida, sino de superabundancia vital. Esto puede observarse muy bien en los niños, cuando dan con algún juego que les entretiene. Un niño se pasa horas enteras saltando, y no por falta, sino por exceso de vida. Porque a los muchachos lo que les está sobrando es la vida; porque sus ánimos son libres y audaces, y por eso necesitan siempre repetir los mismos actos. Constantemente están gritando: "¡Que lo haga otra vez!" Y las personas mayores tienen que seguir insistiendo una y otra vez hasta que se mueren de cansancio. Porque las personas mayores no son bastante fuertes para regocijarse con la monotonía. Pero parece que Dios sí lo fuera. Tal vez Dios le vuelve a decir al sol todas las mañanas: "¡Que lo haga otra vez!"; y a la luna todas las noches: "¡Que lo haga otra vez!" Si todas las margaritas son semejantes, no hay por qué atribuirlo a una necesidad mecánica. Dios crea cada margarita separadamente, pero nunca se cansa de crearlas. Puede ser que Él tenga el apetito eterno de la infancia. Porque nosotros hemos pecado y envejecemos, pero nuestro Padre es más joven que nosotros"

"La prueba de la dicha es la gratitud, y yo me sentía agradecido sin saber a quién agradecer. Los niños sienten gratitud cuando San Nicolás colma sus mediecitas de juguetes y bombones. ¿Y no había yo de agradecer al Santo cuando pusiera en vez de dulces, un par de maravillosas piernas dentro de mis medias? Agradecemos los cigarrillos y pantuflas con que nos regalan el día de nuestro cumpleaños. ¿Y a nadie había yo de agradecer ese gran regalo de cumpleaños que es ya de por sí mi nacimiento?" ("Ortodoxia"-Chesterton)


Cristián Warnken
Jueves 25 de Diciembre de 2008
El juglar de Nuestra Señora

Se acaba la Navidad, y pienso en G. K. Chesterton. El escritor inglés asoma su rostro de viejo pascuero verdadero (tan distinto de nuestros pascueros sudados y cansados de estos días) y enciende, con sus ojos juguetones y profundos, el mundo que parecía gastado y feo. Sí, porque ¿no es la Navidad nacer de nuevo y cargar de poesía lo obvio, lo sencillo, lo que no ven nuestras miradas que envejecen? Chesterton engordó, acumuló achaques propios de la edad, pero lo último en envejecer en él fue su mirada. Un hombre tiene todo el deber y el derecho de envejecer, pero su verdadera conquista, su triunfo, no será la de derrotar el tiempo, fatua pretensión: eso déjenselo a los ridículos "lolosaurios" que hoy abundan por ahí, llenando los gimnasios y gastándoselo todo en hormonas. No: el verdadero éxito de un hombre es impedir a toda costa que la rutina y la costumbre se adhieran como piel gastada, como pátina gris a la vida, acumulando resentimiento y tedio sobre cada día regalado. El objetivo final de todo hombre y de todo viejo será que sus ojos brillen de asombro hasta el final, y que hasta la muerte se sorprenda de esa mirada con la que sale a recibirla el niño sabio e inocente que no da nada por hecho. Un hombre que ha jugado sin parar en la vida sabrá -con imaginación y alegría- sor-tear ese jaque mate grave que nos tiene reservada la muerte. Porque a la muerte no se le gana con pura teología, sino con juglaría. Chesterton hizo el milagro de hacer danzar el tomismo. ¡La pesada "Suma teológica" danzó! Y eso sólo pudo realizarlo un gigante con alma de niño. Los hay pocos, al lado de tanto tonto grave que despoja a la Verdad de su gracia, convirtiéndola en una vieja victoriana, enferma de tedio y sin sentido del humor. Y fea... ¡Pecado mortal!

Sayers diría de Chesterton: "Como si de una bomba benéfica se tratara, hizo saltar por los aires en la Iglesia un buen número de vidrieras de una época poco brillante, para dejar paso a una brisa fresca en que las hojas muertas de la doctrina danzaban con todo el vigor y la falta de decoro del juglar de Nuestra Señora". Chesterton dijo que se había hecho católico porque los católicos bebían vino.

Por eso salió airoso de la batalla que la mayoría de nosotros declaramos perdida antes de tiempo: la de no dejar de ser sorprendidos por la realidad. Eso explica por qué hasta sus opositores más enconados en materias teológicas y literarias salieron a llorar a las calles de Londres cuando Chesterton murió. ¿Cómo iba a estar muerto un hombre que vivía y amaba las paradojas de las vidas, y que las abrazaba danzando, con su panza gozosa y henchida de buen vino católico?

El célebre cuadro de Sir James Gunn, que se encuentra en la National Portrait Gallery de Londres, muestra a Chesterton junto a sus grandes amigos Maurie Baring e Hilarie Belloc. Católicos que fumaban, bebían vino, cultivaban las paradojas y hacían de la ortodoxia una fiesta y no una rutina grave. ¡Qué tiempos! Cuando los veo, los comparo con los escritores europeos de hoy, que perdieron toda inocencia y se curtieron de sofisticados cinismos; o con los católicos que tienen fe, pero se olvidaron de la belleza y la alegría. ¿No podrían resucitar los tres amigos para poner de nuevo el mundo patas arriba, o sea, en perfecto orden? Chesterton dijo que teníamos que pararnos de cabeza para ver el mundo por primera vez. ¿De qué nos sirve habernos erguido en algún momento de la evolución si no podemos volar? ¿O vinimos a la tierra a calentar el asiento? En vez de tanto management, de tanta autoyuda y talleres de realización individual y empresarial para tiempos de crisis, iniciemos cada día parándonos de cabeza y leamos a Chesterton. Y tomemos con él hasta embriagarnos todo el vino de la misa, sin dejar ninguna mezquina gota al fondo de este cáliz. Sólo entonces será Navidad de nuevo.

"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)