"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

domingo, 4 de abril de 2010

¡Qué lo haga otra vez! ¡qué lo haga otra vez!

Los primeros pasos. Van Gogh.
hay que "leerlo", porque lo hace otra vez.
G.K.C. tiene la Llave.



" El sol sale todas las mañanas. Yo, en cambio, no puedo decir que me levanto todas las mañanas; pero la variación no se debe tanto a mi actividad cuanto a mi inactividad. Y, para decirlo con sencillez, posible es que salga el sol todas las mañanas porque no se cansa de salir; de suerte que su rutina puede venirle, no de escasez de vida, sino de superabundancia vital. Esto puede observarse muy bien en los niños, cuando dan con algún juego que les entretiene. Un niño se pasa horas enteras saltando, y no por falta, sino por exceso de vida. Porque a los muchachos lo que les está sobrando es la vida; porque sus ánimos son libres y audaces, y por eso necesitan siempre repetir los mismos actos. Constantemente están gritando: "¡Que lo haga otra vez!" Y las personas mayores tienen que seguir insistiendo una y otra vez hasta que se mueren de cansancio. Porque las personas mayores no son bastante fuertes para regocijarse con la monotonía. Pero parece que Dios sí lo fuera. Tal vez Dios le vuelve a decir al sol todas las mañanas: "¡Que lo haga otra vez!"; y a la luna todas las noches: "¡Que lo haga otra vez!" Si todas las margaritas son semejantes, no hay por qué atribuirlo a una necesidad mecánica. Dios crea cada margarita separadamente, pero nunca se cansa de crearlas. Puede ser que Él tenga el apetito eterno de la infancia. Porque nosotros hemos pecado y envejecemos, pero nuestro Padre es más joven que nosotros"

"La prueba de la dicha es la gratitud, y yo me sentía agradecido sin saber a quién agradecer. Los niños sienten gratitud cuando San Nicolás colma sus mediecitas de juguetes y bombones. ¿Y no había yo de agradecer al Santo cuando pusiera en vez de dulces, un par de maravillosas piernas dentro de mis medias? Agradecemos los cigarrillos y pantuflas con que nos regalan el día de nuestro cumpleaños. ¿Y a nadie había yo de agradecer ese gran regalo de cumpleaños que es ya de por sí mi nacimiento?" ("Ortodoxia"-Chesterton)


Cristián Warnken
Jueves 25 de Diciembre de 2008
El juglar de Nuestra Señora

Se acaba la Navidad, y pienso en G. K. Chesterton. El escritor inglés asoma su rostro de viejo pascuero verdadero (tan distinto de nuestros pascueros sudados y cansados de estos días) y enciende, con sus ojos juguetones y profundos, el mundo que parecía gastado y feo. Sí, porque ¿no es la Navidad nacer de nuevo y cargar de poesía lo obvio, lo sencillo, lo que no ven nuestras miradas que envejecen? Chesterton engordó, acumuló achaques propios de la edad, pero lo último en envejecer en él fue su mirada. Un hombre tiene todo el deber y el derecho de envejecer, pero su verdadera conquista, su triunfo, no será la de derrotar el tiempo, fatua pretensión: eso déjenselo a los ridículos "lolosaurios" que hoy abundan por ahí, llenando los gimnasios y gastándoselo todo en hormonas. No: el verdadero éxito de un hombre es impedir a toda costa que la rutina y la costumbre se adhieran como piel gastada, como pátina gris a la vida, acumulando resentimiento y tedio sobre cada día regalado. El objetivo final de todo hombre y de todo viejo será que sus ojos brillen de asombro hasta el final, y que hasta la muerte se sorprenda de esa mirada con la que sale a recibirla el niño sabio e inocente que no da nada por hecho. Un hombre que ha jugado sin parar en la vida sabrá -con imaginación y alegría- sor-tear ese jaque mate grave que nos tiene reservada la muerte. Porque a la muerte no se le gana con pura teología, sino con juglaría. Chesterton hizo el milagro de hacer danzar el tomismo. ¡La pesada "Suma teológica" danzó! Y eso sólo pudo realizarlo un gigante con alma de niño. Los hay pocos, al lado de tanto tonto grave que despoja a la Verdad de su gracia, convirtiéndola en una vieja victoriana, enferma de tedio y sin sentido del humor. Y fea... ¡Pecado mortal!

Sayers diría de Chesterton: "Como si de una bomba benéfica se tratara, hizo saltar por los aires en la Iglesia un buen número de vidrieras de una época poco brillante, para dejar paso a una brisa fresca en que las hojas muertas de la doctrina danzaban con todo el vigor y la falta de decoro del juglar de Nuestra Señora". Chesterton dijo que se había hecho católico porque los católicos bebían vino.

Por eso salió airoso de la batalla que la mayoría de nosotros declaramos perdida antes de tiempo: la de no dejar de ser sorprendidos por la realidad. Eso explica por qué hasta sus opositores más enconados en materias teológicas y literarias salieron a llorar a las calles de Londres cuando Chesterton murió. ¿Cómo iba a estar muerto un hombre que vivía y amaba las paradojas de las vidas, y que las abrazaba danzando, con su panza gozosa y henchida de buen vino católico?

El célebre cuadro de Sir James Gunn, que se encuentra en la National Portrait Gallery de Londres, muestra a Chesterton junto a sus grandes amigos Maurie Baring e Hilarie Belloc. Católicos que fumaban, bebían vino, cultivaban las paradojas y hacían de la ortodoxia una fiesta y no una rutina grave. ¡Qué tiempos! Cuando los veo, los comparo con los escritores europeos de hoy, que perdieron toda inocencia y se curtieron de sofisticados cinismos; o con los católicos que tienen fe, pero se olvidaron de la belleza y la alegría. ¿No podrían resucitar los tres amigos para poner de nuevo el mundo patas arriba, o sea, en perfecto orden? Chesterton dijo que teníamos que pararnos de cabeza para ver el mundo por primera vez. ¿De qué nos sirve habernos erguido en algún momento de la evolución si no podemos volar? ¿O vinimos a la tierra a calentar el asiento? En vez de tanto management, de tanta autoyuda y talleres de realización individual y empresarial para tiempos de crisis, iniciemos cada día parándonos de cabeza y leamos a Chesterton. Y tomemos con él hasta embriagarnos todo el vino de la misa, sin dejar ninguna mezquina gota al fondo de este cáliz. Sólo entonces será Navidad de nuevo.

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"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)