"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

martes, 16 de junio de 2009

¿Y si me duermo, quién me dará la Luna?


por qué sigo? si busco la Luna, si busco el "imposible" por qué sigo?

¿será que el "imposible" existe? será que ya algo se ha entregado... "ya y no todavía"

sí, tu Pobreza y tu Belleza llenaron el otoño de regalos, por eso sigo... porque mi corazón está inquieto... no sólo por tu ausencia, sino porque: ¡Había la Luna!



Albert Camus. "Caligula". Acto I, escena IV.


Caligula, emperador romano, vuelve después de haber desaparecido por un largo periodo de tiempo. Y dialoga con un confidente suyo, Helicón.


Helicon: Buenos días, Cayo.
Caligula: Buenos días, Helicón.
Helicón: Pareces cansado.
Caligula: He caminado mucho.
Helicón: Si, tu ausencia se ha prolongado mucho.
Caligula: No era fácil encontrarlo..
Helicón: ¿El que?
Caligula: Lo que yo quería.
Helicón: ¿Y que es lo que querías?
Caligula: La luna.
Helicón: ¿Qué?
Caligula: Sí, quería la luna.
Helicón: ¡Ah! ¿Y para qué?
Caligula: Bueno, es una de la cosas que no tengo.
Helicón: Claro. Y ahora, ¿todo solucionado?
Caligula: No, no he podido conseguirla.
Helicón: ¡Que lastima!
Caligula: Si, por eso estoy tan cansado. ¡ Helicón!
Helicón: Dime, Cayo.
Caligula: Piensas que estoy loco, ¿no?
Helicón: De sobra sabes que yo no pienso nunca. Soy demasiado inteligente para pensar.
Caligula: Ya. Bueno. Pero yo no estoy loco, y aun más: nunca he sido tan razonable como ahora. Simplemente sentí en mi, de pronto, la necesidad de lo imposible. Las cosas, tal como son, no me parecen satisfactorias.
Helicón: Es una opinión bastante extendida.
Caligula: Es cierto. Pero antes no lo sabia. Ahora lo sé. El mundo, tal como esta hecho, no es soportable. Por eso necesito la luna, o la felicidad, o la inmortalidad, en definitiva, algo que quizás sea insensato, pero que no sea de este mundo.
Helicón: Es un razonamiento que se tiene en pie. Pero, en general, no es posible sostenerlo hasta el fondo [no puede llevarse hasta sus últimas consecuencias].
Caligula: Qué sabrás tú. Nunca se consigue nada precisamente porque nunca se va hasta el final. Pero quizás baste con permanecer siendo lógicos hasta el fondo. Y sé lo que estas pensando: cuantas complicaciones por la muerte de una mujer de la que estaba enamorado. Pero no, no es eso. Creo recordar, es cierto, que hace unos días murió una mujer a la que yo amaba. Pero, ¿qué es el amor? Poca cosa. Esta muerte no supone nada para mí, te lo juro; sól es una señal de una verdad, una verdad que me hace necesaria la luna. Es una verdad sumamente clara y sencilla, un poco estúpida para ti, cuesta descubrirla y tamvién sobrellevarla.
Helicón: Y, ¿cuál es esa verdad, mi emperador?
Caligula: ¡Que los hombres mueren y no son felices!
Helicón: Vamos, Cayo, es una verdad a la que podemos acomodarnos muy fácilmente. Mira a tu alrededor. Eso no impide a los hombres comer y bailar.
Caligula: Entonces es que todo lo que me rodea es pura mentira, estos hombres viven todos en la mentira, y yo quiero que se viva en la verdad; por que sé lo que les falta, Helicón. Están privados del conocimiento y carecen de un maestro que sepa de lo que habla.
Helicón: No te ofendas, Cayo, por lo que voy a decirte. Pero, ante todo, deberías reposar; estas cansado.
Caligula: No es posible Helicón, nunca más podé descansar.
Helicón: Y, ¿ por qué no?
Caligula: Si duermo, ¿quién me dará la luna?
Helicón: Eso es verdad.
Caligula: Escucha, Helicón, oigo pasos y rumor de voces [son los que conspiran contra él]. Guarda silencio y olvida que me has visto.
Helicón: Comprendo.
Caligula: Y te lo ruego; en adelante, ayúdame.
Helicón: No tengo motivos para no hacerlo, Cayo. Pero yo sé muchas cosas y hay pocas que me interesen. ¿En qué, pues, puedo ayudarte?
Caligula: En lo imposible.
Helicón: Haré lo que esté en mi mano [haré lo que pueda].

2 comentarios:

Marco dijo...

Helicón: Y, ¿cuál es esa verdad, mi emperador?
Caligula: ¡Que los hombres mueren y no son felices!
Helicón: Vamos, Cayo, es una verdad a la que podemos acomodarnos muy fácilmente. Mira a tu alrededor. Eso no impide a los hombres comer y bailar.
Caligula: Entonces es que todo lo que me rodea es pura mentira...



Wow....

Alejandro Wasiliew dijo...

Lo saqué de por ahí...

Un monarca que se encuentra muy enfermo llama a todos los sabios de su reino y les pide que resuman su saber en un solo libro. Pasan seis meses. Los sabios presentan al rey un grueso volumen y éste les dice:
-Mis días están contados. Nunca llegaré a leer tantas páginas. Resumid es este libro en solo un capítulo. Hacedlo rápidamente.
Al cabo de una semana regresan los sabios con diez páginas. El monarca ha empeorado. Balbucea:
-Decimado tarde: solo me queda energía para leer una página.
Los sabios se apresuran a resumir el capítulo. Cuando le entregan la página, el rey tiene ya dificultades para ver, y les dice:
-Decidme todo su saber en una frase.
Los sabios, tras unos instantes de profunda reflexión, le dicen:
-Se nace, se sufre, se muere.
El rey suspira con aflicción y murmura:
-Daría la mitad de mi tesoro a quien me dijera una frase más sabia que ésa.
Uno de los viejos monjes que desde niño han servido al rey dice:
-No se nace, no se muere.
El rey sonríe tristemente. Comprende la vacuidad del ego. Sin embargo, aun no está satisfecho. Gime:
-Daría todo mi tesoro a quien me dijera una frase aún más sabia que ésa.
El segundo monje, más anciano aún que su compañero, sonríe y le dice al oído:
-Se nace, se vive, se muere, ¡qué maravilla!
El rey comprende. Feliz, da su último suspiro.

Mis respetos.

"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)