"Scribere me aliquid et devotio iubet"

"Scribere me aliquid et devotio iubet" San Bernardo de Claraval

Ya no le temo al blanco...

"Noto mis palabras libres y a la vez con peso. El peso se lo dan los hechos por los que he pasado, aunque ya se han convertido en alas y plumas que la hacen volar, tan ligera como grave. Sólo ahora que tengo peso, sé volar" Alessandro D´Avenia.

sábado, 16 de febrero de 2013

La única cosa que cuenta, la única cosa que necesito


Tu potencia es más fuerte que nuestra debilidad




La lógica del mundo, la lógica de Dios

 Querido Papa

      Querido Papa, falta un acento a la última letra de este tu nombre, Papa, y haría que fuese otra palabra. La palabra que cada hijo pronuncia millones de veces en la vida y que un hijo de Dios tiene la fortuna de pronunciar muchas veces más porque, eventualmente, la vida cristiana es aprender a decir Abbá, papá, a Dios.
        A la noticia de tu renuncia he tenido miedo. He probado el mismo dolor que sentí por la muerte de Juan Pablo II: entonces tenía 28 años y me sentía huérfano, lloré como quien ha perdido un padre.
         El lunes me ha sucedido lo mismo. Me he sentido huérfano. Tú habías decidido no ser más Papa. Otro padre me venía en menos. Es el dolor de un hijo que ha recibido muchísimo. He seguido tu pontificado desde el momento en que te asomaste por primera vez desde el balcón ( entonces vivía en Roma). He leído tus escritos, me he nutrido de tus palabras siempre profundas y extrañamente simples para ser de un profesor de teología, porque están fundadas sobre una relación verdadera con Dios (cuán frías en las palabras de algunos pastores que se sucede escuchar…).
        En estos años en que la fe es a menudo puesta a prueba, burlada, incomprendida, tú has hecho de pararrayos a muchas críticas. Las has tomado todas sobre ti. No te importaba nada ser herido. Son felices aquellos que son heridos a causa de Cristo y quizá cuánta de la suciedad que hay en la Iglesia fue arrojada sobre ti por el hecho de ser aquel padre de familia que es el Papa. Tú siempre has demostrado y quizá con cuánto dolor, desde el discurso de Ratisbona a aquel sobre el matrimonio, que el único consentimiento que te interesa es aquel de tu Padre Dios, por lo tanto el de la verdad, del logos.
        Por esto he tenido miedo cuando has anunciado tu renuncia. En el momento me ha parecido un echarse atrás. Si te echas atrás también tú, que eres el Papa, qué vamos a hacer nosotros? he repensado una frase tuya que llevo en el corazón: “Fidelidad es el nombre que tiene el amor en el tiempo”. Me la recuerdo todas las veces que el mío y el amor de los otros es puesto a prueba y debo agarrarme con todas las fuerzas al Amor que mueve todos los otros amores, por encima que el sol y las otras estrellas. En estos años mi fe se ha reforzado gracias a aquel logos cortés, firme y cálido que tú sabes infundir a las palabras que usas, como (para hacer un ejemplo) este que he leído hace unos días: “Dios, con su verdad, se opone a la múltiple mentira del hombre, a su egoísmo y a su soberbia. Dios es amor. Pero el amor puede ser odiado, allí donde exige que se salga de sí mismo para ir más allá de sí mismo. El amor no es un sentido romántico de bienestar. Redención no es wellness, un baño en el autocomplacimiento, sino que es una liberación del ser comprimido en el propio yo. Esta liberación tiene como costo el sufrimiento de la Cruz”. Repensando tu frase, leyendo estas palabras, tu “dimisión” me parecía incomprensible y me ha tirado en la consternación.
          Me he sentido solo. Para qué sirve defender la propia fe entonces si también el Papa se tira atrás. Entonces poco a poco la emotividad ha dejado el espacio al logos precisamente, a la verdad, a Cristo, y una grande paz fue vuelta al corazón. Debía ir más allá del código de interpretación subjetivo, emotivo, mundano. Renunciar representa un fracaso para el mundo, es un gesto de debilidad para el mundo, en el cual se “es” sólo si se afirma uno a sí mismo, a cualquier costo. La lógica de la debilidad no es del mundo. del mundo es la lógica del poder y la del egoísmo. Por esto tu gesto es un gesto de libertad del yo y no de fuga de Dios, en el cual te quieres refugiar del todo para continuar sosteniendo la Iglesia más y mejor.
        Con este gesto haces triunfar una lógica diversa, un logos diverso. Aquel de quien sabe que su oración silenciosa vale tanto cuanto vale su acción, y entonces deja esta última a quien mejor que él pueda llevarla adelante. Tenía que sonar al mismo modo, fastidiosa e inexplicable, la frase de Cristo a los suyos: “es bueno que yo me vaya, para que venga a ustedes otro consolador”.
       También Cristo parece echarse atrás, pero así vence: deja el espacio a la potencia del Espíritu, no se deja atar ni siquiera por su condición humana, da todo, también aquella, se expropia de todo sí mismo, porque como tú has explicado en tu libro más bello “ser cristianos” es “ser para”. Él pone en las manos de los suyos la tarea de continuar su obra y afirma que harán también obras más grandes que las suyas. Te agradezco, querido Papa, por todo el logos que nos has donado y que nos donarás hasta el 28 de febrero, como Papa, pero también por el logos que nos donarás después, en el silencio que el mundo ya llama derrota, subterfugio, fuga, y que es, en vez, victoria. No me siento más solo, porque todavía una vez más me has ayudado a mirar a la única cosa que cuenta, la única cosa que necesito, el Logos mismo. Una sola cosa te pido. No des la dimisión a la escritura. Continúa a nutrir nuestra fe con tu logos. No hacerlo sería la dimisión a un talento y el Evangelio habla claro sobre esto…
 con afecto
 Alessandro D´Avenia.

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"Todo yo soy una pregunta a la que no sé dar respuesta"
(P. P. Pasolini)



"Él poseía una ingenuidad que le permitía mirar las cosas de nuevo, como si nadie las hubiese contemplado antes que él. Contemplaba al mundo con ojos nuevos, asombrados".
(L. Jonas)